- ¡Y ahora ante ustedes, Nova! - anuncia el DJ.
Al fondo está la tarima, donde Ivelís, vestida de vaquero, seduce al público que rodea el redondel, al ritmo de una sensual danza egipcia. Se desplaza de hombre en hombre, revela un muslo con una tirita donde le ponen su propina, entonces pasa al próximo.
Luego de terminar el círculo, se posisiona en el centro de la tarima, torciendo su cuerpo como culebra y lentamente deja caer el chaleco al suelo, luego la falda. Se desabotona la camisa lentamente hasta abrírsela de un tirón con sus senos al aire. Un vez más las decenas de machos que rodean la tarima se estremecen, caen de pie gritando y porreándola como si fuera un concierto. Félix camina por el salón observando que hasta los hombres que no están en la tarima ignoran totalmente a las mujeres que tienen cerca. Todos están alborotados por la carismática doncella que baila en la tarima.
Al terminar su rutina, Félix va al camerino donde Ivelís se retoca el maquillaje frente al espejo. Él se le acerca por mirándola a los ojos a través del espejo y le muestra un outfit cubierto por una bolsa plástica.
- Pruébate esto para tu próxima ronda. Es un disfraz de belly dancer.
Y así lo hace. Ella sale al escenario vestida de belly dancer y cautiva a toda la audiencia. Félix se queda perplejo. Es otra mujer. Libre de toda timidez ella sacude su cuerpo con un ritmo coqueto que hace sonar las campanas, pero sincronizado a tal forma que vuelve locos a los hombres. Y entonces comienza a quitarse las campanitas y las tira una a una al aire. Los machos brincan unos encima de los otros y se pelean para cachar aunque sea una. Todo esto mientras la bailarina sigue ondulando su cuerpo agarrada del tubo, quitándose lo que le queda de ropa y tirándolos al aire.
Un rato después, Félix vuelve a entrar al camerino y le dice: - Zahíra. Ese será tu nombre a partir de hoy.
- ¿Zahíra? - le dice ella a la chica del espejo. - ¡Me gusta!
Ella vuelve a salir al escenario como una bailarina de los siete velos y cuando se quita el primero revelando un seno todo el club vibra ante los delirios de los hombres. Billetes llueven sobre la tarima. Los velos flotan por el aire. Zahíra está desnuda. Ella se agarra del tubo y roza su cuerpo con movimientos sugestivos que insitan a los caballeros que le pitan excitados. Ella se trepa por el tubo como si fuera un gusano, se suelta del tubo, agarrada unicamente por sus piernas y echa el cuerpo hacia atrás con los brazos extendidos, como si estuviera flotando en el aire y lentamente su cuerpo comienza a girar alrededor del tubo, desendiendo en vueltas y vueltas hasta llegar al suelo.
Al otro día, Ivelís entra a la habitación 309 cerca del medio día, vestida en su habitual camisa y pantalón corto, pero con ojeras que evidencian que la que no está durmiendo mucho es ella. El doctor está examinando a Tata, mientras Mario observa con una mezcla de preocupación y plegaria.
- ¡Suena bien! - comenta el médico escuchando la respiración de la vieja con el estetoscopio. Entonces saca unas radiografías y las levanta contra la luz. - Se ve bien. Creo que la podremos dar de alta... en dos días.
A Ivelís no le agrada mucho escuchar esa noticia, pero no dice nada. Tata se alegra de verla. - ¡Ivi! - La joven va a los brazos de la vieja y se regocija al verla mejor de lo que estaba, incluso antes del desplome.
Entonces el médico interrumpe tímidamente hablándole a Ivelís.
- Eh disculpe. - cuando ella lo mira, él le señala el pasillo.
Tata no está al tanto quien está pagando la hospitalización y pregunta.
- ¿Qué pasa?
Mario intercede: - ¡Tu hija que se empeña en venir en esas fachas al hospital!
Ivelís sigue al doctor hasta el pasillo y allí le pregunta luchando para mantener los ojos abiertos.
- ¿Dos días más?
- Así es. Si todo sigue como va, pasado mañana le daremos de alta.
- ¡Gloria a Dios! - exclama ella cabizbaja y restregándose los parpados con los dedos.
- Estuve revisando el estado de la cuenta y a pesar de los abonos que ha realizado está por debajo del 50%.
Ella lo mira lo más directamente que puede respirando hondo.
- ¿Y eso qué quiere decir? ¿Qué pasa si estoy por debajo de la mitad?
- Que no puedo autorizar la continuación de la hospitalización mientras esté por debajo de la mitad.
- ¿Cómo? ¡Pero si estoy pagando todos los días! - el sueño y las emociones le impiden medir sus palabras y pensar lo que está diciendo, - ¡Estoy trabajando como cuera todas las noches para que mi vieja se cure... y eso no es suficiente!
El doctor mira para ambos lados del pasillo. Por suerte solo dos enfermeras cruzaban y aunque escucharon mantienen discreción. Él agarra a Ivelís y la lleva a un cuarto cerrando la puerta. Allí ella se sienta en una banqueta.
- Yo le prometo que voy a pagar esa cuenta al centavo. Pero necesito tiempo.
- Si por mi fuera, pero son las reglas del hospital. Necesita $200 para cubrir el 50%. Si la cuenta no los refleja antes de las cinco, no podré autorizar otro día.
- ¿Y no podemos seguir el tratamiento en la casa?
- Todavía no. En dos días sí. Pero todavía ella no está para salir de aquí. Podría tener una recaída y entonces sería peor.
Entonces ella levanta la mirada desamparada.
- ¿Qué se supone que haga? ¿Cuál es la alternativa correcta?
El la mira con cierta profundidad en sus gestos.
- La alternativa que se me ocurre, es una que no puedo sugerir.
Ella tarda varios segundos, pero deduce a qué alternativa se refiere. Baja la mirada, pensativa. Cierra los ojos. Respira hondo. Un segundo después le brinca encima, quitándose la camisa de un tirón, lo abraza y se le encarama en la cintura, besándolo con un chorro de pasión corriendo por todos su cuerpo, tan intenso que lo sorprende y él se cae contra una camilla. Pero ella le chupa el aire por la boca, le besa los cachetes, el cuello, le abre la camisa y le succiona la piel del pecho, mientras con las manos le desabrocha la correa y le baja el pantalón. Y ahí, en la camilla, ella se acomoda sobre el estupefacto galeno, y se mueve con él adentro, encorvando su cuerpo como serpiente, sintiendo la pasión hervir y transmitirse de él a ella. Entonces cae rendida encima de él y se queda ahí reposando por unos minutos hasta que el bíper del doctor suena y los retorna a la realidad.
Ella se levanta, él se cierra la camisa y se sube el pantalón, con el pulso tembloroso.
Ella se pone la camisa. - Espero que esto cubra más de la mitad.
Él le dice que sí con la cabeza, todavía no puede hablar, fatigado por la intensidad del quickie que acaba de tener. Él se arregla el pelo, la bata y todo en general y sale al pasillo. Ella se queda en el cuarto en silencio. Se está mirando en el espejo pensativa.
Esa noche, Zahíra vuelve locos a los machos de Club Sensaciones y luego de su turno en la tarima, se esmera en dar lapdance durante toda la noche. Al final de la noche, cuando Félix va al camerino la encuentra contando un montón de dinero, mas ella no se ve tan satisfecha.
- Cualquiera estaría celebrando con tantos verdes en las manos.
- ¡No es suficiente! - exclama ella casi llorando.
Él se le sienta al lado. - Si quieres hacer más dinero te puedo poner a hacer fiestas privadas. Harás el doble o más de lo que haces ahora... en la mitad de las horas.
Ella lo mira con evidente desespero pero a la misma vez curiosidad. - Apúntame.
Al otro día, en el Penthouse de un lujoso hotel, Zahíra sale del interior de un bizcocho, desnuda bailando sensualmente para el deleite de ocho hombres que le pitan excitados. Va de cliente en cliente, baila un minuto frente a sus ojos, restregándole los senos en la cara.
La mañana siguiente, Ivelís llega al hospital a las dos de la tarde, en camisa con tres botones abiertos que le deja el escote al descubierto y maones largos, despeinada y con el peso del sueño pesándole más que nunca. Ella va directo a la recepción y pone en la mesa un bloque de billetes verdes envueltos en una gomita. El cajero cuenta el dinero y le dice.
- Tiene un balance de $375.
A Ivelís por poco se le cae la cara, - ¿Cómo? ¡No! ¡Error! Eso cubre el total completo.
- A mi no me pregunte. El sistema dice que le faltan $375.
- ¿Me da una copia de la cuenta?
Unos minutos después ella intercepta al doctor en otro pasillo y no le importa que esté con otro paciente. Le pone la copia de la cuenta que le dieron en la cara y le dice.
- ¿Qué es esto?
El doctor le dice al paciente: - Discúlpeme. Vuelvo enseguida.
Y se aleja con Ivelís, llevándola a un punto más privado del pasillo. Entonces lee la factura: - ¡Pues es la factura de la hospitalización!
- Ahí hay un chorro de cosas que no estaban antes y que usted no me dijo que iban a estar. Yo traje el dinero para pagar toda la cuenta y ahí hay cosas de más.
- Impuestos, comidas, cuarto privado... don Mario durmió, comió y se bañó aquí todos los días...
Ella lo mira incrédula, pues sabe exactamente lo que está pasando y por qué aparecieron esos cargos ahí. - ¡Usted no tiene escrúpulos!
Él abre la puerta de un cuarto que está vacío. Ella respira hondo, baja los hombros y entra. Él entra detrás y cierra la puerta.
Esa noche, una limosina transita por la calle central de una marina con muelles y yates a ambos lados. Adentro, un negro musculoso forrao de prendas de oro se come el cuello de Zahíra a besos.
- ¿A dónde vamos? - pregunta ella.
- A mi yate.
- ¿Pensé que íbamos a cenar?
- Yo estoy comiendo de lo más bien.
Entonces ella lo separa, mirándolo seria.
- ¡Espérate! ¡Era cenar y dar una vuelta!
- ¡Pero tu sabes de verdad lo que quiero! Por qué perder el tiempo en esas boberías.
- Te costará extra.- dice ella con toda la intención de desalentarlo.
- Conmigo el dinero no es un problema. ¿Cuánto quieres? ¿$300, $400?
A ella le impresiona lo que este tipo está dispuesto a pagar por sexo. Y dice un número que para ella es ricículamente alto convencida de que él dirá que no.
- ¡Mil! Ese es mi...
- ¡Ok!
Y vuelve a sembrar su cabeza en su cuello. Ella mira hacia afuera verdaderamente impresionada ante el tamaño del yate junto al cual la limosina se detiene. Él la lleva al camarote del yate.
Allí la bella joven de piel blanca y pelo negro cae en la cama con el prieto musculoso encima agarrándole los brazos con fuerza. Él la besa en el cuello, bruscamente y baja a los senos. Le chupa uno primero y el otro después, con rudeza. Como si fuera un león comiéndose su presa. Con una mano le agarra el seno que no está chupando. Ella aprovecha que tiene una muñeca liberada para agarrarse de su cuello.
Usa toda su fuerza para quitárselo de encima y quedar sobre él. Pero no tiene chance de respirar pues él la abraza y vuelve a girar, otra vez sobre ella, sosteniéndole las manos con fuerza mientras la besa y lame en la barriga y llega a la crica, mientras le aprieta los senos con las manos. Él sube y se acuesta completamente sobre ella, besándola en la boca, abrazándola y penetrando. Ella gime y ondula su cuerpo al ritmo de los movimientos de Mike.
- ¿Así eres con todas las mujeres?
- ¡Por eso me dicen Mike Tyson! ¡Las mujeres nunca saben lo que quieren! ¡Ay que domarlas y enseñarles lo que nos gusta! ¡Ellas gritan y lloran, pero les gusta!
Él se sigue moviendo con toda su rudeza. Ella lo abraza y le encarama las piernas por encima de las caderas. Lo besa. Aprieta sus brazos y piernas con toda su fuerza hasta que él se queja.
- ¡Ay, afloja, que me duele!
Pero ella sigue apretando y lo besa manteniéndolo enchufado. Luego de varios segundos, él comienza a desesperarse y trata de zafarse sin lograrlo. Entonces entra en pánico y usa su fuerza bruta sin lograr aflojarla. Dan vueltas por la cama. Él la golpea en los lados y la espalda. Ella resiste aferrada a él, apretando, exprimiéndolo. Llegan al borde de la cama y caen al suelo, pero ella no lo suelta. Él comienza a debilitarse. Trata de levantarse, pero no puede. Le hala los pelos para que le despegue la boca y tampoco. Entonces deja de moverse. Ella no lo suelta. Se mantiene pegada y exprimiéndolo hasta que siente que su corazón deja de latir por completo. Entonces lo suelta, se pone de pie y lo mira seria.
- Gritaste y lloraste. ¿Te gustó?
El party está ensendido en Club Sensaciones. Pero en el camerino hay silencio y tensión. La puerta está cerrada. Zahíra y Félix están solos. Las manos cubren el rostro de la joven.
- ¡Lo maté! ¡Soy una criminal!
Él está recostado de una pared.
- ¡Vamos no es para tanto! ¡Fue un accidente!
- No. ¡No fue un accidente! ¡Quería matarlo! ¡Me dio placer su terror, y sentir cómo le arrancaba la vida! ¡Y no es la primera vez! Hace unos meses maté a otro tipo a puños.
- ¿Por qué?
Ella le cuenta.
miércoles, 7 de octubre de 2009
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