Sábado, 23 de diciembre de 2000
- ¡Levántate soldadita que es la hora de luchar! - le canta don Iván a su princesita de 10 años de edad quien duerme acurrucada entre frisas y almohadas en su esponjosa cama doble.
Los rayos del sol se filtran a través de las cortinas de la hermosa habitación decorada en suaves tonos rosita. Ella abre los ojos poco a poco y al verlo deja salir una bella sonrisa. Él le da un beso en la frente.
- Buenos días, princesa.
- Buenos días, papi.
A ella le encanta esta época del año, no tanto por lo que le vayan a traer Santa y los Reyes, sino porque papi y mami pasan más tiempo en casa.
La lujosa residencia de los Robles está decorada con luces, escarcha, brillo y motivos navideños por todos lados. La familia completa desayuna en la cocina. Tata, una doña cincuentona, empleada de la casa, sirve un plato de huevos revoltillos con tocineta y lo lleva a la mesa, en la que don Iván, doña Isabel e Ivi están sentados.
- Aquí tienes mi niña. Como a ti te gusta.
- ¡Gracias Tata!
Mario, esposo de Tata, toca la vitrina que permite ver el patio, donde trabaja él, y saluda a la niña cuando mira. Ella le devuelve el saludo efusivamente.
Doña Isabel lee el suplemento de modas del periódico La Voz de Atonia, mientras don Iván tiene ante sí el resto del periódico. Pero en el centro de la mesa están amontonados los shoppers y uno de estos llama la atención de la niña. Ella extiende el brazo y lo hala confirmando que es de juguetes y lo que le llamó la atención desde el principio es la enorme casa de muñecas destacada en la portada.
- ¡Mira, la nueva casita de Barbi! - grita Ivelís. Los ojos de la nena brillan y todo su rostro irradia alegría al acercar más el shopper y ver que la casa tiene tres pliegues y es tan grande que tapa a una niña que está sentada detrás y solo se le ve el moño de la cabeza.
- ¡Mira sí! ¡Es enorme! - reacciona la madre al ver la imagen.
- ¡Papi, vamos a pedírsela a Santa!
- ¡Ay sí! - añade Isabel - Así de una vez me puedo comprar un traje que vi orita.
Don Iván reacciona incrédulo: - ¡Están locas!¡Es víspera de Navidad!¡Solo los locos van de compra en un día como hoy!
Madre e hija ponen caras de perritas triste.
- ¡Porfa, porfa, porfa!
Don Iván respira hondo, pues sabe que esta es una batalla que no podrá ganar.
Definitivamente no hay nada como las navidades en Atonia. Aquí, las fiestas comienzan en Halloween y se extienden hasta San Valentín. Lechón, bebelata, olorosos pinos, decoraciones luminosas en todas las casas y edificios, brillantes adornos verde, rojo y blanco, y lo más importante, los centros comerciales.
Cualquiera diría que ir de compras durante esta época es un acto de locura demensial. Sin embargo, a los atoninos les encanta chuparse los tapones de dos horas para poder entrar al área del parking, dar quince vueltas por todo el lote, perseguir a la primera vieja que salga y terminar estacionados en la esquina más distante y desolada. Por lo menos así es para los menos afortunados. Los más afortunados dejan sus carros en el valé parking, donde por sólo cinco dólares, los valeteros gustosamente estacionarán el vehículo en un solar bajo techo. Los Robles están entre estos dichosos ciudadanos. Don Iván le entrega las llaves de su precioso y pulido Cadillac en las manos al valetero y le da cinco dólares.
- ¡Cuídalo bien!
- ¡Seguro, jefe!
Robles le pasa el brazo por la espalda a su bella esposa y agarra la manita de su pequeña hija, para entrar a Plaza Las Antillas, el centro comercial más grande de Atonia. El sitio por dentro está tan atestado de gente que podría producir claustrofobia. A la niña le desagrada el salvaje tráfico humano, pues las bolsas de compra le dan en la cara a cada rato. Pero tiene que aguantarse, después de todo, están aquí por ella. La música navideña junto a las alegres decoraciones en colores vivos convierten la noche de compras en una experiencia mágica, pues hace tiempo que Ivi no pasaba tanto rato con papi y mami.
Unas horas después, la familia Robles emerge de las escaleras eléctricas, en la plazoleta de comida rápida El Balcón, que ocupa todo el tercer piso del centro comercial. El lugar está abarrotado de gente cargando con bolsas o empujando carritos llenos de paquetes.
Al ver el hormiguero que les depara, papi y mami se miran y respiran hondo.
- Bueno. ¿Qué queremos comer? - pregunta don Iván.
- ¡Pizza, pizza! - suplica Ivi.
Mami compara la fila de Soul 64 Pizza con las demás. Para su horror no ve mucha diferencia y suspira con frustración.
- ¡Bueno pues vamos a hacer fila!
¿Fila? ¡No way! A Ivi se le ocurre una mejor idea.
- ¿Puedo jugar maquinitas mientras piden?
Mami le da tres dólares: - Vuelve en 20 minutos.
Ivi echa a correr perdiéndose en el mar de gente. Papi y mami hacen la fila de Soul 64's Pizza. Ivelís camina contenta hacia Arcade Asylum. Todo es perfecto. Como en un sueño.
Y entonces todo se fue a la mierda.
Un muchacho corre disparando hacia atrás usando a las personas como escudos, seguido de cerca por cuatro matones que lo tirotean de vuelta, sin ningún remordimiento hasta impactarlo y cuando cae al suelo, los matones forman un cículo alrededor y lo acribillan. Los guardias de seguridad entran en acción y los matones echan a correr hasta salir de El Balcón, al área del parking, seguidos por los guardias de seguridad.
La pequeña Ivelís corre asustada entre la gente.
- ¡Mami, papi! - Ella se abre paso entre los adultos que no se percatan de su presencia, y cuando pasa una fila de señores, pisa un charco de sangre.
- ¡Ahhhhhhh! ¿Dónde están?
Entonces los ve. Mami está tirada en el piso, junto a papi. Ivi corre y se arrodilla ante los cadáveres y los sacude.
- ¡Mami, papi!
Los guardias de seguridad se topan con la desgarradora escena. Una mujer policía se acerca a la niña y trata de levantarla por un brazo.
- ¡Ven conmigo!
La niña no quiere y se aferra al brazo de su mamá muerta.
Al fondo hay un adorno verde con letras rojas dice: Feliz Navidad.
miércoles 7 de octubre de 2009
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