miércoles, 7 de octubre de 2009

Capítulo - 7

Entrada la noche, una limusina se detiene cerca de la entrada del almacén, al lado del camaro. El chofer se baja y abre la puerta de atrás de la que se apea un guardaespaldas y lo sigue un señor cincuentón alto y obeso, de porte serio e impresionante. Del almacén sale Troche, serio.
- Doctor Aguirre. Está adentro.
El rostro de Aguirre no refleja emociones, pero sus ojos están vidriosos. El respira hondo.
- Llévame donde ella.
Zahíra, extenuada, sigue en las mismas, esforzándose por mantenerse firme en sus pies, con los brazos elevados y estirados para no aorcar a Carlos, quien a su vez está parado casi de puntitas para no ser ahorcado por el lazo que le aprieta el cuello.
Los tres panas de Troche están sentados en el suelo. Aguirre, acompañado por Troche, da vueltas alrededor de ella observando su cuerpo, especialmente se fija en cómo sus brazos y muzlos tiemblan ante el esfuerzo extraordinario que ella está haciendo por su sucumbir.
- ¿La gozaron?
- Todo el día.
- Y sigue en sus pies. ¡Impresionante!
Él se detiene frente a ella.
- Tú mataste a mi hijo.
Comienza a fluir furia en sus ojos. Ella, por su parte, se mantiene seria y concentrada en respirar.
- ¿Quiero saber por qué?
- Fue un accidente.
- ¿Un accidente?
- Nos pusimos ruff. Yo pensé que él sería más fuerte.
Él le mete una galleta con todo su coraje.
- ¡Mientes! ¡Lo estrangulaste!
- ¡No puedo decirle más nada!
- Ya veremos.
Troche hala un pequeño generador eléctrico con rueditas. Agarra dos tenazas y las pega a los lados del cuerpo de Zahíra azotándola con corriente.
- ¡Ahhhhhhhh!
Ella se retuerce y se sacude desesperada. Un impresionado Troche remuve las tenazas. Ella queda guindando de las sogas, pero tan pronto escucha los quejidos de Carlos, la joven reacciona y con todo su esfuerzo se enfereza, firme en sus pies, y levanta los brazos. Todo su cuerpo le tiembla.
- ¡Es imposible!
Él vuelve a pegarle las tenazas eléctricas y ella grita y se sacude, se jamaquea, se retuerce.
- ¡Ahhhhhhhhhhh!
Al final, cuando él retira las tenazas ella está al borde de la inconsciencia, pero se ve que saca energías del alma para mantenerse de pie y enderezarse nuevamente. Aguirre la mira a los ojos y ve firmeza.
- ¡Tú no eres una puta cualquiera! A ti te mandaron a matar a mi hijo.
Entonces le agarra un seno y se lo aprieta.
- ¿Quién te mandó?
Ella cruje por el dolor. Más nada.
- Esto podría terminar aquí mismo, ahora, o lo puedes extender hasta la muerte. De cualquier forma de aquí no salen hasta que hables.
Ella baja la mirada, haciendo énfasis en su silencio. Impaciente, Aguirre saca una pistola de su chaqueta y apunta directo a la frente de Carlos quien cierra los ojos llorando.
- ¡NO!
Él no baja la pistola, pero la mira con ojos de tu sabes cómo evitarlo. Los ojos de Zahíra van de Carlos a Aguirre y de vuelta a Carlos, y baja la mirada con todo y cabeza.
- ¡Recibo mis órdenes de Félix Flores!
- ¿Félix Flores? ¿El dueño de Club Sensaciones?
- ¡Ujum!
Aguirre camina alrededor de ella mirando al techo moviendo la cabeza hasta que levanta la pistola y hace tres disparos a una caja.
- ¡Hijo de la gran puta!
El da varias vueltas más hasta que se relaja un poco, recobrando la compostura.
- ¡Matar a mi hijo es el golpe más bajo que me pudo dar! - la mira - Sería justo darle la misma medicina. Ella ve en sus ojos sus intenciones.
- ¡No! ¡Yo no soy una asesina; sólo estoy metida en esto por mala suerte!
- ¡Lo siento! Ya estás metida hasta el culo.
- ¡No puedo hacerlo!
- Pero sí pudiste hacérselo a mi hijo? ¡Decide ahora, para volarle la cabeza a tu novio y mandarte al infierno, o prefieres probar los chances luego de matar al hijo de Félix Flores en la cama.
Zahíra trinca sus ojos y baja la cabeza dejando salir un leve crujido mezclado con llanto. Al abrirlos están vidriosos, mira a Carlos y rueda los ojos hacia doctor.
- ¡Ok! ¡Lo haré! Pero luego de matarlo, le ruego que lo deje libre (a Carlos) sano y salvo.
- Trato hecho. Pero si me traicionas usaré todo mi poder para matar a tu novio, a Félix y a ti.
El le hace un gesto a Troche y sus secuaces. Los que están con Carlos le sueltan el lazo del cuello, aflojando así la presión en las manos de Zahíra quien se desploma al suelo en debilidad. A Carlos lo llevan hasta una columna a la que lo amarran. Zahíra permanece en el suelo varios segundo. Vemos como le tiemblan todos los músculos.Ella respira profundo y poco a poco encuentra las fuerzas para ponerse de pie.
- ¿Me dan un segundo con él?
Aguirre señala a todos para que salgan del almacén. Zahíra camina, desbalanceada, hacia Carlos, nerviosa. Él tiene los ojos coloraos, la cara jincha y el cuello fuertemente marcado por el lazo. Ella le seca con la mano la sangre de la cortadura de la cara.
- ¡Siento mucho haberte metido en esto!
- ¿Quién eres?
- No lo sé. Solo una marioneta, encerrada en una novela de la que trato, pero no puedo salir. Y mientras más decidida estoy de escapar y de subsistir, me encuentro más hundida en el fango del cual vivo rodeada. Algunos nacen para nunca regarse en esta suciedad, otros llegamos al mundo aquí, esclavos, sin poder escoger, sin voz ni voto... Sin libertad... Ojalá y algún día entiendas por qué me estoy entregando. Porque no tengo alternativa. Pero tú todavía la tienes. Yo estoy embarrada de por vida. Cuando te liberen, por favor, vete, y no mires para atrás.
Ella le da un beso de despedida y da dos pasos para atrás, le echa un último vistazo, y sale del almacén. Aguirre le pone su chaqueta por encima a la joven, abre la puerta de la limusina y la invita a montarse.
- Túrnense para vigilar al muchacho. Yo les aviso cuando todo haya terminado.
Aguirre se monta con ella, y el chofer acelera. El cadillac recorre el camino rural al borde de un risco. Aguirre y Zahíra están sentados uno al lado del otro, mientras frente a ellos hay dos matones. Ella se agacha a rascarse el pie.
- Tienes 24 horas pa---
ZAZ-- ella regresa con un codazo que impacta a Aguirre en la cara y lo deja aturdido. Los dos matones reaccionan levantando las pistolas. Ella se les tira encima. Les tuerce las muñecas que portan las armas, quedando las mismas en sus manos. Pega los cañones a sus pechos y hala los gatillos provocando una explosión que la llena de sangre. Inmediatamente apunta hacia la cabeza del chofer, quien la está mirando por el retrovisor y apunto de agarrar el teleradio. Ella hala ambos gatillos a la vez y el cristal delantero se llena de sangre y masa ósea.
La limusina se sale de control. Ella abre la puerta y se tira sin calcular que hay un barranco por el que cae rodando al menos 30 pies-- las pistolas salen volando de sus manos y la chaqueta que tenía puesta por encima se queda guinda de unas matas a principio de barranco-- hasta detenerse al impactar una roca. Ella se ve adolorida, y escucha un fuerte impacto desde la superficie. La limo choca con un árbol. Carlos mira con miedo. Troche, Piojo, Gancho y Mistel lo están molestando apuntándole con sus armas y burlándose.
- ¿Nunca habías visto una de cerca, verdad?
- ¡A puesto a que ni siquiera había visto sangre en su vida!
Entonces la puerta del almacén se abre permitiendo la entrada de la intensa luz del atardecer, cegando por un momento a los matones, quienes ven esta figura femenina, desnuda, bañada en sangre, caminando como zombi, pero no pueden enfocar bien en ella.
Escuchan un zumbido-- la figura ya no está ahí--- Gancho cae al suelo sangrando por la nariz y agachada sobre su pecho está Zahíra, quien salta como una centella--- Mistel la tiene encima, siente su abrazo se oso y se queja de dolor. La golpea tratando de quitársela de encima. Piojo y Troche apuntan nerviosos con sus armas pero no disparan pues Mistel se mueve a lo loco.
- ¡Quítenmela!
Piojo agarra a Zahíra por la cintura halándola. Ella le mete un codazo en la frente que lo tumba para atrás. Ella, sin soltar a Mistel, lo agarra por la camisa antes de que caiga y lo hala pa donde ella, y tranca su cuello con su brazo aplicando presión. Mistel le mete un par de puños desesperados en el lado del cuerpo que ella deja al descubierto para ahorcar a Piojo, pero ella los resiste todos, como si fuera un punching bag.
Troche se acerca por el otro lado y la hala por las greñas, apuntándole con la pistola directamente a la cabeza-- Zahíra usa su otra mano para detener la mano de la pistola en el aire, sin aflojar el candado en el cuello de Piojo, ni sus piernas alrededor de la cintura de Mistel.
Piojo está colorao de la asfixia y le da con todo lo que tiene desesperado, al igual que Mistel, sin amilanarla ni un poquito. La mano de la pistola de Troche pulsea con el brazo de Zahíra, tratando de apuntarle.
Piojo es el primero en irse en blanco y caer al piso. Ella lo deja caer y a Troche le tuerce la mano que le hala las greñas, mientras aprieta la que tiene la pistola forzándolo a soltarla. Mistel se arrodilla con mucho dolor. Ella no afloja sus piernas ni un chispito.
Troche y ella pulsean con ambos brazos, el tratando de agarrarla y ella deteniéndolo y él no logra progresar nada. Ella afloja las manos y suelta. Él por la fuerza de gravedad se le viene encima fuera de control y ella le mete un fuerte puño en el estómago, y otro en la mandíbula, afloja las piernas, se sale del medio y Troche le cae encima a Mistel, ambos adoloridos y aturdidos. Ella rueda por el piso, agarra una pistola y dispara sin frenar haciendo reventar las cabezas y pechos de cada uno de ellos, sangre que salpica a chorros y va a parar al cuerpo de la asesina. Cuando hace click para ejecutar a Troche, no salen más balas.
Ella deja caer la pistola y ve que Troche le apunta con su pistola desde una distancia segura. Ella le da el frente, abre las manos y extiende los brazos. Él baja la pistola y la tira lejos.
Caminan en un círculo mirándose mutuamente. Ella inicia el ataque saltando con una patada voladora hacia él, misma que él bloquea con un brazo, la golpea con el otro tumbándola al suelo y allí la patea en las costillas. Ella rueda y se reincorpora volviendo al ataque con otra patada. El le agarra la pierna y le mete una suya en la entrepiernas volviéndola a tumbar y le remata con un pisotón en el estómago. Ella se sale del medio de otra patada y le mete un puntapie que lo tumba de fundillo.
Ambos se levantan y ella vuelve al ataque con otra patada voladora, que él bloquea con un brazo. Ella usa ese brazo como pivote para rebotar, girar en la otra dirección e impactarlo en la nuca con la otra pierna. Lo remata con otra patada en el otro lado de la nuca y lo acorrala contra una pared donde le tira con todo su arsenal. Los puños y patadas le entran a Troche por todos lados.
El no tiene la suficiente agilidad como para defender todo su cuerpo a la vez. Un fuerte gancho en la quijá lo desbalancea provocando que se aguante con las manos, quedando totalmente indefenso y ahí ella gira y le clava un talonazo en el centro del pecho, tan fuerte que lo mata en el acto. Ella no se mueve ni se relaja, mientras vemos que disfruta ver el cadáver de Troche desplomarse a sus pies. Entonces baja la guardia y relaja sus músculos y voltea la cara hacia Carlos, encontrando un rostro poseído por el terror.
- ¿Quién carajos eres?
- ¡Yo... soy... una... Asesina!
Cuando ella lo desamarra, él sale del almacén como el correcaminos y va derechito a su carro. Zahíra, aún desnuda y bañada en sangre, sale detrás de él.
- ¡Carlos, vamos a hablar!
- ¡No! ¡Aléjate de mí!
- ¡Te estaba protegiendo!
- ¿Portegiéndome? ¡Por poco me matan por tu culpa!
- ¡Dijiste que entenderías!
- ¡Eres la sicoputa de la que hablan en las noticias! ¡No hay entendimiento que valga para eso!
Se monta en su carro y acelera levantando una cortina de polvo que le cae encima a Zahíra, quien ve con ojos tristes, llorosos y rojos, el carro alejarse por el camino de tierra.
Al disiparse la nube de arena, queda la joven sola en un rojizo traje de Eva.

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