Una van blanca dobla en la esquina de una calle del casco del pueblo de Niap y el encapuchado que va en el asiento del pasajero señala a una muchacha que camina por la acera vestida de uniforme de escuela superior.
- ¡Mira, mira! ¡Esa está perfecta!
El chofer acelera hasta alcanzarla. La puerta lateral se abre y tres encapuchados saltan, la agarran por sorpresa, la cargan y la meten al vehículo, montándose todos otra vez. El conductor acelera y la van dobla en otra esquina mientras abordo la chica grita, muerde, pataletea, y se sacude desesperadamente, pero todo la están agarrando entre tres y no puede escapar.
Ella no sabía a donde la llevaban. Cuando el vehículo se detuvo y las puertas traseras se abrieron estaban dentro de un edificio viejo y abandonado, que parecía el peor de los infiernos pues habían decenas de chicas jóvenes como ella todas desnudas amarradas a mesas siendo violadas por hombres encapuchados. Los gritos y llantos de las muchachas hacían ecos desquisiantes en todo el almacén. Eran un montón. Más de los que podía contar.
A ella la arrastran hasta una mesa donde la acostaron boca arriba y le amarraron las manos y pies a las cuatro esquinas. La joven gritaba desesperada. Los nudo eran tan fuertes que sentía como machacaban los huesos de las muñecas y los tobillos. Le cortaron y arrancaron toda la ropa. Le quitaron hasta los zapatos y las medias. Estaba desnuda. Amarrada e indefensa. Cuatro hombres encapuchados se pararon alrededor de la mesa y comenzaron a manosearle el cuerpo. Las tetas. La barriga. La cara. Ella estaba histérica y por más que gritaba nadie venía a socorrerla. Y por la poca importancia que ellos le daban a sus gritos, era obvio que el edificio estaba lejos de todo.
Mientras unos le manoseaban el cuerpo, otros le chuparon las tetas, y le besaron el cuello. Y casi se vuelve loca cuando sintió una lengua en la crica. Entonces uno se le acostó encima, desvirginizándola. Gritó. Lloró. Suplicó. Todo en vano. El cabrón se movió dentro de ella hasta tener su orgazmo. Reposó sobre el cuerpo y se levantó. Luego vino el segundo a violarla. El tercero se lo metió también. El cuarto estuvo dentro de ella una eternidad. El quinto gozó luego. Y vino otro, y otro, y otro.
Mientras uno la violaba, los demás celebraban con pases de droga, bebiendo y bailando. La camioneta se fue y regresó varias veces, pero ella siempre tuvo a uno encima. Cada vez que la camioneta regresaba, otra chica a la que amarraban a otra mesa, desnudaban y violaban.
Perdió noción del tiempo. Aquella pesadilla parecía que nunca iba a terminar. Por más que trataba de ignorar lo que estaba pasando, de dormirse, o de imaginarse otra cosa, era imposible dejar de sufrir cada penetración. Ellos siguieron abusando de ella día y noche hasta que la deshidratación y desnutrición levantaron bandera y la chica comenzó a combulcionar. Su azuloso color de piel hacía evidente que la muerte se acercaba.
Los violadores la montaron en la camioneta, condujeron media hora y la arrojaron en un enorme zafacón industrial detrás de algún edificio de la zonametropólitana. Al medio día vino un camión de la basura que lo levantó con sus tenazas y arrojó todo su contenido en su parte de atrás. A las cinco de la tarde, el truck termina su día vaciando todos los desperdicios que recogió durante el día en el vertedero. En todo el proceso nadie se fijó en el cuerpo femenino que quedó parcialmente enterrado por la basura.
No fue hasta el otro día a eso de las nueve de la mañana que un pobre que se dedica a buscar tesoros se percató de que en el cielo tres auras volaban en círculo sobre esa montaña de basura. Entonces se fija que otras dos aves descienden del otro lado. Él le da la vuelta a los desperdicios y se asusta al ver el cuerpo desnudo de la joven siendo el desayuno de tres aves de rapiña y otras sabandijas.
- ¡Hey, hay una tipa aquí! - gritó. Él espanta las aves y las sabandijas y carga a la joven hasta un área más despejada donde le chequea el pulso. Una docena de busca tesoros como él y tres empleados se acercan corriendo.
Él les dice: - ¡Está un poquito viva!
Uno de los empleados ofrece su camioneta para montarla y llevarla al hospital. Allí la dejan en manos de los médicos y se van sin dar detalles.
Ella despierta de repente, con un fuerte respirón y ataque de pánico cuando un médico escuchaba sus latidos con el estetoscopio, mientras con la otra mano le revisaba el pulso en el cuello.
- ¡Nooo, no me toquen!
Ella patea al doctor y se levanta de un salto enredándose con los sueros y cables, y aún bajo los efectos de sedantes, caer rebentá al piso. Entonces Tata, una doña de 60 años que luce bastante avejentada, le coge las manos.
- ¡Ivelís, ya está bien! ¡Todo pasó!
Los ojos de la joven van de la vieja al doctor que se está levantando adolorido con la ayuda de Mario y una enfermera.
- ¡Tremenda fierita! - exclama el doctor.
La enfermera y el médico la ayudan a desenredarse, a levantarse y a acostarse otra vez en la cama.
- Estuviste desaparecida cuatro días.
- ¿Cómo llegué aquí?
- Unos basureros te encontraron moribunda en el vertedero y te trajeron enseguida. ¡Tienes suerte! Un poco más tarde y no te hubieramos podido resucitar. Nos tomó casi 48 horas estabilizarte.
- ¡No me siento con suerte!
Dos policías entran al cuarto. Ella sonríe al verlos. Tata está sentada junto a ella.
- Disculpen. Sabemos que están pasando por un momento difícil--
Ivelís va a decir: - Sss---
Pero Tata pica alfrente: - ¡Ay, no tiene idea de la angustia que mi esposo y yo hemos sentido todos estos días!
Los policías le dicen a la vieja.
- Necesitamos tomarle la declaración a su hija para poder iniciar la investigación y poner tras las rejas a los violadores.
La joven abre la boca para comenzar a contarles todo, pero los policías en ningún momento la miran. Tata acapara su atención diciendo.
- ¡No se molesten bendito! ¡No hace falta que investiguen!
La joven abre bien los ojos espantada por lo que está escuchando y abre la boca para protestar.
- ¡Pe---!
- ¡Son cosas que pasan! ¡Travesuras de jóvenes! ¿Para qué revolcar el avispero? ¡Esas cosas es mejor enterrarlas y olvidarlas!
Los policías se ven sorprendidos y mueven su vista hacia la joven quien está loca por hablar.
- ¿No van a radicar cargos?
- ¡Sí---! - dice Ivelís.
- ¿Cargos de qué? - interrumpe Tata. - Si de verdad no pasó nada. ¡Todo fue un susto!
Los ojos saltarines de la joven van de su mamá adoptiva a los policías. Respira con dificultad. Sin más remedio los policías se despidieron y se fueron. Tata los acompaña hasta la puerta y cierra. Entonces regresa donde la joven, quien le recrimina explotando en llantos.
- ¡¿Por qué?!
- ¡Lo siento! Si metemos a la Policía en esto va a ser peor. ¿Tu no quieres que esos bandidos nos maten por tu culpa verdad?
- Pe---
- ¡Sé cómo te sientes! ¡Quieres venganza! ¡Justicia! La vida es así. Injusticias. Todo ese coraje que tienes por dentro pronto pasará. ¡Vas a ver que pronto todo esto será un recuerdo bien chistoso!
Ivelís no lo podía creer. Los cabrones que abusaron de ella por una semana iban a salir impunes. ¡Eso hizo que la joven se sintiera más sola que nunca! Ella estaba tan machacada y adolorida que no podía pensar. Lloraba y se quería morir. Soñaba todas las noches con las caras de esos desgraciados. Sentía sus manos en su cuerpo y sus bichos dentro de sus entrañas.
Varios días después, la dan de alta, pero aunque sus heridas físicas sanaron, la agonía interna tarda mucho más en disiparse.
- ¡Suéltenme! - Tiene pesadillas todas las noches, de las que despierta agitada y sudando frío.
Una mañana, ella entra a la cocina donde Tata está fregando.
- Buenos días, mija. ¿Cómo dormiste?
- Mal. - Ivelís se sienta en la mesa cabizbaja.
Sus ojos ven la portada de un periódico doblado y acomodado detrás de un florero, como si no quisieran que ella lo viera. Pero lo ve de todos modos y lo coge y lee el titular de la portada. “Chica secuestrada y violada”.
- ¡Oh Dios mío!
Ella pasa las páginas. Tata se voltea y al ver lo que tiene en la mano salta para quitárselo.
- ¡No! ¡Tu no puedes ver eso!
Pero la joven se aferra al periódico.
- ¡Mija, dame acá! ¡Te vas a poner peor!
La joven se levanta de la mesa, corre fuera de la cocina y se encierra en su cuarto con pestillo. En la cama abre el periódico viendo un despliegue de fotos de la víctima y lee un párrafo en letras más grandes “Carmen, una bella joven de 17 años, fue secuestrada en el parking del colmado Cascaritas, llevada a un edificio no identificado donde fue violada por una docena de hombres durante tres días”.
Ivelís cierra los ojos y llora. - ¡Lo siento!
Esa noche, la joven sufre otra pesadilla.
Está otra vez dentro del antiguo almacén.
Una chica grita esgalillá.
- ¡¡¡¡¡Auxilio!!!!!!
Está amarrada a la mesa desnuda. Ocho encapuchados están alrededor de ella manoseándole el cuerpo, besándola, lamiéndola y chupándole todo. Ivelís está parada cerca de la mesa, mirando. La chica gira la cabeza hacia ella y le grita.
- ¡Es tu culpa! ¡Es tu culpa!
Ivelís, llorando, voltea la mirada y ve diez muchachas tiradas en el piso, desnudas y moribundas.
- ¡Lo siento!
Entonces un brazo cálido y varonil le toca el hombro derecho. Ella gira la cabeza y estalla de alegría.
- ¡Papi! - y lo abraza llorando.
- ¡Hija!
- ¡Oh Dios, papi, no puedo vivir! ¡Sácame de este infierno!
Papi le da apoyo.
- ¡Calma! ¡No llores!
Entonces la mira a los ojos y le dice.
- ¡Lo que te pasó es horrible! Es algo que solamente tú puedes comprender.
- ¡Sí! ¡Nadie me entiende! Dicen que todo va a estar bien. Que no piense en eso. ¡Pero no puedo! ¡No puedo olvidarlo!
- ¡Claro que no! Una experiencia como esa jamás se olvida. Te va a acompañar para siempre.
- ¿Y entonces cómo voy a vivir?
- Tienes dos opciones. Llorar para siempre. Dejar que se salgan con la suya violando todas las mujeres que les de la gana y destruyendo miles de vidas inocentes, victoriosos, triunfadores, porque saben que nadie se va a atrever a detenerlos.
Ella mira hacia la mesa donde la chica es violada brutalmente por los ocho títeres.
- ¡No!
- ¡Entonces deja de llorar! ¡Con tanto ñeñeñé no resuelves nada! ¡Levántate y no dejes que se salgan con la suya! ¡Lucha hija mía, y sé tú la que gane!
Ivelís abre los ojos en paz. No tiene palpitaciones, ni sudor, ni traumas de un mal sueño. Ella mira una foto, en la mesita al lado de la cama, de ella cuando era niña junto a sus verdaderos padres.
Renovada y revitalizada, vestida con una camisilla blanca, pantalones cortos a medio muzlo, tennis, y el pelo recogido como cola de caballo, ella trota por la calle con un ritmo fluido que va en sintonía con su respiración.
Trota por la acera, donde tres muchachos altos y corpulentos que estaban sacando cajas de una tienda y montándolas en una van blanca, la ven. Nota sorpresa en sus rostros. Como si estuvieran viendo un fantasma. Ella mantiene la calma y el ritmo. Sigue trotando como si no importara.
Ella sonríe y sigue su camino sin mirar hacia atrás. Los tres deciden correr detrás de ella, quien los ve por el rabo del ojo derecho. La carrera dura tres calles hasta que ve otros dos tipos venir corriendo por el frente. Ella dobla a la derecha entrando a un callejón solitario. Y corre hasta el final encontrándose con un muro. Se voltea viéndose acorralada.
- ¡Por favor, no me hagan daño!
Cuando hacen amague de agarrarla, ella suelta un crujido de fiera tirando una patada contra el pecho de uno quien cae de fondillo rebentao. Los cuatro que están de pie se ven sorprendidos, y hasta intimidados. Especialmente al ver el dolor de pecho y la dificultad de respirar que refleja el que ella tumbó.
Los otros cuatro la atacan, pero en ningún momento le ponen un dedo encima. Ella se escurre como lombriz. A uno le planta un codazo que le esbarata la quijada. Al segundo le disloca una rodilla con una patada. Al tercero le rompe el brazo con un puño.
Y al cuarto lo golpea, lo patea, una, otra y otra vez, hasta tenerlo contra la pared, y lo sigue agrediendo con gusto, con placer, hasta que sus ojos estan desorbitados y sus brazos caídos. Entonces le planta un taconazo en el centro del pecho paralizando su corazón en el acto.
Tres comerciantes vienen corriendo armados con bates y tubos con la intención de defender a la chica, pero frenan impresionados al ver a los cinco hombres derrotados y a la indefensa joven triunfadora.
Ella se asusta al verlos venir. Se mira las manos bañadas en sangre y sale corriendo temblorosa, pasándoles por el lado a los comerciantes quienes le dejan todo el espacio del mundo para que escape.
miércoles, 7 de octubre de 2009
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