Ivelís termina de contarle a Félix, quien reacciona impresionado.
- ¿Esa fuiste tu?
- ¡Ujum!
Él se le acerca y le levanta la cara con una mano.
- ¿Tu crees que hiciste algo malo?
- ¡He matado a dos hombres! ¡Sin ningún cargo de consciencia! ¡Voy a ir al infierno! ¡Me van a meter presa!
Él la mira con más profundidad.
- ¿Tu sientes que hiciste algo malo?
Ella lo mira a los ojos y mueve la cabeza para los lados y entonces explota histérica.
- ¡Lo que siento no tiene sentido! ¡Me siento caliente! ¡Excitada! ¡Emocionada! ¡Libre! ¡Lo mismo sentí la primera vez!
- ¡Esos son tus instintos! Tu alma. ¿No te das cuenta? ¡Estás descubriendo quién eres de verdad! Eso que haces en la tarima, la forma como hipnotizas a los hombres, el fuego que sientes ahora por dentro, todo eso nace de ti. ¡Es tu naturaleza! Cuando un hombre te desea y quiere aprovecharse de ti, tu eres la que tiene el poder sobre él. Él no está pensando. Es un animal poseído por sus instintos. Puedes hacer con él lo que te de la gana. Aprende a usar esa ventaja. Tu cuerpo es tu mejor arma.
- ¡Pero va en contra de Dios; de la leyes! ¡Soy una criminal!
- La ley es un pedazo de papel creada por los ricos para controlar a los pobres que nada tiene que ver con justicia social ni derechos humanos. ¡Para mí eres una heroína!
Ella lo mira más confundida que nunca.
- ¡Solo piensa en todas las mujeres que no han sido secuestradas y violadas gracias a ti! ¡Piensa en todas las vidas que no serán arruinadas a partir de hoy!
Un pequeño brillo nace en la mirada de Zahíra. Él se sienta a su lado.
- ¿Tu crees en el destino?
- ¡La maldición será! ¡Mi vida ha sido una maldición tras otra!
- Yo creo que todos venimos a este mundo con un propósito. ¡Tu naciste para esto! Y ahora más que nunca estoy convencido de que el destino nos juntó por una razón. ¡Nos podemos ayudar mútuamente!
Ella lo mira intrigada.
- ¿Cómo?
- Hay muchas vidas inocentes que puedes salvar, incluyendo la mía, y las de este club. Puede que yo no corra un negocio totalmente legítimo, pero es un negocio limpio, honesto e inofensivo que brinda un servicio a la sociedad. Por eso es que las autoridades no nos molestan y los jueces se la pasan aquí todo el tiempo. Él se levanta y camina hasta la pared. Pero hay mucha gente mala allá afuera. Gente que no el importa a quien destruyan por dinero. Esa es la gente que secuestra niñas, que mata gente inocente, que envicia a los jóvenes en las drogas. Los que forman tiroteos en las calles. Yo sé quiénes son y cómo llegar a ellos.
- ¡Entonces denuncielos a la policía!
- En este mundo la única ley es la vida.
- ¡Pues ve y mátalos!
- ¡No pasaría de los guardaespaldas! Es casi imposible llegar a ellos. Pero todos tienen el mismo punto débil. ¡Mujeres y sexo! Una mujer podría lograr lo que ningún gatillero; penetrar las defensas del mafioso, llevarlo a un cuarto privado, matarlo en el climax de la pasión, y escapar sin que sus guardaespaldas se den cuenta. Ella se levanta histérica.
- ¡¿Quieres que yo los mate?! ¡Yo no soy tu asesina!
- ¡No es asesinato, es justicia!
Ella se recuesta de la pared cabizbaja.
- ¡No puedo hacerlo!
- ¡Si me ayudas en esto, yo te puedo ayudar a salir del barrio y comenzar a vivir como gente descente!
Ella lo mira de nuevo con brillo en los ojos.
Tata es dada de alta.
Ivelís la lleva en una silla de ruedas hasta la calle donde Mario las espera frente al carro. Los sigue el doctor luciendo contento.
- ¡Muchas gracias doctor! - dice la vieja. - Ha sido muy amable y atento.
- No tiene nada que agradecer. Me alegra mucho haberla ayudado. Pero ahora es responsabilidad de su familia continuar el tratamiento en la casa.
Mario le dice: - No se preocupe. Lo seguiré al pie de la letra.
Él acomoda a Tata en el carro. El doctor le dice a Ivelís al oído.
- Todavía quedan unos asuntos que arreglar.
Ivelís respira hondo disfrazando su coraje con una sonrisa y le dice a Mario.
- Ustedes vayan adelante. Yo después voy a pie. Tengo unas diligencias que atender en el pueblo.
La mirada de Mario va de Ivelís al doctor y se monta en el carro. Tata le dice adiós al doctor y Mario acelera doblando en una curva. Entonces Ivelís se voltea y le cuestiona al galeno con coraje de león.
- ¡Ok, qué carajos se inventó ahora! ¡Ya pagué todo lo que había que pagar!
Él mantiene la compostura seria y profesional, y le dice sin mirarla a los ojos, pendiente a sus alrededores para que nadie escuche o les preste atención.
- Todavía faltan medicinas, máquinas de oxígeno, muy costosas, citas de seguimiento... Su madre está en un delicado estado de salud... nunca está demás tener un médico on-call. Además, las condiciones en las que esa señora llegó aquí es clara evidencia de negligencia. Si ese expediente cayera en manos de las autoridades podrían pensar que se trata de maltrato y meter a su padre en la cárcel.
- ¿Sería capaz?
- Sería capaz de proteger ese expediente con mi vida.
Ella respira hondo y camina de lado a lado.
- ¡Ok, vamos!
- No, aquí no. - él le pone un papel en la mano justo cuando un grupo de doctores le pasan por detrás para entrar a la Sala de Emergencias. - Me alegra mucho que su madre se haya recuperado. ¡Buena suerte!
Él da media vuelta, se mezcla entre los galenos y entran todos juntos haciendo chistes.
Ella abre al papel, que dice “8:00pm, esta noche” y una dirección.
Ivelís llega a su casa y va derechito al cuarto de Tata. La vieja está en la cama durmiendo con una vaporizador al lado de la cama. Aún así toce de vez en cuando. Mario se acerca por detrás de la joven.
- Creo que debimos haberla mantenido un par de días más en el hospital. - suena preocupado. - Nosotros no podemos replicar las condiciones saludables para que ella se cure.
Ella no emite comentarios, pues sabe lo difícil que es todos esto para Mario, pero la idea de otra hospitalización y seguir dependiendo de ese doctor no le simpatiza. En vez ella baja la cabeza y dice, - Voy a dormir. Llevo días sin un par de horas corridas de sueño.
- ¡Sí, ve y duerme! Has hecho más en estos días de lo que jamás te hubiera pedido.
Ellos se miran a los ojos y se dan un abrazo.
- Lo haré cuantas veces sea necesario. - dice ella. Entonces se va a su cuarto y se zambulle en la cama a las 2:37 de la tarde, según el reloj que está sobre la mesa al lado de la cama.
A las 7:30 de la noche la alarma suena despertándola del profundo sueño en el que estaba inmersa. Le toma varios minutos orientarse y recordar por qué puso la alarma para despertar de noche. Entonces se acuerda. Tiene que trabajar. Solo que esta vez tiene que hacer una parada antes.
A las 8:45, ella llega a la dirección escrita en el papel que le dio el doctor y toca el timbre de la puerta. Él abre, sus ojos escaneando la calle y el vecindario y hala a Ivelís adentro y cierra la puerta.
- ¡Te puse en la nota a las ocho en punto!
- ¡Sorry, se me pegó la sábana! Además cuál es la prisa.
- En mi profesión pueden pasar muchas cosas en 45 minutos.
Ella camina por la sala comprobando lo que ya sospechaba, que este médico vive solo y no es de muchos amigos.
- ¿Hace esto a menudo?
Él le sigue los pasos de cerca. Se pone más ansioso a cada segundo.
- Me gusta ser buen samaritano con los pobres. Frecuentemente, las alternativas de pago se reducen a ninguna de las tradicionales... pero me gusta pensar fuera del círculo, así que trato de sugerir opciones no tradicionales como ésta. Digamos un plan médico extraoficial.
Ella se le acerca. - Sí, entiendo. ¿Y cuales son los términos de este plan médico?
Le desabotona la camisa.
El contesta. - Ven tres veces en semana y yo me encargo de cualquier cuenta en el hospital para siempre.
Ella lo empuja para que caiga acostado en el sofá. Ella se quita la camisa y el pantalón corto. Se quita el sostén y el gistro. Le gatea por encima totalmente desnuda y lo besa en la boca mientras le aruña el pecho. Se le acuesta encima comiéndose la piel de su cuello a besos. Él está sudando y la abraza ardiendo en pasión. Se caen al suelo, él ahora está encima de ella y la penetra con placer.
Ivelís tiene flashbacks de cuando fue violada por los enmascarados y recuerda palabras de Félix, “¡Piensa en todas las vidas que no serán arruinadas a partir de hoy!”.
Ella le pasa los brazos por encima y le amarra la cintura con sus piernas, mientras él se mueve entregado a la lujuria. Ella aprieta sus músculos hasta que él comienza a quejarse. Primero lo toma como parte del juego sexual, pero llega un punto en que le duele el cuello, y las costillas y la cadera de verdad y se le dificulta respirar.
- ¡Oye, afloja un poquito!
Pero ella no hace caso y aprieta más sus extremidades, como una anaconda. Él trata de escurrirse y de quitarse los brazos o las piernas, pero están solidamente trancados y entonces comienza a preocuparse.
- ¡Ok, suéltame! ... ¡Que me sueltes coño! ... ¡Carajos suéltame!
Ella lo enchufa con un beso para silenciar sus gritos. Él se desespera y rueda por el suelo violentamente y la golpea y jamaquea con fuerza bruta. La presión que ella pone en sus extremidades es intolerable. Él no puede respirar y siente como la vida se nubla. Sus ojos rojos como el tomate Entonces exhala y todo su cuerpo se afloja. Ella espera unos segundos y entonces lo suelta y se lo quita de encima.
Ella se sienta en el sofá y mira el cadáver en silencio por un buen rato y recuerda otra vez las palabras de Félix, “Piensa en todas las vidas que no serán arruinadas a partir de hoy.”
Entonces se viste, va al baño, se arregla y sale por la misma puerta que entró.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario