Entrada la noche, una limusina se detiene cerca de la entrada del almacén, al lado del camaro. El chofer se baja y abre la puerta de atrás de la que se apea un guardaespaldas y lo sigue un señor cincuentón alto y obeso, de porte serio e impresionante. Del almacén sale Troche, serio.
- Doctor Aguirre. Está adentro.
El rostro de Aguirre no refleja emociones, pero sus ojos están vidriosos. El respira hondo.
- Llévame donde ella.
Zahíra, extenuada, sigue en las mismas, esforzándose por mantenerse firme en sus pies, con los brazos elevados y estirados para no aorcar a Carlos, quien a su vez está parado casi de puntitas para no ser ahorcado por el lazo que le aprieta el cuello.
Los tres panas de Troche están sentados en el suelo. Aguirre, acompañado por Troche, da vueltas alrededor de ella observando su cuerpo, especialmente se fija en cómo sus brazos y muzlos tiemblan ante el esfuerzo extraordinario que ella está haciendo por su sucumbir.
- ¿La gozaron?
- Todo el día.
- Y sigue en sus pies. ¡Impresionante!
Él se detiene frente a ella.
- Tú mataste a mi hijo.
Comienza a fluir furia en sus ojos. Ella, por su parte, se mantiene seria y concentrada en respirar.
- ¿Quiero saber por qué?
- Fue un accidente.
- ¿Un accidente?
- Nos pusimos ruff. Yo pensé que él sería más fuerte.
Él le mete una galleta con todo su coraje.
- ¡Mientes! ¡Lo estrangulaste!
- ¡No puedo decirle más nada!
- Ya veremos.
Troche hala un pequeño generador eléctrico con rueditas. Agarra dos tenazas y las pega a los lados del cuerpo de Zahíra azotándola con corriente.
- ¡Ahhhhhhhh!
Ella se retuerce y se sacude desesperada. Un impresionado Troche remuve las tenazas. Ella queda guindando de las sogas, pero tan pronto escucha los quejidos de Carlos, la joven reacciona y con todo su esfuerzo se enfereza, firme en sus pies, y levanta los brazos. Todo su cuerpo le tiembla.
- ¡Es imposible!
Él vuelve a pegarle las tenazas eléctricas y ella grita y se sacude, se jamaquea, se retuerce.
- ¡Ahhhhhhhhhhh!
Al final, cuando él retira las tenazas ella está al borde de la inconsciencia, pero se ve que saca energías del alma para mantenerse de pie y enderezarse nuevamente. Aguirre la mira a los ojos y ve firmeza.
- ¡Tú no eres una puta cualquiera! A ti te mandaron a matar a mi hijo.
Entonces le agarra un seno y se lo aprieta.
- ¿Quién te mandó?
Ella cruje por el dolor. Más nada.
- Esto podría terminar aquí mismo, ahora, o lo puedes extender hasta la muerte. De cualquier forma de aquí no salen hasta que hables.
Ella baja la mirada, haciendo énfasis en su silencio. Impaciente, Aguirre saca una pistola de su chaqueta y apunta directo a la frente de Carlos quien cierra los ojos llorando.
- ¡NO!
Él no baja la pistola, pero la mira con ojos de tu sabes cómo evitarlo. Los ojos de Zahíra van de Carlos a Aguirre y de vuelta a Carlos, y baja la mirada con todo y cabeza.
- ¡Recibo mis órdenes de Félix Flores!
- ¿Félix Flores? ¿El dueño de Club Sensaciones?
- ¡Ujum!
Aguirre camina alrededor de ella mirando al techo moviendo la cabeza hasta que levanta la pistola y hace tres disparos a una caja.
- ¡Hijo de la gran puta!
El da varias vueltas más hasta que se relaja un poco, recobrando la compostura.
- ¡Matar a mi hijo es el golpe más bajo que me pudo dar! - la mira - Sería justo darle la misma medicina. Ella ve en sus ojos sus intenciones.
- ¡No! ¡Yo no soy una asesina; sólo estoy metida en esto por mala suerte!
- ¡Lo siento! Ya estás metida hasta el culo.
- ¡No puedo hacerlo!
- Pero sí pudiste hacérselo a mi hijo? ¡Decide ahora, para volarle la cabeza a tu novio y mandarte al infierno, o prefieres probar los chances luego de matar al hijo de Félix Flores en la cama.
Zahíra trinca sus ojos y baja la cabeza dejando salir un leve crujido mezclado con llanto. Al abrirlos están vidriosos, mira a Carlos y rueda los ojos hacia doctor.
- ¡Ok! ¡Lo haré! Pero luego de matarlo, le ruego que lo deje libre (a Carlos) sano y salvo.
- Trato hecho. Pero si me traicionas usaré todo mi poder para matar a tu novio, a Félix y a ti.
El le hace un gesto a Troche y sus secuaces. Los que están con Carlos le sueltan el lazo del cuello, aflojando así la presión en las manos de Zahíra quien se desploma al suelo en debilidad. A Carlos lo llevan hasta una columna a la que lo amarran. Zahíra permanece en el suelo varios segundo. Vemos como le tiemblan todos los músculos.Ella respira profundo y poco a poco encuentra las fuerzas para ponerse de pie.
- ¿Me dan un segundo con él?
Aguirre señala a todos para que salgan del almacén. Zahíra camina, desbalanceada, hacia Carlos, nerviosa. Él tiene los ojos coloraos, la cara jincha y el cuello fuertemente marcado por el lazo. Ella le seca con la mano la sangre de la cortadura de la cara.
- ¡Siento mucho haberte metido en esto!
- ¿Quién eres?
- No lo sé. Solo una marioneta, encerrada en una novela de la que trato, pero no puedo salir. Y mientras más decidida estoy de escapar y de subsistir, me encuentro más hundida en el fango del cual vivo rodeada. Algunos nacen para nunca regarse en esta suciedad, otros llegamos al mundo aquí, esclavos, sin poder escoger, sin voz ni voto... Sin libertad... Ojalá y algún día entiendas por qué me estoy entregando. Porque no tengo alternativa. Pero tú todavía la tienes. Yo estoy embarrada de por vida. Cuando te liberen, por favor, vete, y no mires para atrás.
Ella le da un beso de despedida y da dos pasos para atrás, le echa un último vistazo, y sale del almacén. Aguirre le pone su chaqueta por encima a la joven, abre la puerta de la limusina y la invita a montarse.
- Túrnense para vigilar al muchacho. Yo les aviso cuando todo haya terminado.
Aguirre se monta con ella, y el chofer acelera. El cadillac recorre el camino rural al borde de un risco. Aguirre y Zahíra están sentados uno al lado del otro, mientras frente a ellos hay dos matones. Ella se agacha a rascarse el pie.
- Tienes 24 horas pa---
ZAZ-- ella regresa con un codazo que impacta a Aguirre en la cara y lo deja aturdido. Los dos matones reaccionan levantando las pistolas. Ella se les tira encima. Les tuerce las muñecas que portan las armas, quedando las mismas en sus manos. Pega los cañones a sus pechos y hala los gatillos provocando una explosión que la llena de sangre. Inmediatamente apunta hacia la cabeza del chofer, quien la está mirando por el retrovisor y apunto de agarrar el teleradio. Ella hala ambos gatillos a la vez y el cristal delantero se llena de sangre y masa ósea.
La limusina se sale de control. Ella abre la puerta y se tira sin calcular que hay un barranco por el que cae rodando al menos 30 pies-- las pistolas salen volando de sus manos y la chaqueta que tenía puesta por encima se queda guinda de unas matas a principio de barranco-- hasta detenerse al impactar una roca. Ella se ve adolorida, y escucha un fuerte impacto desde la superficie. La limo choca con un árbol. Carlos mira con miedo. Troche, Piojo, Gancho y Mistel lo están molestando apuntándole con sus armas y burlándose.
- ¿Nunca habías visto una de cerca, verdad?
- ¡A puesto a que ni siquiera había visto sangre en su vida!
Entonces la puerta del almacén se abre permitiendo la entrada de la intensa luz del atardecer, cegando por un momento a los matones, quienes ven esta figura femenina, desnuda, bañada en sangre, caminando como zombi, pero no pueden enfocar bien en ella.
Escuchan un zumbido-- la figura ya no está ahí--- Gancho cae al suelo sangrando por la nariz y agachada sobre su pecho está Zahíra, quien salta como una centella--- Mistel la tiene encima, siente su abrazo se oso y se queja de dolor. La golpea tratando de quitársela de encima. Piojo y Troche apuntan nerviosos con sus armas pero no disparan pues Mistel se mueve a lo loco.
- ¡Quítenmela!
Piojo agarra a Zahíra por la cintura halándola. Ella le mete un codazo en la frente que lo tumba para atrás. Ella, sin soltar a Mistel, lo agarra por la camisa antes de que caiga y lo hala pa donde ella, y tranca su cuello con su brazo aplicando presión. Mistel le mete un par de puños desesperados en el lado del cuerpo que ella deja al descubierto para ahorcar a Piojo, pero ella los resiste todos, como si fuera un punching bag.
Troche se acerca por el otro lado y la hala por las greñas, apuntándole con la pistola directamente a la cabeza-- Zahíra usa su otra mano para detener la mano de la pistola en el aire, sin aflojar el candado en el cuello de Piojo, ni sus piernas alrededor de la cintura de Mistel.
Piojo está colorao de la asfixia y le da con todo lo que tiene desesperado, al igual que Mistel, sin amilanarla ni un poquito. La mano de la pistola de Troche pulsea con el brazo de Zahíra, tratando de apuntarle.
Piojo es el primero en irse en blanco y caer al piso. Ella lo deja caer y a Troche le tuerce la mano que le hala las greñas, mientras aprieta la que tiene la pistola forzándolo a soltarla. Mistel se arrodilla con mucho dolor. Ella no afloja sus piernas ni un chispito.
Troche y ella pulsean con ambos brazos, el tratando de agarrarla y ella deteniéndolo y él no logra progresar nada. Ella afloja las manos y suelta. Él por la fuerza de gravedad se le viene encima fuera de control y ella le mete un fuerte puño en el estómago, y otro en la mandíbula, afloja las piernas, se sale del medio y Troche le cae encima a Mistel, ambos adoloridos y aturdidos. Ella rueda por el piso, agarra una pistola y dispara sin frenar haciendo reventar las cabezas y pechos de cada uno de ellos, sangre que salpica a chorros y va a parar al cuerpo de la asesina. Cuando hace click para ejecutar a Troche, no salen más balas.
Ella deja caer la pistola y ve que Troche le apunta con su pistola desde una distancia segura. Ella le da el frente, abre las manos y extiende los brazos. Él baja la pistola y la tira lejos.
Caminan en un círculo mirándose mutuamente. Ella inicia el ataque saltando con una patada voladora hacia él, misma que él bloquea con un brazo, la golpea con el otro tumbándola al suelo y allí la patea en las costillas. Ella rueda y se reincorpora volviendo al ataque con otra patada. El le agarra la pierna y le mete una suya en la entrepiernas volviéndola a tumbar y le remata con un pisotón en el estómago. Ella se sale del medio de otra patada y le mete un puntapie que lo tumba de fundillo.
Ambos se levantan y ella vuelve al ataque con otra patada voladora, que él bloquea con un brazo. Ella usa ese brazo como pivote para rebotar, girar en la otra dirección e impactarlo en la nuca con la otra pierna. Lo remata con otra patada en el otro lado de la nuca y lo acorrala contra una pared donde le tira con todo su arsenal. Los puños y patadas le entran a Troche por todos lados.
El no tiene la suficiente agilidad como para defender todo su cuerpo a la vez. Un fuerte gancho en la quijá lo desbalancea provocando que se aguante con las manos, quedando totalmente indefenso y ahí ella gira y le clava un talonazo en el centro del pecho, tan fuerte que lo mata en el acto. Ella no se mueve ni se relaja, mientras vemos que disfruta ver el cadáver de Troche desplomarse a sus pies. Entonces baja la guardia y relaja sus músculos y voltea la cara hacia Carlos, encontrando un rostro poseído por el terror.
- ¿Quién carajos eres?
- ¡Yo... soy... una... Asesina!
Cuando ella lo desamarra, él sale del almacén como el correcaminos y va derechito a su carro. Zahíra, aún desnuda y bañada en sangre, sale detrás de él.
- ¡Carlos, vamos a hablar!
- ¡No! ¡Aléjate de mí!
- ¡Te estaba protegiendo!
- ¿Portegiéndome? ¡Por poco me matan por tu culpa!
- ¡Dijiste que entenderías!
- ¡Eres la sicoputa de la que hablan en las noticias! ¡No hay entendimiento que valga para eso!
Se monta en su carro y acelera levantando una cortina de polvo que le cae encima a Zahíra, quien ve con ojos tristes, llorosos y rojos, el carro alejarse por el camino de tierra.
Al disiparse la nube de arena, queda la joven sola en un rojizo traje de Eva.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Capítulo - 6
El carrito verde de Carlos transita por la carretera central del casco del pueblo a velocidad moderada. Abordo, Ivelís va mirando por la ventana hacia afuera durante todo el trayecto. Hay un silencio abismal entre los dos.
- ¿Quieres parar a comer algo?
- ¡No tengo hambre!
Entonces él deja salir su frustración.
- ¡Ivi, ¿qué está pasando?! La gente está diciendo cosas horribles de ti.
Ella cierra los ojos.
- ¡No quiero hablar de eso! Jamás entenderías. Vivimos en mundos diferentes. El tuyo es fácil y simple.
El mío es una pelota de mierda.
- ¡Te prometo que sea lo que sea, entenderé!
Carlos detiene la marcha ante una luz roja en una intersección y la mira a los ojos.
- ¿Qué tan malo puede ser?
- ¡Hola, puta! - Por la ventana de ella se asoma Troche y por la de él se asoma Piojo, ambos con pistolas en mano.
Ella abre los ojos bien grande y le pisa el acelerador a Carlos. El carrito verde sale disparado en el cruce provocando que dos carros choquen. El vehículo va tan rápido que las hojas se arremolinan a su paso. Detrás de él va una corveta que también va a las millas. Carlos está conduciendo como un loco. Ella mira para atrás viendo el Camaro que se les acerca rápidamente, y sale un brazo armado por la ventana derecha y les dispara. Él pierde momentáneamente el control del carro. Ella, en total dominio de sus nervios, le aguanta el guía, y hace que el carro se barra y doble hacia la derecha en una calle. El Camaro se pasa de la calle, pero vira en círculo en la misma avenida y entra.
Pero el carro de Troche aparece de una calle al frente, y ella le tira el guía a la izquierda haciendo que el carro de Carlos se meta en un parque conduciendo por la grama.
El Camaro se mete por el parque detrás de ellos. Ivelís ve la Corveta que se acerca por otro lado para cortarlos. Del Camaro disparan y el cristal de atrás de Carlos explota. Este se tira a un lado por puro instinto cubriéndose la cabeza y Zahíra le agarra el guía luchando para mantener el control y sacude a Carlos varias veces.
- ¡Coge el guía!
Él lo coge, pero está tieso, no da ni pa la derecha ni pa la izquierda y mantiene su cabeza debajo del cabezal de la silla.
- ¡Mami me va a matar!
- ¡Que haga fila!
Ella saca de su mochila un revólver, se voltea en el mismo asiento y dispara para atrás haciendo explotar el cristal delantero del carro de Troche. De allá disparan. Ella y Carlos se cubren con los asientos, y una de las balas destruye el cristal delantero. Ella dispara para atrás y Carlos pega los frenos cuando. La corveta les bloquea el paso y Zahíra sale volando por el marco y cae en la grama a dos pies del bumper de la Corveta.
Troche detiene el Camaro y sale, mientras de la Corveta abren la puerta Mistel y Gancho y comienzan a salir del carro, pero Ivelís hace un flip y cae en el techo donde hace un Split y, usando una mano como pivote, gira como helicóptero pateando a ambos cuando salían del vehículo.
Carlos está dentro del carro en shock al ver las piruetas de ella y Troche agarra el handle de la puerta. Zahíra cae al piso agarrando la pistola de uno de los que tumbó. Troche la ve y brinca detrás del carro justo cuando Zahíra dispara dos veces, impactando el bumper trasero del carro y la grama un poco más atrás. Gancho la agarra. Ella le mete un cabezazo y un codazo en el pecho. Troche sale de detrás del carro de Carlos corriendo rumbo a Zahíra, pero Carlos reacciona y abre la puerta y tumba a Troche al piso. Mistel rueda por encima del carro y agarra a Zahíra por los brazos y la cabeza, mientras Gancho la agarra por la cintura. Zahíra se sacude como una fiera y Gancho rueda por el suelo y tira a Mistel de espaldas a la grama. Troche saca a Carlos del carro a punta de pistola y grita.
- ¡Puta!
Al ella ver a Carlos a punta del cañón de Troche pega un grito de espanto.
- ¡No! ¡El no tiene nada que ver en esto!
- ¡No me importa!
Sin pensarlo dos veces, nerviosa y hasta llorando al ver a Carlos amenazado, ella levanta los brazos y se pone de rodillas.
- ¡Ok! ¡Me rindo! ¡No le hagan nada!
Gancho y Mistel le amarran las manos a la espalda. Troche hace lo mismo con las manos de Carlos y lo golpea en la cara, partiéndole un labio. Entonces le grita a Zahíra.
- ¡El va conmigo! ¡Si tratas de escapar, lo mato!
Gancho y Mistel montan a Zahíra en la Corveta, mientras Carlos y Troche se montan en el carro del primero. Enciende el motor y le muestra la pistola a Carlos.
- ¿Ves esto verdad? Si me jodes, la vaciaré en tu cabeza.
Entonces acelera.
- ¿Por qué? ¡Podían llevarse el carro! ¡Nosotros no hubiéramos dicho nada!
- ¿Tu crees que esto es un carjacking? Estoy seguro que no tienes idea de lo puta que es tu novia.
Se ve conflicto en la cara de Carlos y dos segundos después reacciona con duda en su voz.
- ¡No! ¡Se equivocaron de mujer!
Los tres carros llegan hasta la parte de atrás del almacén donde se estacionan.Gancho y Mistel salen con Zahíra a punta de pistola, mientras Troche tiene que sacar a Carlos del carro, también con el cañón en la nuca. Piojo sale del Camaro y se les une. Zahíra busca la mirada de Carlos, pero este mantiene la suya en el piso todo el tiempo.
Zahíra es arrastrada hasta el centro del almacén donde le amarran las manos al techo con el otro extremo de esa soga atada en forma de lazo al cuello de Carlos, quien tiene las manos atadas a la espalda. Este se ve aterrado y se desespera por la sensación de inmovilidad pues el lazo de su cuello está tan bien ajustado que un movimiento en falso y quedaría asfixiado, o se le dislocaría el cuello.
Más presión confronta ella, pues si baja los brazos un chililín estrangulará a su amado. Troche y sus dos amigos guardan las pistolas y sacan puñales con los que le arrancan el chaleco, la falda, la camisa blanca, los panti y el brasier. Entonces guardan los cuchillos admirando el espectacular cuerpo desnudo e indefenso de la asesina.
Ella trinca sus músculos, pero no puede forcejear con las sogas y tiene que mantener el balance. Ellos se aprovechan del cuerpo de la joven. Le chupan y le aprietan los senos.Le lamen la espalda y las piernas. La besan en el cuello. Todos a la vez. Troche baja con la lengua todo el trayecto desde las tetas hasta la crica. Se desabrocha el pantalón sus amigos lo porrean.
- Go, Troche! Go, Troche! Go, Troche!
Troche la agarra por la cintura y se la clava.
Ella cruje trinca hasta más no poder.
Sus brazos y piernas le tiemblan. Cascadas de sudor chorrean por todo su cuerpo. Sudor que cae en las lenguas de los panas de Troche, quien tras alcanzar su climax se sienta para que sus amigos también se den el gustazo con ella. Y mientras dos le agarran, besan y le lamen todo el cuerpo, el tercero se la está clavando con muchísimo gusto.
- ¡No puedo respirar! - grita Carlos.
Ella mira y ve que lo tiene casi guindando de la soga y con mucho esfuerzo endereza las piernas y su espalda y levanta las manos dos centímetros aflojando levemente el lazo en el cuello de Carlos permitiéndole respirar.
- ¿Quieres parar a comer algo?
- ¡No tengo hambre!
Entonces él deja salir su frustración.
- ¡Ivi, ¿qué está pasando?! La gente está diciendo cosas horribles de ti.
Ella cierra los ojos.
- ¡No quiero hablar de eso! Jamás entenderías. Vivimos en mundos diferentes. El tuyo es fácil y simple.
El mío es una pelota de mierda.
- ¡Te prometo que sea lo que sea, entenderé!
Carlos detiene la marcha ante una luz roja en una intersección y la mira a los ojos.
- ¿Qué tan malo puede ser?
- ¡Hola, puta! - Por la ventana de ella se asoma Troche y por la de él se asoma Piojo, ambos con pistolas en mano.
Ella abre los ojos bien grande y le pisa el acelerador a Carlos. El carrito verde sale disparado en el cruce provocando que dos carros choquen. El vehículo va tan rápido que las hojas se arremolinan a su paso. Detrás de él va una corveta que también va a las millas. Carlos está conduciendo como un loco. Ella mira para atrás viendo el Camaro que se les acerca rápidamente, y sale un brazo armado por la ventana derecha y les dispara. Él pierde momentáneamente el control del carro. Ella, en total dominio de sus nervios, le aguanta el guía, y hace que el carro se barra y doble hacia la derecha en una calle. El Camaro se pasa de la calle, pero vira en círculo en la misma avenida y entra.
Pero el carro de Troche aparece de una calle al frente, y ella le tira el guía a la izquierda haciendo que el carro de Carlos se meta en un parque conduciendo por la grama.
El Camaro se mete por el parque detrás de ellos. Ivelís ve la Corveta que se acerca por otro lado para cortarlos. Del Camaro disparan y el cristal de atrás de Carlos explota. Este se tira a un lado por puro instinto cubriéndose la cabeza y Zahíra le agarra el guía luchando para mantener el control y sacude a Carlos varias veces.
- ¡Coge el guía!
Él lo coge, pero está tieso, no da ni pa la derecha ni pa la izquierda y mantiene su cabeza debajo del cabezal de la silla.
- ¡Mami me va a matar!
- ¡Que haga fila!
Ella saca de su mochila un revólver, se voltea en el mismo asiento y dispara para atrás haciendo explotar el cristal delantero del carro de Troche. De allá disparan. Ella y Carlos se cubren con los asientos, y una de las balas destruye el cristal delantero. Ella dispara para atrás y Carlos pega los frenos cuando. La corveta les bloquea el paso y Zahíra sale volando por el marco y cae en la grama a dos pies del bumper de la Corveta.
Troche detiene el Camaro y sale, mientras de la Corveta abren la puerta Mistel y Gancho y comienzan a salir del carro, pero Ivelís hace un flip y cae en el techo donde hace un Split y, usando una mano como pivote, gira como helicóptero pateando a ambos cuando salían del vehículo.
Carlos está dentro del carro en shock al ver las piruetas de ella y Troche agarra el handle de la puerta. Zahíra cae al piso agarrando la pistola de uno de los que tumbó. Troche la ve y brinca detrás del carro justo cuando Zahíra dispara dos veces, impactando el bumper trasero del carro y la grama un poco más atrás. Gancho la agarra. Ella le mete un cabezazo y un codazo en el pecho. Troche sale de detrás del carro de Carlos corriendo rumbo a Zahíra, pero Carlos reacciona y abre la puerta y tumba a Troche al piso. Mistel rueda por encima del carro y agarra a Zahíra por los brazos y la cabeza, mientras Gancho la agarra por la cintura. Zahíra se sacude como una fiera y Gancho rueda por el suelo y tira a Mistel de espaldas a la grama. Troche saca a Carlos del carro a punta de pistola y grita.
- ¡Puta!
Al ella ver a Carlos a punta del cañón de Troche pega un grito de espanto.
- ¡No! ¡El no tiene nada que ver en esto!
- ¡No me importa!
Sin pensarlo dos veces, nerviosa y hasta llorando al ver a Carlos amenazado, ella levanta los brazos y se pone de rodillas.
- ¡Ok! ¡Me rindo! ¡No le hagan nada!
Gancho y Mistel le amarran las manos a la espalda. Troche hace lo mismo con las manos de Carlos y lo golpea en la cara, partiéndole un labio. Entonces le grita a Zahíra.
- ¡El va conmigo! ¡Si tratas de escapar, lo mato!
Gancho y Mistel montan a Zahíra en la Corveta, mientras Carlos y Troche se montan en el carro del primero. Enciende el motor y le muestra la pistola a Carlos.
- ¿Ves esto verdad? Si me jodes, la vaciaré en tu cabeza.
Entonces acelera.
- ¿Por qué? ¡Podían llevarse el carro! ¡Nosotros no hubiéramos dicho nada!
- ¿Tu crees que esto es un carjacking? Estoy seguro que no tienes idea de lo puta que es tu novia.
Se ve conflicto en la cara de Carlos y dos segundos después reacciona con duda en su voz.
- ¡No! ¡Se equivocaron de mujer!
Los tres carros llegan hasta la parte de atrás del almacén donde se estacionan.Gancho y Mistel salen con Zahíra a punta de pistola, mientras Troche tiene que sacar a Carlos del carro, también con el cañón en la nuca. Piojo sale del Camaro y se les une. Zahíra busca la mirada de Carlos, pero este mantiene la suya en el piso todo el tiempo.
Zahíra es arrastrada hasta el centro del almacén donde le amarran las manos al techo con el otro extremo de esa soga atada en forma de lazo al cuello de Carlos, quien tiene las manos atadas a la espalda. Este se ve aterrado y se desespera por la sensación de inmovilidad pues el lazo de su cuello está tan bien ajustado que un movimiento en falso y quedaría asfixiado, o se le dislocaría el cuello.
Más presión confronta ella, pues si baja los brazos un chililín estrangulará a su amado. Troche y sus dos amigos guardan las pistolas y sacan puñales con los que le arrancan el chaleco, la falda, la camisa blanca, los panti y el brasier. Entonces guardan los cuchillos admirando el espectacular cuerpo desnudo e indefenso de la asesina.
Ella trinca sus músculos, pero no puede forcejear con las sogas y tiene que mantener el balance. Ellos se aprovechan del cuerpo de la joven. Le chupan y le aprietan los senos.Le lamen la espalda y las piernas. La besan en el cuello. Todos a la vez. Troche baja con la lengua todo el trayecto desde las tetas hasta la crica. Se desabrocha el pantalón sus amigos lo porrean.
- Go, Troche! Go, Troche! Go, Troche!
Troche la agarra por la cintura y se la clava.
Ella cruje trinca hasta más no poder.
Sus brazos y piernas le tiemblan. Cascadas de sudor chorrean por todo su cuerpo. Sudor que cae en las lenguas de los panas de Troche, quien tras alcanzar su climax se sienta para que sus amigos también se den el gustazo con ella. Y mientras dos le agarran, besan y le lamen todo el cuerpo, el tercero se la está clavando con muchísimo gusto.
- ¡No puedo respirar! - grita Carlos.
Ella mira y ve que lo tiene casi guindando de la soga y con mucho esfuerzo endereza las piernas y su espalda y levanta las manos dos centímetros aflojando levemente el lazo en el cuello de Carlos permitiéndole respirar.
Capítulo - 5
Un camaro modelo clásico se detiene frente a la entrada VIP de Club Sensaciones, edificio que se destaca de sus deteriorados vecinos porque es el único que muestra "señales de vida". Un empleado de valé parking con un name tag en la camisa que dice - Charlie - abre la puerta y del interior sale Troche, un muchacho como en sus 30, rubio de pelo riso largo, atlético y una pantalla, vestido de manga larga y pantalón de vestir. Él le da un billete de cinco dólares al empleado, quien se monta en el auto y acelera para estacionarlo. Troche no se molesta en hacer la larga fila. Los bouncers lo saludan en confianza, le pasan un detector de metales por encimita y lo dejan entrar.
Luego de pasar una espesa cortina de humo de cigarrillo ve al fondo la tarima donde una bella rubia baila desnuda para el deleite de una docena de caballeros. Él va directo a la barra, sin desviar su mirada a las chicas semidesnudas que van y vienen y le dice al Bartender.
- Necesito hablar con Félix.
El Bartender le señala con la mano para que espere y sale por la parte de atrás de la barra.
- ¡Y ahora ante ustedes, la sensacional Zahíra! - anuncia el DJ.
Troche mira hacia la tarima al fondo del salón donde una joven de piel blanca y pelo negro largo salvaje, cubierta solamente por siete velos, seduce al público que rodea el redondel, al ritmo de una sensual danza egipcia. De aperitivo se desplaza de hombre en hombre, antes de pasar al próximo revela un muslo con una tirita donde le ponen su propina. Luego de terminar el círculo, se posisiona en el centro de la tarima, torciendo su cuerpo como culebra y lentamente se suelta los velos y los deja caer al suelo, quedando totalmente desnuda excepto por mini gistro que le cubre lo indispensable del área vaginal, y la tirita en el muslo derecho. Ella se agarra del tubo y roza su cuerpo con movimientos sugestivos que insitan a los caballeros que le pitan excitados.
Entonces ella va de cliente en cliente, baila un minuto frente a sus ojos, les restriega los senos, las piernas y las nalgas, en la cara. A cambio, cada cual le deja varios pesitos en la tirita. Como si se tratara de un gesto de amor, ella le sonríe, le da las gracias y le da un beso en la frente, para continuar con el próximo. La música comienza a desvanecerse justo cuando termina con el último caballero que rodea la tarima. Ella regresa al centro de la tarima, le tira besos y sonrisas a todos los varones, agarra la bata. La danza culmina y las luces se apagan. Los aplausos de los caballeros retumban por varios segundos. Cuando regresa la iluminación la chica ha sido sustituida por otra, esta colorá vestida en ropainterior de tigre, y al ritmo de una múscia salvaje baila para los machos.
En la barra, el Bartender regresa acompañado por Félix, quien le da la mano a Troche y le sirve un trago sin necesidad de preguntar lo que quiere.
- Troche. ¿Qué tal?
- Bien. Tommy cumple 21 esta noche. Su padre está de viaje. Así que decidimos hacerle un party en la casa. Quiero llevarle un regalo especial. ¡Que mejor que una mami para celebrar!
El dueño del club asiente con la cabeza y le dice a un Bouncer:
- Dile a Zahíra que venga acá.
El Bouncer va hasta la parte de atrás del salón y entra por una puerta que dice - NO ENTRE. EMPLEADOS SOLAMENTE.-
Un minuto después regresa acompañado por Zahíra, vestida con un llamativo traje rojo de tela lijera que tiende de dos tiritas sobre sus hombros. Su cuello, escote, espalda, brazos, y piernas están al descubierto.
- ¡Hola, soy Zahíra!
Troche sonríe evidentemente flechado por la belleza de la joven. Félix le informa:
- Él es Troche. Te va a llevar al cumpleaños de una persona muy importante. Quiero que le des lo mejor de ti.
Ella comprende y respira hondo disimulando su nerviosismo.
- ¡Será un placer!
La Mansión de la fiesta está en un vecindario de clase alta. De la estructura salen las vibraciones de la música que está a todo fuete adentro. Afuera hay una Corveta, un Mustang y un Porshé, a los que se les une el camaro de Troche.
Ambos se bajan y camina hasta la puerta. Él abre la puerta, dejando salir un golpe de música a todo fuete y una espesa nube de humo de cigarrillo.
- ¡Feliz cumpleaños, Tommy!
Ella aparece en la puerta, vestida con un llamativo traje rojo de tela lijera que tiende de dos tiritas sobre sus hombros. Su cuello, escote, espalda, brazos, y piernas están al descubierto.
- ¡Hola, soy Zahíra!
En la sala hay ocho muchachos bebiendo y bailando entre los que se encuentra uno de pelo castaño y look de surfer, llamado Tommy, quien se acerca a la chica, totalmente deslumbrado.
- ¡Troche, te pasaste esta vez!
Zahíra le sonríe. Tommy la hala por una mano y la lleva al centro de la sala, en donde bailan al son de un regue sexy. Luego, se la pasa a otro, quien la lleva hasta la próxima pieza. Ella pasa como un trompo de uno en uno, fingiendo todo el tiempo estar envuelta en la fiesta. Gancho toma fotos de la cuera con su cámara digital. Entonces Troche pone una música más suave, y erótica. Los nueve hombres forman un círculo alrededor de Zahíra, y esta comienza a bailar a lo streaper. Danza, rozando con Tommy de espaldas y levanta las tiritas de su traje poniéndolas en las manos de él, quien las echa a un lado, y el traje se desliza hasta el piso descubriendo el cuerpo desnudo de la doncella.
- ¿Cuánto cobras por ir arriba?
- Tú eres gratis. Ellos pagarán extra.
Eso lo complace, y les dice a sus amigos.
- ¡Compermiso!
Ellos gritan excitados. Tommy lleva a la joven a la habitación de sus padres y cierra la puerta, mientras Zahíra va hasta la cama y lo espera acostada, tendida boca arriba. Él va donde ella. La besa en el cuello. Le agarra los senos para chupárselos con gusto. Sigue comiéndose la piel de la barriga, mete la lengua en el ombligo. Llega al área púbica y le da lengua.
Ella gime repetidas veces estremeciéndose. Él se acuesta sobre ella, quien cruje al sentirlo penetrar. Él se mueve exitado, ardiendo en pasión. Ella lo abraza. Cruza las piernas por encima de él, con fuerza. Sus gemidos salen desde sus entrañas. A medida que él se mueve con mayor intensidad, ella aumenta la presión de sus brazos y piernas, hasta que Tommy se queja.
- ¡Ya está bien! ¡No puedo respirar!
Ella lo besa en la boca y lo mantiene enchufado... los gritos del joven no salen de la boca de ella, quien aprieta más sus extremidades. Su rostro se transformó de seductora a una serpiente. Al joven le dan escalofríos. No puede respirar y trata de zafarse pero los tentáculos de ella están trancados Alrededor de su cuerpo. La falta de aire lo desespera y se sacude paniqueado.
Poco a poco siente como todo se nubla aceleradamente. Ella siente que poco a poco la resistencia de Tommy disminuye, hasta que se esmonguilla. Abajo, los muchachos siguen bailando, bebiendo y dándose pases de coca, excepto Troche, quien pasa la bandejita de polvo al siguiente. Uno de los muchachos, apodado Gancho, le grita al techo.
- ¡Toommyyyy, deja algo pa nosotros!
En el cuarto, Zahíra acomoda a Tommy en la cama como si estuviera durmiendo y lo arropa hasta el cuello. Abajo, otro de los muchachos, Piojo, que no le llega a los codos a ninguno de ellos, pero está igual o más encendío que los demás, se pone serio de momento y habla como todo un intelectual.
- ¡Tengo una idea!
A medida que habla, la seriedad se va desmoronando y cayendo en relajo total.
- ¡Vamos a espiarlos!
Todos se ríen y brindan por la idea, y suben las escaleras corriendo.
Zahíra acomoda a Tommy en la cama como si estuviera durmiendo y lo arropa hasta el cuello. Entonces siente vibraciones en el suelo y ve sombras por debajo de la puerta. Agarra una sábana de la cama y sale al balcón. La puerta del cuarto se abre lentamente y Piojo asoma la cabeza y al ver todo apagado abre la puerta de par a par y todos entran encontrando a Tommy en la cama.
- ¡Diablo, debió sacarle el alma!
Troche sale y llega hasta la baranda y mira la calle, los tres carros (una Corveta, un Camaro y un Mustang), estacionados en la calle junto a la acera, y los alrededores de la casa, sin ver a nadie. Debajo de sus pies y cubierta por el alero del balcón, está Zahíra, embollada en la sábana, y pegada a la pared. Ella escucha que los pasos de Troche regresan al cuarto. Y escucha cuando le da la mala noticia a los otros.
- ¡La puta se fue! - les informa Troche.
Ella camina cabizbaja y cuando apenas va por la acerca escucha gritos provenientes del cuarto.
- ¡Está muerto! ¡Dios mío, está muerto!
Troche corre donde Gancho y le tapa la boca.
- ¡Baja la voz! ¿Quieres que toda la calle se entere?
Otro de los muchachos, Mistel, mira fijamente el cadáver desarropado de Tommy y dice en voz baja.
- ¡Nos jodimos! ¡Cuando el doc se entere nos va a freír!
Piojo se acerca al cadáver de Tommy, con los ojos hinchados, pero sereno y en control de sus emociones.
- ¡Ella lo mató! ¡Vamos a buscarla!
Todos los muchachos salen del cuarto corriendo.
Una cabizbaja Zahíra, envuelta en la sábana, deambula por un parque cercano a paso bien lento, cruzándolo por el mismo medio, el cual está a oscuras. Se sienta en un banquito de cemento y hunde su cabeza entre sus hombros.
- ¡Ahí está la puta!
Ella ve que cuatro muchachos entran corriendo al parque. Se levanta y corre en huida. Por otro extremo del parque entra el otro bando de cuatro. La ruta hacia la que Zahíra está corriendo es bloqueada por una verja de aluminio la cual ella comienza a escalar, pero el primer grupo de muchachos la alcanza, Gancho la agarra por la cintura y la tira para atrás contra el piso.
Ella hace un filp y cae de pie, les tira la sábana cubriendo a los cuatro como si fuera una red y tira una patada que los tumba como dominós, para luego brincar y plantar sus talones en las cabezas de los dos del medio, caer sentada e impactar con los codos a los dos de los extremos. Por el rabo del ojo ella ve que se acerca el otro grupo, ella hala la sábana, dejando al primer bonche aturdido en el suelo, y se la tira a los que se acercan, desplegándose como una cortina entre ellos y ella, quien salta detrás de la sábana. Mistel va a la cabeza del grupo, saca la sábana del medio de un tirón y recibe un punta pie de la joven en la frente. Mientras Mistel se desploma, Zahíra usa sus hombros para impulsarse sobre los otros tres, a uno le amarra sus piernas alrededor del cuello y lo asfixia y a los otros dos los achueca cabeza con cabeza.
Ella recupera la sábana y corre hasta salir del parque y virar en una calle donde hay dos muchachos conversando con cervezas en la manos frente a una de las casas de clase media. Ambos interrumpen su tertulia y se quedan eslembaos mirando a esa belleza embollada en una sábana pasar caminando entre los dos para luego cruzar de un lado a otro de la calle y seguir andando hasta doblar en otra esquina y desaparecer en la oscuridad.
De la ducha sale agua, que cae sobre la cabeza de pelo negro que está inclinada hacia abajo, guindando del cuello entre sus hombros cuyos brazos están contra la pared soportando casi todo el peso de su cuerpo con los ojos cerrados. Por los lados de sus cabellos bajan cascadas que llegan hasta el fondo de la bañera donde explotan. La piel en sus piernas, brazos y espalda muestran firmeza y solidez.
Zahíra sale del baño envuelta en una toalla y se sienta frente a un espejo a secarse el pelo con un blower. La perilla de la puerta gira, pero no abre. Entonces alguien toca. El ruido del blower bloquea el sonido. Esta vez golpea más fuerte.
- ¡Soy yo!
Ella lo oye y apaga el blower inmediatamente y va a abrir la puerta. Félix entra y cierra detrás suyo. Ella regresa frente al espejo y se peina.
- ¿Cómo te fue en la fiesta?
- Muy bien. Tommy está muerto. ¿Quién era él?
- El hijo de unos de los mafiosos más poderosos de la región. ¿Qué hiciste con los invitados?
- La misión era él. No pensé que fuera necesario matar a los demás!
Él le da un masaje en los hombros.
- ¡Todavía te falta mucho por aprender! - El la hala gentilmente por los brazos y ella se pone de pie. Él la mira a los ojos, con mirada seria, no de regaño, más bien de preocupación paternal. - ¡Nunca dejes testigos! Tarde o temprano volverán en busca de venganza.
Luego de pasar una espesa cortina de humo de cigarrillo ve al fondo la tarima donde una bella rubia baila desnuda para el deleite de una docena de caballeros. Él va directo a la barra, sin desviar su mirada a las chicas semidesnudas que van y vienen y le dice al Bartender.
- Necesito hablar con Félix.
El Bartender le señala con la mano para que espere y sale por la parte de atrás de la barra.
- ¡Y ahora ante ustedes, la sensacional Zahíra! - anuncia el DJ.
Troche mira hacia la tarima al fondo del salón donde una joven de piel blanca y pelo negro largo salvaje, cubierta solamente por siete velos, seduce al público que rodea el redondel, al ritmo de una sensual danza egipcia. De aperitivo se desplaza de hombre en hombre, antes de pasar al próximo revela un muslo con una tirita donde le ponen su propina. Luego de terminar el círculo, se posisiona en el centro de la tarima, torciendo su cuerpo como culebra y lentamente se suelta los velos y los deja caer al suelo, quedando totalmente desnuda excepto por mini gistro que le cubre lo indispensable del área vaginal, y la tirita en el muslo derecho. Ella se agarra del tubo y roza su cuerpo con movimientos sugestivos que insitan a los caballeros que le pitan excitados.
Entonces ella va de cliente en cliente, baila un minuto frente a sus ojos, les restriega los senos, las piernas y las nalgas, en la cara. A cambio, cada cual le deja varios pesitos en la tirita. Como si se tratara de un gesto de amor, ella le sonríe, le da las gracias y le da un beso en la frente, para continuar con el próximo. La música comienza a desvanecerse justo cuando termina con el último caballero que rodea la tarima. Ella regresa al centro de la tarima, le tira besos y sonrisas a todos los varones, agarra la bata. La danza culmina y las luces se apagan. Los aplausos de los caballeros retumban por varios segundos. Cuando regresa la iluminación la chica ha sido sustituida por otra, esta colorá vestida en ropainterior de tigre, y al ritmo de una múscia salvaje baila para los machos.
En la barra, el Bartender regresa acompañado por Félix, quien le da la mano a Troche y le sirve un trago sin necesidad de preguntar lo que quiere.
- Troche. ¿Qué tal?
- Bien. Tommy cumple 21 esta noche. Su padre está de viaje. Así que decidimos hacerle un party en la casa. Quiero llevarle un regalo especial. ¡Que mejor que una mami para celebrar!
El dueño del club asiente con la cabeza y le dice a un Bouncer:
- Dile a Zahíra que venga acá.
El Bouncer va hasta la parte de atrás del salón y entra por una puerta que dice - NO ENTRE. EMPLEADOS SOLAMENTE.-
Un minuto después regresa acompañado por Zahíra, vestida con un llamativo traje rojo de tela lijera que tiende de dos tiritas sobre sus hombros. Su cuello, escote, espalda, brazos, y piernas están al descubierto.
- ¡Hola, soy Zahíra!
Troche sonríe evidentemente flechado por la belleza de la joven. Félix le informa:
- Él es Troche. Te va a llevar al cumpleaños de una persona muy importante. Quiero que le des lo mejor de ti.
Ella comprende y respira hondo disimulando su nerviosismo.
- ¡Será un placer!
La Mansión de la fiesta está en un vecindario de clase alta. De la estructura salen las vibraciones de la música que está a todo fuete adentro. Afuera hay una Corveta, un Mustang y un Porshé, a los que se les une el camaro de Troche.
Ambos se bajan y camina hasta la puerta. Él abre la puerta, dejando salir un golpe de música a todo fuete y una espesa nube de humo de cigarrillo.
- ¡Feliz cumpleaños, Tommy!
Ella aparece en la puerta, vestida con un llamativo traje rojo de tela lijera que tiende de dos tiritas sobre sus hombros. Su cuello, escote, espalda, brazos, y piernas están al descubierto.
- ¡Hola, soy Zahíra!
En la sala hay ocho muchachos bebiendo y bailando entre los que se encuentra uno de pelo castaño y look de surfer, llamado Tommy, quien se acerca a la chica, totalmente deslumbrado.
- ¡Troche, te pasaste esta vez!
Zahíra le sonríe. Tommy la hala por una mano y la lleva al centro de la sala, en donde bailan al son de un regue sexy. Luego, se la pasa a otro, quien la lleva hasta la próxima pieza. Ella pasa como un trompo de uno en uno, fingiendo todo el tiempo estar envuelta en la fiesta. Gancho toma fotos de la cuera con su cámara digital. Entonces Troche pone una música más suave, y erótica. Los nueve hombres forman un círculo alrededor de Zahíra, y esta comienza a bailar a lo streaper. Danza, rozando con Tommy de espaldas y levanta las tiritas de su traje poniéndolas en las manos de él, quien las echa a un lado, y el traje se desliza hasta el piso descubriendo el cuerpo desnudo de la doncella.
- ¿Cuánto cobras por ir arriba?
- Tú eres gratis. Ellos pagarán extra.
Eso lo complace, y les dice a sus amigos.
- ¡Compermiso!
Ellos gritan excitados. Tommy lleva a la joven a la habitación de sus padres y cierra la puerta, mientras Zahíra va hasta la cama y lo espera acostada, tendida boca arriba. Él va donde ella. La besa en el cuello. Le agarra los senos para chupárselos con gusto. Sigue comiéndose la piel de la barriga, mete la lengua en el ombligo. Llega al área púbica y le da lengua.
Ella gime repetidas veces estremeciéndose. Él se acuesta sobre ella, quien cruje al sentirlo penetrar. Él se mueve exitado, ardiendo en pasión. Ella lo abraza. Cruza las piernas por encima de él, con fuerza. Sus gemidos salen desde sus entrañas. A medida que él se mueve con mayor intensidad, ella aumenta la presión de sus brazos y piernas, hasta que Tommy se queja.
- ¡Ya está bien! ¡No puedo respirar!
Ella lo besa en la boca y lo mantiene enchufado... los gritos del joven no salen de la boca de ella, quien aprieta más sus extremidades. Su rostro se transformó de seductora a una serpiente. Al joven le dan escalofríos. No puede respirar y trata de zafarse pero los tentáculos de ella están trancados Alrededor de su cuerpo. La falta de aire lo desespera y se sacude paniqueado.
Poco a poco siente como todo se nubla aceleradamente. Ella siente que poco a poco la resistencia de Tommy disminuye, hasta que se esmonguilla. Abajo, los muchachos siguen bailando, bebiendo y dándose pases de coca, excepto Troche, quien pasa la bandejita de polvo al siguiente. Uno de los muchachos, apodado Gancho, le grita al techo.
- ¡Toommyyyy, deja algo pa nosotros!
En el cuarto, Zahíra acomoda a Tommy en la cama como si estuviera durmiendo y lo arropa hasta el cuello. Abajo, otro de los muchachos, Piojo, que no le llega a los codos a ninguno de ellos, pero está igual o más encendío que los demás, se pone serio de momento y habla como todo un intelectual.
- ¡Tengo una idea!
A medida que habla, la seriedad se va desmoronando y cayendo en relajo total.
- ¡Vamos a espiarlos!
Todos se ríen y brindan por la idea, y suben las escaleras corriendo.
Zahíra acomoda a Tommy en la cama como si estuviera durmiendo y lo arropa hasta el cuello. Entonces siente vibraciones en el suelo y ve sombras por debajo de la puerta. Agarra una sábana de la cama y sale al balcón. La puerta del cuarto se abre lentamente y Piojo asoma la cabeza y al ver todo apagado abre la puerta de par a par y todos entran encontrando a Tommy en la cama.
- ¡Diablo, debió sacarle el alma!
Troche sale y llega hasta la baranda y mira la calle, los tres carros (una Corveta, un Camaro y un Mustang), estacionados en la calle junto a la acera, y los alrededores de la casa, sin ver a nadie. Debajo de sus pies y cubierta por el alero del balcón, está Zahíra, embollada en la sábana, y pegada a la pared. Ella escucha que los pasos de Troche regresan al cuarto. Y escucha cuando le da la mala noticia a los otros.
- ¡La puta se fue! - les informa Troche.
Ella camina cabizbaja y cuando apenas va por la acerca escucha gritos provenientes del cuarto.
- ¡Está muerto! ¡Dios mío, está muerto!
Troche corre donde Gancho y le tapa la boca.
- ¡Baja la voz! ¿Quieres que toda la calle se entere?
Otro de los muchachos, Mistel, mira fijamente el cadáver desarropado de Tommy y dice en voz baja.
- ¡Nos jodimos! ¡Cuando el doc se entere nos va a freír!
Piojo se acerca al cadáver de Tommy, con los ojos hinchados, pero sereno y en control de sus emociones.
- ¡Ella lo mató! ¡Vamos a buscarla!
Todos los muchachos salen del cuarto corriendo.
Una cabizbaja Zahíra, envuelta en la sábana, deambula por un parque cercano a paso bien lento, cruzándolo por el mismo medio, el cual está a oscuras. Se sienta en un banquito de cemento y hunde su cabeza entre sus hombros.
- ¡Ahí está la puta!
Ella ve que cuatro muchachos entran corriendo al parque. Se levanta y corre en huida. Por otro extremo del parque entra el otro bando de cuatro. La ruta hacia la que Zahíra está corriendo es bloqueada por una verja de aluminio la cual ella comienza a escalar, pero el primer grupo de muchachos la alcanza, Gancho la agarra por la cintura y la tira para atrás contra el piso.
Ella hace un filp y cae de pie, les tira la sábana cubriendo a los cuatro como si fuera una red y tira una patada que los tumba como dominós, para luego brincar y plantar sus talones en las cabezas de los dos del medio, caer sentada e impactar con los codos a los dos de los extremos. Por el rabo del ojo ella ve que se acerca el otro grupo, ella hala la sábana, dejando al primer bonche aturdido en el suelo, y se la tira a los que se acercan, desplegándose como una cortina entre ellos y ella, quien salta detrás de la sábana. Mistel va a la cabeza del grupo, saca la sábana del medio de un tirón y recibe un punta pie de la joven en la frente. Mientras Mistel se desploma, Zahíra usa sus hombros para impulsarse sobre los otros tres, a uno le amarra sus piernas alrededor del cuello y lo asfixia y a los otros dos los achueca cabeza con cabeza.
Ella recupera la sábana y corre hasta salir del parque y virar en una calle donde hay dos muchachos conversando con cervezas en la manos frente a una de las casas de clase media. Ambos interrumpen su tertulia y se quedan eslembaos mirando a esa belleza embollada en una sábana pasar caminando entre los dos para luego cruzar de un lado a otro de la calle y seguir andando hasta doblar en otra esquina y desaparecer en la oscuridad.
De la ducha sale agua, que cae sobre la cabeza de pelo negro que está inclinada hacia abajo, guindando del cuello entre sus hombros cuyos brazos están contra la pared soportando casi todo el peso de su cuerpo con los ojos cerrados. Por los lados de sus cabellos bajan cascadas que llegan hasta el fondo de la bañera donde explotan. La piel en sus piernas, brazos y espalda muestran firmeza y solidez.
Zahíra sale del baño envuelta en una toalla y se sienta frente a un espejo a secarse el pelo con un blower. La perilla de la puerta gira, pero no abre. Entonces alguien toca. El ruido del blower bloquea el sonido. Esta vez golpea más fuerte.
- ¡Soy yo!
Ella lo oye y apaga el blower inmediatamente y va a abrir la puerta. Félix entra y cierra detrás suyo. Ella regresa frente al espejo y se peina.
- ¿Cómo te fue en la fiesta?
- Muy bien. Tommy está muerto. ¿Quién era él?
- El hijo de unos de los mafiosos más poderosos de la región. ¿Qué hiciste con los invitados?
- La misión era él. No pensé que fuera necesario matar a los demás!
Él le da un masaje en los hombros.
- ¡Todavía te falta mucho por aprender! - El la hala gentilmente por los brazos y ella se pone de pie. Él la mira a los ojos, con mirada seria, no de regaño, más bien de preocupación paternal. - ¡Nunca dejes testigos! Tarde o temprano volverán en busca de venganza.
Capítulo - 4
Ivelís termina de contarle a Félix, quien reacciona impresionado.
- ¿Esa fuiste tu?
- ¡Ujum!
Él se le acerca y le levanta la cara con una mano.
- ¿Tu crees que hiciste algo malo?
- ¡He matado a dos hombres! ¡Sin ningún cargo de consciencia! ¡Voy a ir al infierno! ¡Me van a meter presa!
Él la mira con más profundidad.
- ¿Tu sientes que hiciste algo malo?
Ella lo mira a los ojos y mueve la cabeza para los lados y entonces explota histérica.
- ¡Lo que siento no tiene sentido! ¡Me siento caliente! ¡Excitada! ¡Emocionada! ¡Libre! ¡Lo mismo sentí la primera vez!
- ¡Esos son tus instintos! Tu alma. ¿No te das cuenta? ¡Estás descubriendo quién eres de verdad! Eso que haces en la tarima, la forma como hipnotizas a los hombres, el fuego que sientes ahora por dentro, todo eso nace de ti. ¡Es tu naturaleza! Cuando un hombre te desea y quiere aprovecharse de ti, tu eres la que tiene el poder sobre él. Él no está pensando. Es un animal poseído por sus instintos. Puedes hacer con él lo que te de la gana. Aprende a usar esa ventaja. Tu cuerpo es tu mejor arma.
- ¡Pero va en contra de Dios; de la leyes! ¡Soy una criminal!
- La ley es un pedazo de papel creada por los ricos para controlar a los pobres que nada tiene que ver con justicia social ni derechos humanos. ¡Para mí eres una heroína!
Ella lo mira más confundida que nunca.
- ¡Solo piensa en todas las mujeres que no han sido secuestradas y violadas gracias a ti! ¡Piensa en todas las vidas que no serán arruinadas a partir de hoy!
Un pequeño brillo nace en la mirada de Zahíra. Él se sienta a su lado.
- ¿Tu crees en el destino?
- ¡La maldición será! ¡Mi vida ha sido una maldición tras otra!
- Yo creo que todos venimos a este mundo con un propósito. ¡Tu naciste para esto! Y ahora más que nunca estoy convencido de que el destino nos juntó por una razón. ¡Nos podemos ayudar mútuamente!
Ella lo mira intrigada.
- ¿Cómo?
- Hay muchas vidas inocentes que puedes salvar, incluyendo la mía, y las de este club. Puede que yo no corra un negocio totalmente legítimo, pero es un negocio limpio, honesto e inofensivo que brinda un servicio a la sociedad. Por eso es que las autoridades no nos molestan y los jueces se la pasan aquí todo el tiempo. Él se levanta y camina hasta la pared. Pero hay mucha gente mala allá afuera. Gente que no el importa a quien destruyan por dinero. Esa es la gente que secuestra niñas, que mata gente inocente, que envicia a los jóvenes en las drogas. Los que forman tiroteos en las calles. Yo sé quiénes son y cómo llegar a ellos.
- ¡Entonces denuncielos a la policía!
- En este mundo la única ley es la vida.
- ¡Pues ve y mátalos!
- ¡No pasaría de los guardaespaldas! Es casi imposible llegar a ellos. Pero todos tienen el mismo punto débil. ¡Mujeres y sexo! Una mujer podría lograr lo que ningún gatillero; penetrar las defensas del mafioso, llevarlo a un cuarto privado, matarlo en el climax de la pasión, y escapar sin que sus guardaespaldas se den cuenta. Ella se levanta histérica.
- ¡¿Quieres que yo los mate?! ¡Yo no soy tu asesina!
- ¡No es asesinato, es justicia!
Ella se recuesta de la pared cabizbaja.
- ¡No puedo hacerlo!
- ¡Si me ayudas en esto, yo te puedo ayudar a salir del barrio y comenzar a vivir como gente descente!
Ella lo mira de nuevo con brillo en los ojos.
Tata es dada de alta.
Ivelís la lleva en una silla de ruedas hasta la calle donde Mario las espera frente al carro. Los sigue el doctor luciendo contento.
- ¡Muchas gracias doctor! - dice la vieja. - Ha sido muy amable y atento.
- No tiene nada que agradecer. Me alegra mucho haberla ayudado. Pero ahora es responsabilidad de su familia continuar el tratamiento en la casa.
Mario le dice: - No se preocupe. Lo seguiré al pie de la letra.
Él acomoda a Tata en el carro. El doctor le dice a Ivelís al oído.
- Todavía quedan unos asuntos que arreglar.
Ivelís respira hondo disfrazando su coraje con una sonrisa y le dice a Mario.
- Ustedes vayan adelante. Yo después voy a pie. Tengo unas diligencias que atender en el pueblo.
La mirada de Mario va de Ivelís al doctor y se monta en el carro. Tata le dice adiós al doctor y Mario acelera doblando en una curva. Entonces Ivelís se voltea y le cuestiona al galeno con coraje de león.
- ¡Ok, qué carajos se inventó ahora! ¡Ya pagué todo lo que había que pagar!
Él mantiene la compostura seria y profesional, y le dice sin mirarla a los ojos, pendiente a sus alrededores para que nadie escuche o les preste atención.
- Todavía faltan medicinas, máquinas de oxígeno, muy costosas, citas de seguimiento... Su madre está en un delicado estado de salud... nunca está demás tener un médico on-call. Además, las condiciones en las que esa señora llegó aquí es clara evidencia de negligencia. Si ese expediente cayera en manos de las autoridades podrían pensar que se trata de maltrato y meter a su padre en la cárcel.
- ¿Sería capaz?
- Sería capaz de proteger ese expediente con mi vida.
Ella respira hondo y camina de lado a lado.
- ¡Ok, vamos!
- No, aquí no. - él le pone un papel en la mano justo cuando un grupo de doctores le pasan por detrás para entrar a la Sala de Emergencias. - Me alegra mucho que su madre se haya recuperado. ¡Buena suerte!
Él da media vuelta, se mezcla entre los galenos y entran todos juntos haciendo chistes.
Ella abre al papel, que dice “8:00pm, esta noche” y una dirección.
Ivelís llega a su casa y va derechito al cuarto de Tata. La vieja está en la cama durmiendo con una vaporizador al lado de la cama. Aún así toce de vez en cuando. Mario se acerca por detrás de la joven.
- Creo que debimos haberla mantenido un par de días más en el hospital. - suena preocupado. - Nosotros no podemos replicar las condiciones saludables para que ella se cure.
Ella no emite comentarios, pues sabe lo difícil que es todos esto para Mario, pero la idea de otra hospitalización y seguir dependiendo de ese doctor no le simpatiza. En vez ella baja la cabeza y dice, - Voy a dormir. Llevo días sin un par de horas corridas de sueño.
- ¡Sí, ve y duerme! Has hecho más en estos días de lo que jamás te hubiera pedido.
Ellos se miran a los ojos y se dan un abrazo.
- Lo haré cuantas veces sea necesario. - dice ella. Entonces se va a su cuarto y se zambulle en la cama a las 2:37 de la tarde, según el reloj que está sobre la mesa al lado de la cama.
A las 7:30 de la noche la alarma suena despertándola del profundo sueño en el que estaba inmersa. Le toma varios minutos orientarse y recordar por qué puso la alarma para despertar de noche. Entonces se acuerda. Tiene que trabajar. Solo que esta vez tiene que hacer una parada antes.
A las 8:45, ella llega a la dirección escrita en el papel que le dio el doctor y toca el timbre de la puerta. Él abre, sus ojos escaneando la calle y el vecindario y hala a Ivelís adentro y cierra la puerta.
- ¡Te puse en la nota a las ocho en punto!
- ¡Sorry, se me pegó la sábana! Además cuál es la prisa.
- En mi profesión pueden pasar muchas cosas en 45 minutos.
Ella camina por la sala comprobando lo que ya sospechaba, que este médico vive solo y no es de muchos amigos.
- ¿Hace esto a menudo?
Él le sigue los pasos de cerca. Se pone más ansioso a cada segundo.
- Me gusta ser buen samaritano con los pobres. Frecuentemente, las alternativas de pago se reducen a ninguna de las tradicionales... pero me gusta pensar fuera del círculo, así que trato de sugerir opciones no tradicionales como ésta. Digamos un plan médico extraoficial.
Ella se le acerca. - Sí, entiendo. ¿Y cuales son los términos de este plan médico?
Le desabotona la camisa.
El contesta. - Ven tres veces en semana y yo me encargo de cualquier cuenta en el hospital para siempre.
Ella lo empuja para que caiga acostado en el sofá. Ella se quita la camisa y el pantalón corto. Se quita el sostén y el gistro. Le gatea por encima totalmente desnuda y lo besa en la boca mientras le aruña el pecho. Se le acuesta encima comiéndose la piel de su cuello a besos. Él está sudando y la abraza ardiendo en pasión. Se caen al suelo, él ahora está encima de ella y la penetra con placer.
Ivelís tiene flashbacks de cuando fue violada por los enmascarados y recuerda palabras de Félix, “¡Piensa en todas las vidas que no serán arruinadas a partir de hoy!”.
Ella le pasa los brazos por encima y le amarra la cintura con sus piernas, mientras él se mueve entregado a la lujuria. Ella aprieta sus músculos hasta que él comienza a quejarse. Primero lo toma como parte del juego sexual, pero llega un punto en que le duele el cuello, y las costillas y la cadera de verdad y se le dificulta respirar.
- ¡Oye, afloja un poquito!
Pero ella no hace caso y aprieta más sus extremidades, como una anaconda. Él trata de escurrirse y de quitarse los brazos o las piernas, pero están solidamente trancados y entonces comienza a preocuparse.
- ¡Ok, suéltame! ... ¡Que me sueltes coño! ... ¡Carajos suéltame!
Ella lo enchufa con un beso para silenciar sus gritos. Él se desespera y rueda por el suelo violentamente y la golpea y jamaquea con fuerza bruta. La presión que ella pone en sus extremidades es intolerable. Él no puede respirar y siente como la vida se nubla. Sus ojos rojos como el tomate Entonces exhala y todo su cuerpo se afloja. Ella espera unos segundos y entonces lo suelta y se lo quita de encima.
Ella se sienta en el sofá y mira el cadáver en silencio por un buen rato y recuerda otra vez las palabras de Félix, “Piensa en todas las vidas que no serán arruinadas a partir de hoy.”
Entonces se viste, va al baño, se arregla y sale por la misma puerta que entró.
- ¿Esa fuiste tu?
- ¡Ujum!
Él se le acerca y le levanta la cara con una mano.
- ¿Tu crees que hiciste algo malo?
- ¡He matado a dos hombres! ¡Sin ningún cargo de consciencia! ¡Voy a ir al infierno! ¡Me van a meter presa!
Él la mira con más profundidad.
- ¿Tu sientes que hiciste algo malo?
Ella lo mira a los ojos y mueve la cabeza para los lados y entonces explota histérica.
- ¡Lo que siento no tiene sentido! ¡Me siento caliente! ¡Excitada! ¡Emocionada! ¡Libre! ¡Lo mismo sentí la primera vez!
- ¡Esos son tus instintos! Tu alma. ¿No te das cuenta? ¡Estás descubriendo quién eres de verdad! Eso que haces en la tarima, la forma como hipnotizas a los hombres, el fuego que sientes ahora por dentro, todo eso nace de ti. ¡Es tu naturaleza! Cuando un hombre te desea y quiere aprovecharse de ti, tu eres la que tiene el poder sobre él. Él no está pensando. Es un animal poseído por sus instintos. Puedes hacer con él lo que te de la gana. Aprende a usar esa ventaja. Tu cuerpo es tu mejor arma.
- ¡Pero va en contra de Dios; de la leyes! ¡Soy una criminal!
- La ley es un pedazo de papel creada por los ricos para controlar a los pobres que nada tiene que ver con justicia social ni derechos humanos. ¡Para mí eres una heroína!
Ella lo mira más confundida que nunca.
- ¡Solo piensa en todas las mujeres que no han sido secuestradas y violadas gracias a ti! ¡Piensa en todas las vidas que no serán arruinadas a partir de hoy!
Un pequeño brillo nace en la mirada de Zahíra. Él se sienta a su lado.
- ¿Tu crees en el destino?
- ¡La maldición será! ¡Mi vida ha sido una maldición tras otra!
- Yo creo que todos venimos a este mundo con un propósito. ¡Tu naciste para esto! Y ahora más que nunca estoy convencido de que el destino nos juntó por una razón. ¡Nos podemos ayudar mútuamente!
Ella lo mira intrigada.
- ¿Cómo?
- Hay muchas vidas inocentes que puedes salvar, incluyendo la mía, y las de este club. Puede que yo no corra un negocio totalmente legítimo, pero es un negocio limpio, honesto e inofensivo que brinda un servicio a la sociedad. Por eso es que las autoridades no nos molestan y los jueces se la pasan aquí todo el tiempo. Él se levanta y camina hasta la pared. Pero hay mucha gente mala allá afuera. Gente que no el importa a quien destruyan por dinero. Esa es la gente que secuestra niñas, que mata gente inocente, que envicia a los jóvenes en las drogas. Los que forman tiroteos en las calles. Yo sé quiénes son y cómo llegar a ellos.
- ¡Entonces denuncielos a la policía!
- En este mundo la única ley es la vida.
- ¡Pues ve y mátalos!
- ¡No pasaría de los guardaespaldas! Es casi imposible llegar a ellos. Pero todos tienen el mismo punto débil. ¡Mujeres y sexo! Una mujer podría lograr lo que ningún gatillero; penetrar las defensas del mafioso, llevarlo a un cuarto privado, matarlo en el climax de la pasión, y escapar sin que sus guardaespaldas se den cuenta. Ella se levanta histérica.
- ¡¿Quieres que yo los mate?! ¡Yo no soy tu asesina!
- ¡No es asesinato, es justicia!
Ella se recuesta de la pared cabizbaja.
- ¡No puedo hacerlo!
- ¡Si me ayudas en esto, yo te puedo ayudar a salir del barrio y comenzar a vivir como gente descente!
Ella lo mira de nuevo con brillo en los ojos.
Tata es dada de alta.
Ivelís la lleva en una silla de ruedas hasta la calle donde Mario las espera frente al carro. Los sigue el doctor luciendo contento.
- ¡Muchas gracias doctor! - dice la vieja. - Ha sido muy amable y atento.
- No tiene nada que agradecer. Me alegra mucho haberla ayudado. Pero ahora es responsabilidad de su familia continuar el tratamiento en la casa.
Mario le dice: - No se preocupe. Lo seguiré al pie de la letra.
Él acomoda a Tata en el carro. El doctor le dice a Ivelís al oído.
- Todavía quedan unos asuntos que arreglar.
Ivelís respira hondo disfrazando su coraje con una sonrisa y le dice a Mario.
- Ustedes vayan adelante. Yo después voy a pie. Tengo unas diligencias que atender en el pueblo.
La mirada de Mario va de Ivelís al doctor y se monta en el carro. Tata le dice adiós al doctor y Mario acelera doblando en una curva. Entonces Ivelís se voltea y le cuestiona al galeno con coraje de león.
- ¡Ok, qué carajos se inventó ahora! ¡Ya pagué todo lo que había que pagar!
Él mantiene la compostura seria y profesional, y le dice sin mirarla a los ojos, pendiente a sus alrededores para que nadie escuche o les preste atención.
- Todavía faltan medicinas, máquinas de oxígeno, muy costosas, citas de seguimiento... Su madre está en un delicado estado de salud... nunca está demás tener un médico on-call. Además, las condiciones en las que esa señora llegó aquí es clara evidencia de negligencia. Si ese expediente cayera en manos de las autoridades podrían pensar que se trata de maltrato y meter a su padre en la cárcel.
- ¿Sería capaz?
- Sería capaz de proteger ese expediente con mi vida.
Ella respira hondo y camina de lado a lado.
- ¡Ok, vamos!
- No, aquí no. - él le pone un papel en la mano justo cuando un grupo de doctores le pasan por detrás para entrar a la Sala de Emergencias. - Me alegra mucho que su madre se haya recuperado. ¡Buena suerte!
Él da media vuelta, se mezcla entre los galenos y entran todos juntos haciendo chistes.
Ella abre al papel, que dice “8:00pm, esta noche” y una dirección.
Ivelís llega a su casa y va derechito al cuarto de Tata. La vieja está en la cama durmiendo con una vaporizador al lado de la cama. Aún así toce de vez en cuando. Mario se acerca por detrás de la joven.
- Creo que debimos haberla mantenido un par de días más en el hospital. - suena preocupado. - Nosotros no podemos replicar las condiciones saludables para que ella se cure.
Ella no emite comentarios, pues sabe lo difícil que es todos esto para Mario, pero la idea de otra hospitalización y seguir dependiendo de ese doctor no le simpatiza. En vez ella baja la cabeza y dice, - Voy a dormir. Llevo días sin un par de horas corridas de sueño.
- ¡Sí, ve y duerme! Has hecho más en estos días de lo que jamás te hubiera pedido.
Ellos se miran a los ojos y se dan un abrazo.
- Lo haré cuantas veces sea necesario. - dice ella. Entonces se va a su cuarto y se zambulle en la cama a las 2:37 de la tarde, según el reloj que está sobre la mesa al lado de la cama.
A las 7:30 de la noche la alarma suena despertándola del profundo sueño en el que estaba inmersa. Le toma varios minutos orientarse y recordar por qué puso la alarma para despertar de noche. Entonces se acuerda. Tiene que trabajar. Solo que esta vez tiene que hacer una parada antes.
A las 8:45, ella llega a la dirección escrita en el papel que le dio el doctor y toca el timbre de la puerta. Él abre, sus ojos escaneando la calle y el vecindario y hala a Ivelís adentro y cierra la puerta.
- ¡Te puse en la nota a las ocho en punto!
- ¡Sorry, se me pegó la sábana! Además cuál es la prisa.
- En mi profesión pueden pasar muchas cosas en 45 minutos.
Ella camina por la sala comprobando lo que ya sospechaba, que este médico vive solo y no es de muchos amigos.
- ¿Hace esto a menudo?
Él le sigue los pasos de cerca. Se pone más ansioso a cada segundo.
- Me gusta ser buen samaritano con los pobres. Frecuentemente, las alternativas de pago se reducen a ninguna de las tradicionales... pero me gusta pensar fuera del círculo, así que trato de sugerir opciones no tradicionales como ésta. Digamos un plan médico extraoficial.
Ella se le acerca. - Sí, entiendo. ¿Y cuales son los términos de este plan médico?
Le desabotona la camisa.
El contesta. - Ven tres veces en semana y yo me encargo de cualquier cuenta en el hospital para siempre.
Ella lo empuja para que caiga acostado en el sofá. Ella se quita la camisa y el pantalón corto. Se quita el sostén y el gistro. Le gatea por encima totalmente desnuda y lo besa en la boca mientras le aruña el pecho. Se le acuesta encima comiéndose la piel de su cuello a besos. Él está sudando y la abraza ardiendo en pasión. Se caen al suelo, él ahora está encima de ella y la penetra con placer.
Ivelís tiene flashbacks de cuando fue violada por los enmascarados y recuerda palabras de Félix, “¡Piensa en todas las vidas que no serán arruinadas a partir de hoy!”.
Ella le pasa los brazos por encima y le amarra la cintura con sus piernas, mientras él se mueve entregado a la lujuria. Ella aprieta sus músculos hasta que él comienza a quejarse. Primero lo toma como parte del juego sexual, pero llega un punto en que le duele el cuello, y las costillas y la cadera de verdad y se le dificulta respirar.
- ¡Oye, afloja un poquito!
Pero ella no hace caso y aprieta más sus extremidades, como una anaconda. Él trata de escurrirse y de quitarse los brazos o las piernas, pero están solidamente trancados y entonces comienza a preocuparse.
- ¡Ok, suéltame! ... ¡Que me sueltes coño! ... ¡Carajos suéltame!
Ella lo enchufa con un beso para silenciar sus gritos. Él se desespera y rueda por el suelo violentamente y la golpea y jamaquea con fuerza bruta. La presión que ella pone en sus extremidades es intolerable. Él no puede respirar y siente como la vida se nubla. Sus ojos rojos como el tomate Entonces exhala y todo su cuerpo se afloja. Ella espera unos segundos y entonces lo suelta y se lo quita de encima.
Ella se sienta en el sofá y mira el cadáver en silencio por un buen rato y recuerda otra vez las palabras de Félix, “Piensa en todas las vidas que no serán arruinadas a partir de hoy.”
Entonces se viste, va al baño, se arregla y sale por la misma puerta que entró.
Capítulo - 3
Una van blanca dobla en la esquina de una calle del casco del pueblo de Niap y el encapuchado que va en el asiento del pasajero señala a una muchacha que camina por la acera vestida de uniforme de escuela superior.
- ¡Mira, mira! ¡Esa está perfecta!
El chofer acelera hasta alcanzarla. La puerta lateral se abre y tres encapuchados saltan, la agarran por sorpresa, la cargan y la meten al vehículo, montándose todos otra vez. El conductor acelera y la van dobla en otra esquina mientras abordo la chica grita, muerde, pataletea, y se sacude desesperadamente, pero todo la están agarrando entre tres y no puede escapar.
Ella no sabía a donde la llevaban. Cuando el vehículo se detuvo y las puertas traseras se abrieron estaban dentro de un edificio viejo y abandonado, que parecía el peor de los infiernos pues habían decenas de chicas jóvenes como ella todas desnudas amarradas a mesas siendo violadas por hombres encapuchados. Los gritos y llantos de las muchachas hacían ecos desquisiantes en todo el almacén. Eran un montón. Más de los que podía contar.
A ella la arrastran hasta una mesa donde la acostaron boca arriba y le amarraron las manos y pies a las cuatro esquinas. La joven gritaba desesperada. Los nudo eran tan fuertes que sentía como machacaban los huesos de las muñecas y los tobillos. Le cortaron y arrancaron toda la ropa. Le quitaron hasta los zapatos y las medias. Estaba desnuda. Amarrada e indefensa. Cuatro hombres encapuchados se pararon alrededor de la mesa y comenzaron a manosearle el cuerpo. Las tetas. La barriga. La cara. Ella estaba histérica y por más que gritaba nadie venía a socorrerla. Y por la poca importancia que ellos le daban a sus gritos, era obvio que el edificio estaba lejos de todo.
Mientras unos le manoseaban el cuerpo, otros le chuparon las tetas, y le besaron el cuello. Y casi se vuelve loca cuando sintió una lengua en la crica. Entonces uno se le acostó encima, desvirginizándola. Gritó. Lloró. Suplicó. Todo en vano. El cabrón se movió dentro de ella hasta tener su orgazmo. Reposó sobre el cuerpo y se levantó. Luego vino el segundo a violarla. El tercero se lo metió también. El cuarto estuvo dentro de ella una eternidad. El quinto gozó luego. Y vino otro, y otro, y otro.
Mientras uno la violaba, los demás celebraban con pases de droga, bebiendo y bailando. La camioneta se fue y regresó varias veces, pero ella siempre tuvo a uno encima. Cada vez que la camioneta regresaba, otra chica a la que amarraban a otra mesa, desnudaban y violaban.
Perdió noción del tiempo. Aquella pesadilla parecía que nunca iba a terminar. Por más que trataba de ignorar lo que estaba pasando, de dormirse, o de imaginarse otra cosa, era imposible dejar de sufrir cada penetración. Ellos siguieron abusando de ella día y noche hasta que la deshidratación y desnutrición levantaron bandera y la chica comenzó a combulcionar. Su azuloso color de piel hacía evidente que la muerte se acercaba.
Los violadores la montaron en la camioneta, condujeron media hora y la arrojaron en un enorme zafacón industrial detrás de algún edificio de la zonametropólitana. Al medio día vino un camión de la basura que lo levantó con sus tenazas y arrojó todo su contenido en su parte de atrás. A las cinco de la tarde, el truck termina su día vaciando todos los desperdicios que recogió durante el día en el vertedero. En todo el proceso nadie se fijó en el cuerpo femenino que quedó parcialmente enterrado por la basura.
No fue hasta el otro día a eso de las nueve de la mañana que un pobre que se dedica a buscar tesoros se percató de que en el cielo tres auras volaban en círculo sobre esa montaña de basura. Entonces se fija que otras dos aves descienden del otro lado. Él le da la vuelta a los desperdicios y se asusta al ver el cuerpo desnudo de la joven siendo el desayuno de tres aves de rapiña y otras sabandijas.
- ¡Hey, hay una tipa aquí! - gritó. Él espanta las aves y las sabandijas y carga a la joven hasta un área más despejada donde le chequea el pulso. Una docena de busca tesoros como él y tres empleados se acercan corriendo.
Él les dice: - ¡Está un poquito viva!
Uno de los empleados ofrece su camioneta para montarla y llevarla al hospital. Allí la dejan en manos de los médicos y se van sin dar detalles.
Ella despierta de repente, con un fuerte respirón y ataque de pánico cuando un médico escuchaba sus latidos con el estetoscopio, mientras con la otra mano le revisaba el pulso en el cuello.
- ¡Nooo, no me toquen!
Ella patea al doctor y se levanta de un salto enredándose con los sueros y cables, y aún bajo los efectos de sedantes, caer rebentá al piso. Entonces Tata, una doña de 60 años que luce bastante avejentada, le coge las manos.
- ¡Ivelís, ya está bien! ¡Todo pasó!
Los ojos de la joven van de la vieja al doctor que se está levantando adolorido con la ayuda de Mario y una enfermera.
- ¡Tremenda fierita! - exclama el doctor.
La enfermera y el médico la ayudan a desenredarse, a levantarse y a acostarse otra vez en la cama.
- Estuviste desaparecida cuatro días.
- ¿Cómo llegué aquí?
- Unos basureros te encontraron moribunda en el vertedero y te trajeron enseguida. ¡Tienes suerte! Un poco más tarde y no te hubieramos podido resucitar. Nos tomó casi 48 horas estabilizarte.
- ¡No me siento con suerte!
Dos policías entran al cuarto. Ella sonríe al verlos. Tata está sentada junto a ella.
- Disculpen. Sabemos que están pasando por un momento difícil--
Ivelís va a decir: - Sss---
Pero Tata pica alfrente: - ¡Ay, no tiene idea de la angustia que mi esposo y yo hemos sentido todos estos días!
Los policías le dicen a la vieja.
- Necesitamos tomarle la declaración a su hija para poder iniciar la investigación y poner tras las rejas a los violadores.
La joven abre la boca para comenzar a contarles todo, pero los policías en ningún momento la miran. Tata acapara su atención diciendo.
- ¡No se molesten bendito! ¡No hace falta que investiguen!
La joven abre bien los ojos espantada por lo que está escuchando y abre la boca para protestar.
- ¡Pe---!
- ¡Son cosas que pasan! ¡Travesuras de jóvenes! ¿Para qué revolcar el avispero? ¡Esas cosas es mejor enterrarlas y olvidarlas!
Los policías se ven sorprendidos y mueven su vista hacia la joven quien está loca por hablar.
- ¿No van a radicar cargos?
- ¡Sí---! - dice Ivelís.
- ¿Cargos de qué? - interrumpe Tata. - Si de verdad no pasó nada. ¡Todo fue un susto!
Los ojos saltarines de la joven van de su mamá adoptiva a los policías. Respira con dificultad. Sin más remedio los policías se despidieron y se fueron. Tata los acompaña hasta la puerta y cierra. Entonces regresa donde la joven, quien le recrimina explotando en llantos.
- ¡¿Por qué?!
- ¡Lo siento! Si metemos a la Policía en esto va a ser peor. ¿Tu no quieres que esos bandidos nos maten por tu culpa verdad?
- Pe---
- ¡Sé cómo te sientes! ¡Quieres venganza! ¡Justicia! La vida es así. Injusticias. Todo ese coraje que tienes por dentro pronto pasará. ¡Vas a ver que pronto todo esto será un recuerdo bien chistoso!
Ivelís no lo podía creer. Los cabrones que abusaron de ella por una semana iban a salir impunes. ¡Eso hizo que la joven se sintiera más sola que nunca! Ella estaba tan machacada y adolorida que no podía pensar. Lloraba y se quería morir. Soñaba todas las noches con las caras de esos desgraciados. Sentía sus manos en su cuerpo y sus bichos dentro de sus entrañas.
Varios días después, la dan de alta, pero aunque sus heridas físicas sanaron, la agonía interna tarda mucho más en disiparse.
- ¡Suéltenme! - Tiene pesadillas todas las noches, de las que despierta agitada y sudando frío.
Una mañana, ella entra a la cocina donde Tata está fregando.
- Buenos días, mija. ¿Cómo dormiste?
- Mal. - Ivelís se sienta en la mesa cabizbaja.
Sus ojos ven la portada de un periódico doblado y acomodado detrás de un florero, como si no quisieran que ella lo viera. Pero lo ve de todos modos y lo coge y lee el titular de la portada. “Chica secuestrada y violada”.
- ¡Oh Dios mío!
Ella pasa las páginas. Tata se voltea y al ver lo que tiene en la mano salta para quitárselo.
- ¡No! ¡Tu no puedes ver eso!
Pero la joven se aferra al periódico.
- ¡Mija, dame acá! ¡Te vas a poner peor!
La joven se levanta de la mesa, corre fuera de la cocina y se encierra en su cuarto con pestillo. En la cama abre el periódico viendo un despliegue de fotos de la víctima y lee un párrafo en letras más grandes “Carmen, una bella joven de 17 años, fue secuestrada en el parking del colmado Cascaritas, llevada a un edificio no identificado donde fue violada por una docena de hombres durante tres días”.
Ivelís cierra los ojos y llora. - ¡Lo siento!
Esa noche, la joven sufre otra pesadilla.
Está otra vez dentro del antiguo almacén.
Una chica grita esgalillá.
- ¡¡¡¡¡Auxilio!!!!!!
Está amarrada a la mesa desnuda. Ocho encapuchados están alrededor de ella manoseándole el cuerpo, besándola, lamiéndola y chupándole todo. Ivelís está parada cerca de la mesa, mirando. La chica gira la cabeza hacia ella y le grita.
- ¡Es tu culpa! ¡Es tu culpa!
Ivelís, llorando, voltea la mirada y ve diez muchachas tiradas en el piso, desnudas y moribundas.
- ¡Lo siento!
Entonces un brazo cálido y varonil le toca el hombro derecho. Ella gira la cabeza y estalla de alegría.
- ¡Papi! - y lo abraza llorando.
- ¡Hija!
- ¡Oh Dios, papi, no puedo vivir! ¡Sácame de este infierno!
Papi le da apoyo.
- ¡Calma! ¡No llores!
Entonces la mira a los ojos y le dice.
- ¡Lo que te pasó es horrible! Es algo que solamente tú puedes comprender.
- ¡Sí! ¡Nadie me entiende! Dicen que todo va a estar bien. Que no piense en eso. ¡Pero no puedo! ¡No puedo olvidarlo!
- ¡Claro que no! Una experiencia como esa jamás se olvida. Te va a acompañar para siempre.
- ¿Y entonces cómo voy a vivir?
- Tienes dos opciones. Llorar para siempre. Dejar que se salgan con la suya violando todas las mujeres que les de la gana y destruyendo miles de vidas inocentes, victoriosos, triunfadores, porque saben que nadie se va a atrever a detenerlos.
Ella mira hacia la mesa donde la chica es violada brutalmente por los ocho títeres.
- ¡No!
- ¡Entonces deja de llorar! ¡Con tanto ñeñeñé no resuelves nada! ¡Levántate y no dejes que se salgan con la suya! ¡Lucha hija mía, y sé tú la que gane!
Ivelís abre los ojos en paz. No tiene palpitaciones, ni sudor, ni traumas de un mal sueño. Ella mira una foto, en la mesita al lado de la cama, de ella cuando era niña junto a sus verdaderos padres.
Renovada y revitalizada, vestida con una camisilla blanca, pantalones cortos a medio muzlo, tennis, y el pelo recogido como cola de caballo, ella trota por la calle con un ritmo fluido que va en sintonía con su respiración.
Trota por la acera, donde tres muchachos altos y corpulentos que estaban sacando cajas de una tienda y montándolas en una van blanca, la ven. Nota sorpresa en sus rostros. Como si estuvieran viendo un fantasma. Ella mantiene la calma y el ritmo. Sigue trotando como si no importara.
Ella sonríe y sigue su camino sin mirar hacia atrás. Los tres deciden correr detrás de ella, quien los ve por el rabo del ojo derecho. La carrera dura tres calles hasta que ve otros dos tipos venir corriendo por el frente. Ella dobla a la derecha entrando a un callejón solitario. Y corre hasta el final encontrándose con un muro. Se voltea viéndose acorralada.
- ¡Por favor, no me hagan daño!
Cuando hacen amague de agarrarla, ella suelta un crujido de fiera tirando una patada contra el pecho de uno quien cae de fondillo rebentao. Los cuatro que están de pie se ven sorprendidos, y hasta intimidados. Especialmente al ver el dolor de pecho y la dificultad de respirar que refleja el que ella tumbó.
Los otros cuatro la atacan, pero en ningún momento le ponen un dedo encima. Ella se escurre como lombriz. A uno le planta un codazo que le esbarata la quijada. Al segundo le disloca una rodilla con una patada. Al tercero le rompe el brazo con un puño.
Y al cuarto lo golpea, lo patea, una, otra y otra vez, hasta tenerlo contra la pared, y lo sigue agrediendo con gusto, con placer, hasta que sus ojos estan desorbitados y sus brazos caídos. Entonces le planta un taconazo en el centro del pecho paralizando su corazón en el acto.
Tres comerciantes vienen corriendo armados con bates y tubos con la intención de defender a la chica, pero frenan impresionados al ver a los cinco hombres derrotados y a la indefensa joven triunfadora.
Ella se asusta al verlos venir. Se mira las manos bañadas en sangre y sale corriendo temblorosa, pasándoles por el lado a los comerciantes quienes le dejan todo el espacio del mundo para que escape.
- ¡Mira, mira! ¡Esa está perfecta!
El chofer acelera hasta alcanzarla. La puerta lateral se abre y tres encapuchados saltan, la agarran por sorpresa, la cargan y la meten al vehículo, montándose todos otra vez. El conductor acelera y la van dobla en otra esquina mientras abordo la chica grita, muerde, pataletea, y se sacude desesperadamente, pero todo la están agarrando entre tres y no puede escapar.
Ella no sabía a donde la llevaban. Cuando el vehículo se detuvo y las puertas traseras se abrieron estaban dentro de un edificio viejo y abandonado, que parecía el peor de los infiernos pues habían decenas de chicas jóvenes como ella todas desnudas amarradas a mesas siendo violadas por hombres encapuchados. Los gritos y llantos de las muchachas hacían ecos desquisiantes en todo el almacén. Eran un montón. Más de los que podía contar.
A ella la arrastran hasta una mesa donde la acostaron boca arriba y le amarraron las manos y pies a las cuatro esquinas. La joven gritaba desesperada. Los nudo eran tan fuertes que sentía como machacaban los huesos de las muñecas y los tobillos. Le cortaron y arrancaron toda la ropa. Le quitaron hasta los zapatos y las medias. Estaba desnuda. Amarrada e indefensa. Cuatro hombres encapuchados se pararon alrededor de la mesa y comenzaron a manosearle el cuerpo. Las tetas. La barriga. La cara. Ella estaba histérica y por más que gritaba nadie venía a socorrerla. Y por la poca importancia que ellos le daban a sus gritos, era obvio que el edificio estaba lejos de todo.
Mientras unos le manoseaban el cuerpo, otros le chuparon las tetas, y le besaron el cuello. Y casi se vuelve loca cuando sintió una lengua en la crica. Entonces uno se le acostó encima, desvirginizándola. Gritó. Lloró. Suplicó. Todo en vano. El cabrón se movió dentro de ella hasta tener su orgazmo. Reposó sobre el cuerpo y se levantó. Luego vino el segundo a violarla. El tercero se lo metió también. El cuarto estuvo dentro de ella una eternidad. El quinto gozó luego. Y vino otro, y otro, y otro.
Mientras uno la violaba, los demás celebraban con pases de droga, bebiendo y bailando. La camioneta se fue y regresó varias veces, pero ella siempre tuvo a uno encima. Cada vez que la camioneta regresaba, otra chica a la que amarraban a otra mesa, desnudaban y violaban.
Perdió noción del tiempo. Aquella pesadilla parecía que nunca iba a terminar. Por más que trataba de ignorar lo que estaba pasando, de dormirse, o de imaginarse otra cosa, era imposible dejar de sufrir cada penetración. Ellos siguieron abusando de ella día y noche hasta que la deshidratación y desnutrición levantaron bandera y la chica comenzó a combulcionar. Su azuloso color de piel hacía evidente que la muerte se acercaba.
Los violadores la montaron en la camioneta, condujeron media hora y la arrojaron en un enorme zafacón industrial detrás de algún edificio de la zonametropólitana. Al medio día vino un camión de la basura que lo levantó con sus tenazas y arrojó todo su contenido en su parte de atrás. A las cinco de la tarde, el truck termina su día vaciando todos los desperdicios que recogió durante el día en el vertedero. En todo el proceso nadie se fijó en el cuerpo femenino que quedó parcialmente enterrado por la basura.
No fue hasta el otro día a eso de las nueve de la mañana que un pobre que se dedica a buscar tesoros se percató de que en el cielo tres auras volaban en círculo sobre esa montaña de basura. Entonces se fija que otras dos aves descienden del otro lado. Él le da la vuelta a los desperdicios y se asusta al ver el cuerpo desnudo de la joven siendo el desayuno de tres aves de rapiña y otras sabandijas.
- ¡Hey, hay una tipa aquí! - gritó. Él espanta las aves y las sabandijas y carga a la joven hasta un área más despejada donde le chequea el pulso. Una docena de busca tesoros como él y tres empleados se acercan corriendo.
Él les dice: - ¡Está un poquito viva!
Uno de los empleados ofrece su camioneta para montarla y llevarla al hospital. Allí la dejan en manos de los médicos y se van sin dar detalles.
Ella despierta de repente, con un fuerte respirón y ataque de pánico cuando un médico escuchaba sus latidos con el estetoscopio, mientras con la otra mano le revisaba el pulso en el cuello.
- ¡Nooo, no me toquen!
Ella patea al doctor y se levanta de un salto enredándose con los sueros y cables, y aún bajo los efectos de sedantes, caer rebentá al piso. Entonces Tata, una doña de 60 años que luce bastante avejentada, le coge las manos.
- ¡Ivelís, ya está bien! ¡Todo pasó!
Los ojos de la joven van de la vieja al doctor que se está levantando adolorido con la ayuda de Mario y una enfermera.
- ¡Tremenda fierita! - exclama el doctor.
La enfermera y el médico la ayudan a desenredarse, a levantarse y a acostarse otra vez en la cama.
- Estuviste desaparecida cuatro días.
- ¿Cómo llegué aquí?
- Unos basureros te encontraron moribunda en el vertedero y te trajeron enseguida. ¡Tienes suerte! Un poco más tarde y no te hubieramos podido resucitar. Nos tomó casi 48 horas estabilizarte.
- ¡No me siento con suerte!
Dos policías entran al cuarto. Ella sonríe al verlos. Tata está sentada junto a ella.
- Disculpen. Sabemos que están pasando por un momento difícil--
Ivelís va a decir: - Sss---
Pero Tata pica alfrente: - ¡Ay, no tiene idea de la angustia que mi esposo y yo hemos sentido todos estos días!
Los policías le dicen a la vieja.
- Necesitamos tomarle la declaración a su hija para poder iniciar la investigación y poner tras las rejas a los violadores.
La joven abre la boca para comenzar a contarles todo, pero los policías en ningún momento la miran. Tata acapara su atención diciendo.
- ¡No se molesten bendito! ¡No hace falta que investiguen!
La joven abre bien los ojos espantada por lo que está escuchando y abre la boca para protestar.
- ¡Pe---!
- ¡Son cosas que pasan! ¡Travesuras de jóvenes! ¿Para qué revolcar el avispero? ¡Esas cosas es mejor enterrarlas y olvidarlas!
Los policías se ven sorprendidos y mueven su vista hacia la joven quien está loca por hablar.
- ¿No van a radicar cargos?
- ¡Sí---! - dice Ivelís.
- ¿Cargos de qué? - interrumpe Tata. - Si de verdad no pasó nada. ¡Todo fue un susto!
Los ojos saltarines de la joven van de su mamá adoptiva a los policías. Respira con dificultad. Sin más remedio los policías se despidieron y se fueron. Tata los acompaña hasta la puerta y cierra. Entonces regresa donde la joven, quien le recrimina explotando en llantos.
- ¡¿Por qué?!
- ¡Lo siento! Si metemos a la Policía en esto va a ser peor. ¿Tu no quieres que esos bandidos nos maten por tu culpa verdad?
- Pe---
- ¡Sé cómo te sientes! ¡Quieres venganza! ¡Justicia! La vida es así. Injusticias. Todo ese coraje que tienes por dentro pronto pasará. ¡Vas a ver que pronto todo esto será un recuerdo bien chistoso!
Ivelís no lo podía creer. Los cabrones que abusaron de ella por una semana iban a salir impunes. ¡Eso hizo que la joven se sintiera más sola que nunca! Ella estaba tan machacada y adolorida que no podía pensar. Lloraba y se quería morir. Soñaba todas las noches con las caras de esos desgraciados. Sentía sus manos en su cuerpo y sus bichos dentro de sus entrañas.
Varios días después, la dan de alta, pero aunque sus heridas físicas sanaron, la agonía interna tarda mucho más en disiparse.
- ¡Suéltenme! - Tiene pesadillas todas las noches, de las que despierta agitada y sudando frío.
Una mañana, ella entra a la cocina donde Tata está fregando.
- Buenos días, mija. ¿Cómo dormiste?
- Mal. - Ivelís se sienta en la mesa cabizbaja.
Sus ojos ven la portada de un periódico doblado y acomodado detrás de un florero, como si no quisieran que ella lo viera. Pero lo ve de todos modos y lo coge y lee el titular de la portada. “Chica secuestrada y violada”.
- ¡Oh Dios mío!
Ella pasa las páginas. Tata se voltea y al ver lo que tiene en la mano salta para quitárselo.
- ¡No! ¡Tu no puedes ver eso!
Pero la joven se aferra al periódico.
- ¡Mija, dame acá! ¡Te vas a poner peor!
La joven se levanta de la mesa, corre fuera de la cocina y se encierra en su cuarto con pestillo. En la cama abre el periódico viendo un despliegue de fotos de la víctima y lee un párrafo en letras más grandes “Carmen, una bella joven de 17 años, fue secuestrada en el parking del colmado Cascaritas, llevada a un edificio no identificado donde fue violada por una docena de hombres durante tres días”.
Ivelís cierra los ojos y llora. - ¡Lo siento!
Esa noche, la joven sufre otra pesadilla.
Está otra vez dentro del antiguo almacén.
Una chica grita esgalillá.
- ¡¡¡¡¡Auxilio!!!!!!
Está amarrada a la mesa desnuda. Ocho encapuchados están alrededor de ella manoseándole el cuerpo, besándola, lamiéndola y chupándole todo. Ivelís está parada cerca de la mesa, mirando. La chica gira la cabeza hacia ella y le grita.
- ¡Es tu culpa! ¡Es tu culpa!
Ivelís, llorando, voltea la mirada y ve diez muchachas tiradas en el piso, desnudas y moribundas.
- ¡Lo siento!
Entonces un brazo cálido y varonil le toca el hombro derecho. Ella gira la cabeza y estalla de alegría.
- ¡Papi! - y lo abraza llorando.
- ¡Hija!
- ¡Oh Dios, papi, no puedo vivir! ¡Sácame de este infierno!
Papi le da apoyo.
- ¡Calma! ¡No llores!
Entonces la mira a los ojos y le dice.
- ¡Lo que te pasó es horrible! Es algo que solamente tú puedes comprender.
- ¡Sí! ¡Nadie me entiende! Dicen que todo va a estar bien. Que no piense en eso. ¡Pero no puedo! ¡No puedo olvidarlo!
- ¡Claro que no! Una experiencia como esa jamás se olvida. Te va a acompañar para siempre.
- ¿Y entonces cómo voy a vivir?
- Tienes dos opciones. Llorar para siempre. Dejar que se salgan con la suya violando todas las mujeres que les de la gana y destruyendo miles de vidas inocentes, victoriosos, triunfadores, porque saben que nadie se va a atrever a detenerlos.
Ella mira hacia la mesa donde la chica es violada brutalmente por los ocho títeres.
- ¡No!
- ¡Entonces deja de llorar! ¡Con tanto ñeñeñé no resuelves nada! ¡Levántate y no dejes que se salgan con la suya! ¡Lucha hija mía, y sé tú la que gane!
Ivelís abre los ojos en paz. No tiene palpitaciones, ni sudor, ni traumas de un mal sueño. Ella mira una foto, en la mesita al lado de la cama, de ella cuando era niña junto a sus verdaderos padres.
Renovada y revitalizada, vestida con una camisilla blanca, pantalones cortos a medio muzlo, tennis, y el pelo recogido como cola de caballo, ella trota por la calle con un ritmo fluido que va en sintonía con su respiración.
Trota por la acera, donde tres muchachos altos y corpulentos que estaban sacando cajas de una tienda y montándolas en una van blanca, la ven. Nota sorpresa en sus rostros. Como si estuvieran viendo un fantasma. Ella mantiene la calma y el ritmo. Sigue trotando como si no importara.
Ella sonríe y sigue su camino sin mirar hacia atrás. Los tres deciden correr detrás de ella, quien los ve por el rabo del ojo derecho. La carrera dura tres calles hasta que ve otros dos tipos venir corriendo por el frente. Ella dobla a la derecha entrando a un callejón solitario. Y corre hasta el final encontrándose con un muro. Se voltea viéndose acorralada.
- ¡Por favor, no me hagan daño!
Cuando hacen amague de agarrarla, ella suelta un crujido de fiera tirando una patada contra el pecho de uno quien cae de fondillo rebentao. Los cuatro que están de pie se ven sorprendidos, y hasta intimidados. Especialmente al ver el dolor de pecho y la dificultad de respirar que refleja el que ella tumbó.
Los otros cuatro la atacan, pero en ningún momento le ponen un dedo encima. Ella se escurre como lombriz. A uno le planta un codazo que le esbarata la quijada. Al segundo le disloca una rodilla con una patada. Al tercero le rompe el brazo con un puño.
Y al cuarto lo golpea, lo patea, una, otra y otra vez, hasta tenerlo contra la pared, y lo sigue agrediendo con gusto, con placer, hasta que sus ojos estan desorbitados y sus brazos caídos. Entonces le planta un taconazo en el centro del pecho paralizando su corazón en el acto.
Tres comerciantes vienen corriendo armados con bates y tubos con la intención de defender a la chica, pero frenan impresionados al ver a los cinco hombres derrotados y a la indefensa joven triunfadora.
Ella se asusta al verlos venir. Se mira las manos bañadas en sangre y sale corriendo temblorosa, pasándoles por el lado a los comerciantes quienes le dejan todo el espacio del mundo para que escape.
Capítulo - 2
- ¡Y ahora ante ustedes, Nova! - anuncia el DJ.
Al fondo está la tarima, donde Ivelís, vestida de vaquero, seduce al público que rodea el redondel, al ritmo de una sensual danza egipcia. Se desplaza de hombre en hombre, revela un muslo con una tirita donde le ponen su propina, entonces pasa al próximo.
Luego de terminar el círculo, se posisiona en el centro de la tarima, torciendo su cuerpo como culebra y lentamente deja caer el chaleco al suelo, luego la falda. Se desabotona la camisa lentamente hasta abrírsela de un tirón con sus senos al aire. Un vez más las decenas de machos que rodean la tarima se estremecen, caen de pie gritando y porreándola como si fuera un concierto. Félix camina por el salón observando que hasta los hombres que no están en la tarima ignoran totalmente a las mujeres que tienen cerca. Todos están alborotados por la carismática doncella que baila en la tarima.
Al terminar su rutina, Félix va al camerino donde Ivelís se retoca el maquillaje frente al espejo. Él se le acerca por mirándola a los ojos a través del espejo y le muestra un outfit cubierto por una bolsa plástica.
- Pruébate esto para tu próxima ronda. Es un disfraz de belly dancer.
Y así lo hace. Ella sale al escenario vestida de belly dancer y cautiva a toda la audiencia. Félix se queda perplejo. Es otra mujer. Libre de toda timidez ella sacude su cuerpo con un ritmo coqueto que hace sonar las campanas, pero sincronizado a tal forma que vuelve locos a los hombres. Y entonces comienza a quitarse las campanitas y las tira una a una al aire. Los machos brincan unos encima de los otros y se pelean para cachar aunque sea una. Todo esto mientras la bailarina sigue ondulando su cuerpo agarrada del tubo, quitándose lo que le queda de ropa y tirándolos al aire.
Un rato después, Félix vuelve a entrar al camerino y le dice: - Zahíra. Ese será tu nombre a partir de hoy.
- ¿Zahíra? - le dice ella a la chica del espejo. - ¡Me gusta!
Ella vuelve a salir al escenario como una bailarina de los siete velos y cuando se quita el primero revelando un seno todo el club vibra ante los delirios de los hombres. Billetes llueven sobre la tarima. Los velos flotan por el aire. Zahíra está desnuda. Ella se agarra del tubo y roza su cuerpo con movimientos sugestivos que insitan a los caballeros que le pitan excitados. Ella se trepa por el tubo como si fuera un gusano, se suelta del tubo, agarrada unicamente por sus piernas y echa el cuerpo hacia atrás con los brazos extendidos, como si estuviera flotando en el aire y lentamente su cuerpo comienza a girar alrededor del tubo, desendiendo en vueltas y vueltas hasta llegar al suelo.
Al otro día, Ivelís entra a la habitación 309 cerca del medio día, vestida en su habitual camisa y pantalón corto, pero con ojeras que evidencian que la que no está durmiendo mucho es ella. El doctor está examinando a Tata, mientras Mario observa con una mezcla de preocupación y plegaria.
- ¡Suena bien! - comenta el médico escuchando la respiración de la vieja con el estetoscopio. Entonces saca unas radiografías y las levanta contra la luz. - Se ve bien. Creo que la podremos dar de alta... en dos días.
A Ivelís no le agrada mucho escuchar esa noticia, pero no dice nada. Tata se alegra de verla. - ¡Ivi! - La joven va a los brazos de la vieja y se regocija al verla mejor de lo que estaba, incluso antes del desplome.
Entonces el médico interrumpe tímidamente hablándole a Ivelís.
- Eh disculpe. - cuando ella lo mira, él le señala el pasillo.
Tata no está al tanto quien está pagando la hospitalización y pregunta.
- ¿Qué pasa?
Mario intercede: - ¡Tu hija que se empeña en venir en esas fachas al hospital!
Ivelís sigue al doctor hasta el pasillo y allí le pregunta luchando para mantener los ojos abiertos.
- ¿Dos días más?
- Así es. Si todo sigue como va, pasado mañana le daremos de alta.
- ¡Gloria a Dios! - exclama ella cabizbaja y restregándose los parpados con los dedos.
- Estuve revisando el estado de la cuenta y a pesar de los abonos que ha realizado está por debajo del 50%.
Ella lo mira lo más directamente que puede respirando hondo.
- ¿Y eso qué quiere decir? ¿Qué pasa si estoy por debajo de la mitad?
- Que no puedo autorizar la continuación de la hospitalización mientras esté por debajo de la mitad.
- ¿Cómo? ¡Pero si estoy pagando todos los días! - el sueño y las emociones le impiden medir sus palabras y pensar lo que está diciendo, - ¡Estoy trabajando como cuera todas las noches para que mi vieja se cure... y eso no es suficiente!
El doctor mira para ambos lados del pasillo. Por suerte solo dos enfermeras cruzaban y aunque escucharon mantienen discreción. Él agarra a Ivelís y la lleva a un cuarto cerrando la puerta. Allí ella se sienta en una banqueta.
- Yo le prometo que voy a pagar esa cuenta al centavo. Pero necesito tiempo.
- Si por mi fuera, pero son las reglas del hospital. Necesita $200 para cubrir el 50%. Si la cuenta no los refleja antes de las cinco, no podré autorizar otro día.
- ¿Y no podemos seguir el tratamiento en la casa?
- Todavía no. En dos días sí. Pero todavía ella no está para salir de aquí. Podría tener una recaída y entonces sería peor.
Entonces ella levanta la mirada desamparada.
- ¿Qué se supone que haga? ¿Cuál es la alternativa correcta?
El la mira con cierta profundidad en sus gestos.
- La alternativa que se me ocurre, es una que no puedo sugerir.
Ella tarda varios segundos, pero deduce a qué alternativa se refiere. Baja la mirada, pensativa. Cierra los ojos. Respira hondo. Un segundo después le brinca encima, quitándose la camisa de un tirón, lo abraza y se le encarama en la cintura, besándolo con un chorro de pasión corriendo por todos su cuerpo, tan intenso que lo sorprende y él se cae contra una camilla. Pero ella le chupa el aire por la boca, le besa los cachetes, el cuello, le abre la camisa y le succiona la piel del pecho, mientras con las manos le desabrocha la correa y le baja el pantalón. Y ahí, en la camilla, ella se acomoda sobre el estupefacto galeno, y se mueve con él adentro, encorvando su cuerpo como serpiente, sintiendo la pasión hervir y transmitirse de él a ella. Entonces cae rendida encima de él y se queda ahí reposando por unos minutos hasta que el bíper del doctor suena y los retorna a la realidad.
Ella se levanta, él se cierra la camisa y se sube el pantalón, con el pulso tembloroso.
Ella se pone la camisa. - Espero que esto cubra más de la mitad.
Él le dice que sí con la cabeza, todavía no puede hablar, fatigado por la intensidad del quickie que acaba de tener. Él se arregla el pelo, la bata y todo en general y sale al pasillo. Ella se queda en el cuarto en silencio. Se está mirando en el espejo pensativa.
Esa noche, Zahíra vuelve locos a los machos de Club Sensaciones y luego de su turno en la tarima, se esmera en dar lapdance durante toda la noche. Al final de la noche, cuando Félix va al camerino la encuentra contando un montón de dinero, mas ella no se ve tan satisfecha.
- Cualquiera estaría celebrando con tantos verdes en las manos.
- ¡No es suficiente! - exclama ella casi llorando.
Él se le sienta al lado. - Si quieres hacer más dinero te puedo poner a hacer fiestas privadas. Harás el doble o más de lo que haces ahora... en la mitad de las horas.
Ella lo mira con evidente desespero pero a la misma vez curiosidad. - Apúntame.
Al otro día, en el Penthouse de un lujoso hotel, Zahíra sale del interior de un bizcocho, desnuda bailando sensualmente para el deleite de ocho hombres que le pitan excitados. Va de cliente en cliente, baila un minuto frente a sus ojos, restregándole los senos en la cara.
La mañana siguiente, Ivelís llega al hospital a las dos de la tarde, en camisa con tres botones abiertos que le deja el escote al descubierto y maones largos, despeinada y con el peso del sueño pesándole más que nunca. Ella va directo a la recepción y pone en la mesa un bloque de billetes verdes envueltos en una gomita. El cajero cuenta el dinero y le dice.
- Tiene un balance de $375.
A Ivelís por poco se le cae la cara, - ¿Cómo? ¡No! ¡Error! Eso cubre el total completo.
- A mi no me pregunte. El sistema dice que le faltan $375.
- ¿Me da una copia de la cuenta?
Unos minutos después ella intercepta al doctor en otro pasillo y no le importa que esté con otro paciente. Le pone la copia de la cuenta que le dieron en la cara y le dice.
- ¿Qué es esto?
El doctor le dice al paciente: - Discúlpeme. Vuelvo enseguida.
Y se aleja con Ivelís, llevándola a un punto más privado del pasillo. Entonces lee la factura: - ¡Pues es la factura de la hospitalización!
- Ahí hay un chorro de cosas que no estaban antes y que usted no me dijo que iban a estar. Yo traje el dinero para pagar toda la cuenta y ahí hay cosas de más.
- Impuestos, comidas, cuarto privado... don Mario durmió, comió y se bañó aquí todos los días...
Ella lo mira incrédula, pues sabe exactamente lo que está pasando y por qué aparecieron esos cargos ahí. - ¡Usted no tiene escrúpulos!
Él abre la puerta de un cuarto que está vacío. Ella respira hondo, baja los hombros y entra. Él entra detrás y cierra la puerta.
Esa noche, una limosina transita por la calle central de una marina con muelles y yates a ambos lados. Adentro, un negro musculoso forrao de prendas de oro se come el cuello de Zahíra a besos.
- ¿A dónde vamos? - pregunta ella.
- A mi yate.
- ¿Pensé que íbamos a cenar?
- Yo estoy comiendo de lo más bien.
Entonces ella lo separa, mirándolo seria.
- ¡Espérate! ¡Era cenar y dar una vuelta!
- ¡Pero tu sabes de verdad lo que quiero! Por qué perder el tiempo en esas boberías.
- Te costará extra.- dice ella con toda la intención de desalentarlo.
- Conmigo el dinero no es un problema. ¿Cuánto quieres? ¿$300, $400?
A ella le impresiona lo que este tipo está dispuesto a pagar por sexo. Y dice un número que para ella es ricículamente alto convencida de que él dirá que no.
- ¡Mil! Ese es mi...
- ¡Ok!
Y vuelve a sembrar su cabeza en su cuello. Ella mira hacia afuera verdaderamente impresionada ante el tamaño del yate junto al cual la limosina se detiene. Él la lleva al camarote del yate.
Allí la bella joven de piel blanca y pelo negro cae en la cama con el prieto musculoso encima agarrándole los brazos con fuerza. Él la besa en el cuello, bruscamente y baja a los senos. Le chupa uno primero y el otro después, con rudeza. Como si fuera un león comiéndose su presa. Con una mano le agarra el seno que no está chupando. Ella aprovecha que tiene una muñeca liberada para agarrarse de su cuello.
Usa toda su fuerza para quitárselo de encima y quedar sobre él. Pero no tiene chance de respirar pues él la abraza y vuelve a girar, otra vez sobre ella, sosteniéndole las manos con fuerza mientras la besa y lame en la barriga y llega a la crica, mientras le aprieta los senos con las manos. Él sube y se acuesta completamente sobre ella, besándola en la boca, abrazándola y penetrando. Ella gime y ondula su cuerpo al ritmo de los movimientos de Mike.
- ¿Así eres con todas las mujeres?
- ¡Por eso me dicen Mike Tyson! ¡Las mujeres nunca saben lo que quieren! ¡Ay que domarlas y enseñarles lo que nos gusta! ¡Ellas gritan y lloran, pero les gusta!
Él se sigue moviendo con toda su rudeza. Ella lo abraza y le encarama las piernas por encima de las caderas. Lo besa. Aprieta sus brazos y piernas con toda su fuerza hasta que él se queja.
- ¡Ay, afloja, que me duele!
Pero ella sigue apretando y lo besa manteniéndolo enchufado. Luego de varios segundos, él comienza a desesperarse y trata de zafarse sin lograrlo. Entonces entra en pánico y usa su fuerza bruta sin lograr aflojarla. Dan vueltas por la cama. Él la golpea en los lados y la espalda. Ella resiste aferrada a él, apretando, exprimiéndolo. Llegan al borde de la cama y caen al suelo, pero ella no lo suelta. Él comienza a debilitarse. Trata de levantarse, pero no puede. Le hala los pelos para que le despegue la boca y tampoco. Entonces deja de moverse. Ella no lo suelta. Se mantiene pegada y exprimiéndolo hasta que siente que su corazón deja de latir por completo. Entonces lo suelta, se pone de pie y lo mira seria.
- Gritaste y lloraste. ¿Te gustó?
El party está ensendido en Club Sensaciones. Pero en el camerino hay silencio y tensión. La puerta está cerrada. Zahíra y Félix están solos. Las manos cubren el rostro de la joven.
- ¡Lo maté! ¡Soy una criminal!
Él está recostado de una pared.
- ¡Vamos no es para tanto! ¡Fue un accidente!
- No. ¡No fue un accidente! ¡Quería matarlo! ¡Me dio placer su terror, y sentir cómo le arrancaba la vida! ¡Y no es la primera vez! Hace unos meses maté a otro tipo a puños.
- ¿Por qué?
Ella le cuenta.
Al fondo está la tarima, donde Ivelís, vestida de vaquero, seduce al público que rodea el redondel, al ritmo de una sensual danza egipcia. Se desplaza de hombre en hombre, revela un muslo con una tirita donde le ponen su propina, entonces pasa al próximo.
Luego de terminar el círculo, se posisiona en el centro de la tarima, torciendo su cuerpo como culebra y lentamente deja caer el chaleco al suelo, luego la falda. Se desabotona la camisa lentamente hasta abrírsela de un tirón con sus senos al aire. Un vez más las decenas de machos que rodean la tarima se estremecen, caen de pie gritando y porreándola como si fuera un concierto. Félix camina por el salón observando que hasta los hombres que no están en la tarima ignoran totalmente a las mujeres que tienen cerca. Todos están alborotados por la carismática doncella que baila en la tarima.
Al terminar su rutina, Félix va al camerino donde Ivelís se retoca el maquillaje frente al espejo. Él se le acerca por mirándola a los ojos a través del espejo y le muestra un outfit cubierto por una bolsa plástica.
- Pruébate esto para tu próxima ronda. Es un disfraz de belly dancer.
Y así lo hace. Ella sale al escenario vestida de belly dancer y cautiva a toda la audiencia. Félix se queda perplejo. Es otra mujer. Libre de toda timidez ella sacude su cuerpo con un ritmo coqueto que hace sonar las campanas, pero sincronizado a tal forma que vuelve locos a los hombres. Y entonces comienza a quitarse las campanitas y las tira una a una al aire. Los machos brincan unos encima de los otros y se pelean para cachar aunque sea una. Todo esto mientras la bailarina sigue ondulando su cuerpo agarrada del tubo, quitándose lo que le queda de ropa y tirándolos al aire.
Un rato después, Félix vuelve a entrar al camerino y le dice: - Zahíra. Ese será tu nombre a partir de hoy.
- ¿Zahíra? - le dice ella a la chica del espejo. - ¡Me gusta!
Ella vuelve a salir al escenario como una bailarina de los siete velos y cuando se quita el primero revelando un seno todo el club vibra ante los delirios de los hombres. Billetes llueven sobre la tarima. Los velos flotan por el aire. Zahíra está desnuda. Ella se agarra del tubo y roza su cuerpo con movimientos sugestivos que insitan a los caballeros que le pitan excitados. Ella se trepa por el tubo como si fuera un gusano, se suelta del tubo, agarrada unicamente por sus piernas y echa el cuerpo hacia atrás con los brazos extendidos, como si estuviera flotando en el aire y lentamente su cuerpo comienza a girar alrededor del tubo, desendiendo en vueltas y vueltas hasta llegar al suelo.
Al otro día, Ivelís entra a la habitación 309 cerca del medio día, vestida en su habitual camisa y pantalón corto, pero con ojeras que evidencian que la que no está durmiendo mucho es ella. El doctor está examinando a Tata, mientras Mario observa con una mezcla de preocupación y plegaria.
- ¡Suena bien! - comenta el médico escuchando la respiración de la vieja con el estetoscopio. Entonces saca unas radiografías y las levanta contra la luz. - Se ve bien. Creo que la podremos dar de alta... en dos días.
A Ivelís no le agrada mucho escuchar esa noticia, pero no dice nada. Tata se alegra de verla. - ¡Ivi! - La joven va a los brazos de la vieja y se regocija al verla mejor de lo que estaba, incluso antes del desplome.
Entonces el médico interrumpe tímidamente hablándole a Ivelís.
- Eh disculpe. - cuando ella lo mira, él le señala el pasillo.
Tata no está al tanto quien está pagando la hospitalización y pregunta.
- ¿Qué pasa?
Mario intercede: - ¡Tu hija que se empeña en venir en esas fachas al hospital!
Ivelís sigue al doctor hasta el pasillo y allí le pregunta luchando para mantener los ojos abiertos.
- ¿Dos días más?
- Así es. Si todo sigue como va, pasado mañana le daremos de alta.
- ¡Gloria a Dios! - exclama ella cabizbaja y restregándose los parpados con los dedos.
- Estuve revisando el estado de la cuenta y a pesar de los abonos que ha realizado está por debajo del 50%.
Ella lo mira lo más directamente que puede respirando hondo.
- ¿Y eso qué quiere decir? ¿Qué pasa si estoy por debajo de la mitad?
- Que no puedo autorizar la continuación de la hospitalización mientras esté por debajo de la mitad.
- ¿Cómo? ¡Pero si estoy pagando todos los días! - el sueño y las emociones le impiden medir sus palabras y pensar lo que está diciendo, - ¡Estoy trabajando como cuera todas las noches para que mi vieja se cure... y eso no es suficiente!
El doctor mira para ambos lados del pasillo. Por suerte solo dos enfermeras cruzaban y aunque escucharon mantienen discreción. Él agarra a Ivelís y la lleva a un cuarto cerrando la puerta. Allí ella se sienta en una banqueta.
- Yo le prometo que voy a pagar esa cuenta al centavo. Pero necesito tiempo.
- Si por mi fuera, pero son las reglas del hospital. Necesita $200 para cubrir el 50%. Si la cuenta no los refleja antes de las cinco, no podré autorizar otro día.
- ¿Y no podemos seguir el tratamiento en la casa?
- Todavía no. En dos días sí. Pero todavía ella no está para salir de aquí. Podría tener una recaída y entonces sería peor.
Entonces ella levanta la mirada desamparada.
- ¿Qué se supone que haga? ¿Cuál es la alternativa correcta?
El la mira con cierta profundidad en sus gestos.
- La alternativa que se me ocurre, es una que no puedo sugerir.
Ella tarda varios segundos, pero deduce a qué alternativa se refiere. Baja la mirada, pensativa. Cierra los ojos. Respira hondo. Un segundo después le brinca encima, quitándose la camisa de un tirón, lo abraza y se le encarama en la cintura, besándolo con un chorro de pasión corriendo por todos su cuerpo, tan intenso que lo sorprende y él se cae contra una camilla. Pero ella le chupa el aire por la boca, le besa los cachetes, el cuello, le abre la camisa y le succiona la piel del pecho, mientras con las manos le desabrocha la correa y le baja el pantalón. Y ahí, en la camilla, ella se acomoda sobre el estupefacto galeno, y se mueve con él adentro, encorvando su cuerpo como serpiente, sintiendo la pasión hervir y transmitirse de él a ella. Entonces cae rendida encima de él y se queda ahí reposando por unos minutos hasta que el bíper del doctor suena y los retorna a la realidad.
Ella se levanta, él se cierra la camisa y se sube el pantalón, con el pulso tembloroso.
Ella se pone la camisa. - Espero que esto cubra más de la mitad.
Él le dice que sí con la cabeza, todavía no puede hablar, fatigado por la intensidad del quickie que acaba de tener. Él se arregla el pelo, la bata y todo en general y sale al pasillo. Ella se queda en el cuarto en silencio. Se está mirando en el espejo pensativa.
Esa noche, Zahíra vuelve locos a los machos de Club Sensaciones y luego de su turno en la tarima, se esmera en dar lapdance durante toda la noche. Al final de la noche, cuando Félix va al camerino la encuentra contando un montón de dinero, mas ella no se ve tan satisfecha.
- Cualquiera estaría celebrando con tantos verdes en las manos.
- ¡No es suficiente! - exclama ella casi llorando.
Él se le sienta al lado. - Si quieres hacer más dinero te puedo poner a hacer fiestas privadas. Harás el doble o más de lo que haces ahora... en la mitad de las horas.
Ella lo mira con evidente desespero pero a la misma vez curiosidad. - Apúntame.
Al otro día, en el Penthouse de un lujoso hotel, Zahíra sale del interior de un bizcocho, desnuda bailando sensualmente para el deleite de ocho hombres que le pitan excitados. Va de cliente en cliente, baila un minuto frente a sus ojos, restregándole los senos en la cara.
La mañana siguiente, Ivelís llega al hospital a las dos de la tarde, en camisa con tres botones abiertos que le deja el escote al descubierto y maones largos, despeinada y con el peso del sueño pesándole más que nunca. Ella va directo a la recepción y pone en la mesa un bloque de billetes verdes envueltos en una gomita. El cajero cuenta el dinero y le dice.
- Tiene un balance de $375.
A Ivelís por poco se le cae la cara, - ¿Cómo? ¡No! ¡Error! Eso cubre el total completo.
- A mi no me pregunte. El sistema dice que le faltan $375.
- ¿Me da una copia de la cuenta?
Unos minutos después ella intercepta al doctor en otro pasillo y no le importa que esté con otro paciente. Le pone la copia de la cuenta que le dieron en la cara y le dice.
- ¿Qué es esto?
El doctor le dice al paciente: - Discúlpeme. Vuelvo enseguida.
Y se aleja con Ivelís, llevándola a un punto más privado del pasillo. Entonces lee la factura: - ¡Pues es la factura de la hospitalización!
- Ahí hay un chorro de cosas que no estaban antes y que usted no me dijo que iban a estar. Yo traje el dinero para pagar toda la cuenta y ahí hay cosas de más.
- Impuestos, comidas, cuarto privado... don Mario durmió, comió y se bañó aquí todos los días...
Ella lo mira incrédula, pues sabe exactamente lo que está pasando y por qué aparecieron esos cargos ahí. - ¡Usted no tiene escrúpulos!
Él abre la puerta de un cuarto que está vacío. Ella respira hondo, baja los hombros y entra. Él entra detrás y cierra la puerta.
Esa noche, una limosina transita por la calle central de una marina con muelles y yates a ambos lados. Adentro, un negro musculoso forrao de prendas de oro se come el cuello de Zahíra a besos.
- ¿A dónde vamos? - pregunta ella.
- A mi yate.
- ¿Pensé que íbamos a cenar?
- Yo estoy comiendo de lo más bien.
Entonces ella lo separa, mirándolo seria.
- ¡Espérate! ¡Era cenar y dar una vuelta!
- ¡Pero tu sabes de verdad lo que quiero! Por qué perder el tiempo en esas boberías.
- Te costará extra.- dice ella con toda la intención de desalentarlo.
- Conmigo el dinero no es un problema. ¿Cuánto quieres? ¿$300, $400?
A ella le impresiona lo que este tipo está dispuesto a pagar por sexo. Y dice un número que para ella es ricículamente alto convencida de que él dirá que no.
- ¡Mil! Ese es mi...
- ¡Ok!
Y vuelve a sembrar su cabeza en su cuello. Ella mira hacia afuera verdaderamente impresionada ante el tamaño del yate junto al cual la limosina se detiene. Él la lleva al camarote del yate.
Allí la bella joven de piel blanca y pelo negro cae en la cama con el prieto musculoso encima agarrándole los brazos con fuerza. Él la besa en el cuello, bruscamente y baja a los senos. Le chupa uno primero y el otro después, con rudeza. Como si fuera un león comiéndose su presa. Con una mano le agarra el seno que no está chupando. Ella aprovecha que tiene una muñeca liberada para agarrarse de su cuello.
Usa toda su fuerza para quitárselo de encima y quedar sobre él. Pero no tiene chance de respirar pues él la abraza y vuelve a girar, otra vez sobre ella, sosteniéndole las manos con fuerza mientras la besa y lame en la barriga y llega a la crica, mientras le aprieta los senos con las manos. Él sube y se acuesta completamente sobre ella, besándola en la boca, abrazándola y penetrando. Ella gime y ondula su cuerpo al ritmo de los movimientos de Mike.
- ¿Así eres con todas las mujeres?
- ¡Por eso me dicen Mike Tyson! ¡Las mujeres nunca saben lo que quieren! ¡Ay que domarlas y enseñarles lo que nos gusta! ¡Ellas gritan y lloran, pero les gusta!
Él se sigue moviendo con toda su rudeza. Ella lo abraza y le encarama las piernas por encima de las caderas. Lo besa. Aprieta sus brazos y piernas con toda su fuerza hasta que él se queja.
- ¡Ay, afloja, que me duele!
Pero ella sigue apretando y lo besa manteniéndolo enchufado. Luego de varios segundos, él comienza a desesperarse y trata de zafarse sin lograrlo. Entonces entra en pánico y usa su fuerza bruta sin lograr aflojarla. Dan vueltas por la cama. Él la golpea en los lados y la espalda. Ella resiste aferrada a él, apretando, exprimiéndolo. Llegan al borde de la cama y caen al suelo, pero ella no lo suelta. Él comienza a debilitarse. Trata de levantarse, pero no puede. Le hala los pelos para que le despegue la boca y tampoco. Entonces deja de moverse. Ella no lo suelta. Se mantiene pegada y exprimiéndolo hasta que siente que su corazón deja de latir por completo. Entonces lo suelta, se pone de pie y lo mira seria.
- Gritaste y lloraste. ¿Te gustó?
El party está ensendido en Club Sensaciones. Pero en el camerino hay silencio y tensión. La puerta está cerrada. Zahíra y Félix están solos. Las manos cubren el rostro de la joven.
- ¡Lo maté! ¡Soy una criminal!
Él está recostado de una pared.
- ¡Vamos no es para tanto! ¡Fue un accidente!
- No. ¡No fue un accidente! ¡Quería matarlo! ¡Me dio placer su terror, y sentir cómo le arrancaba la vida! ¡Y no es la primera vez! Hace unos meses maté a otro tipo a puños.
- ¿Por qué?
Ella le cuenta.
Capítulo - 1
Lunes, 8 de septiembre de 2008
Disparos de pisolas, metralladoras y escopetas truenan con ecos en el silencio de la noche del barrio Lamieda.
Ivelís, de 18 años, cae sentada en su cama de una plaza, que relincha con sus brincos. El reloj al lado suyo marca las 2:13 a.m. Ella mira hacia la ventana de aluminio.
Una vecina grita: - ¡Ay Dios mío, me lo matan!
Gritería. Más disparon. Carros chillando goma.
PLAM. Un hoyo en la ventana. PLAM. Otro hoyo. PLAM. Otro hoyo.
Las balas impactan la madera encima de la cabeza de Ivelís y los casquillos caen en la cama entre sus piernas. Ella se tira al piso histérica y gatea hasta el pasillo donde se encuentra con Tata y Mario y se arrinconan en una esquina mientras afuera no cesan los tiros haciendo del resto de la noche una larga y estruendosa.
El sol sale por el horizonte, provocando el canto de gallos y un aumento en el movimiento vehicular en sus carreteras que llevan a la costa nordeste donde está la zona urbana. La misma se ve deteriorada. Edificios despintados y agrietados, calles en malas condiciones y deambulantes por todos lados.
Ivelís, con ojeras y cara de trasnochá, se toma un café y se come un plato de huevos. Tata toce repetidas veces con fuerte congestión de pecho.
- ¡Ay Tata, esa tos no me gusta! ¿Por qué no vas al doctor?
- ¡Ay mija, si es solo un catarrito!
- Catarrito mayai, eso suena a bronquitis.
- Además, el médico me va a cobrar lo que me queda para hacer la compra de esta semana.
Mario entra por la puerta de la cocina con el periódico en la mano.
- Mataron a Tony, al Indio y a Juan. - Él pone el periódico en la mesa y se sienta al lado de Ivelís. - Marcos y Eddie están graves en el hospital. Y secuestraron a Yolandita.
Ivelís vuelve a exhalar frustrada.
- ¡Que barbaridad! - exclama Tata: - ¡No sé a donde va a parar este pueblo!
Un policía toca la puerta y dice asomado por la ventana.
- ¡Compermiso!
Tata y Mario miran.
- Quisiera hacerles algunas preguntas acerca del tiroteo de anoche.
Ivelís va a abrir la boca, pero Tata se le adelante.
- ¿Cuál tiroteo?
- Pues el que ocurrió frente a su casa.
- ¿En serio? ¡No escuchamos nada!
- ¡Pero si el tiroteo ocurrió frente a su casa!
Mario reafirma lo dicho por su esposa.
- No podemos ayudarlo.
El policía dice: - Ok. Gracias por su cooperación. - y se va.
Mientras Tata y Mario hablan con el policía, Ivelís hala el periódico hacia ella y busca la sección de clasificados, específicamente Bienes Raíces y lee el listado de casas a la venta, encabezadas por las de más de un millón de dólares y van bajando hasta las más baratas que rondan los $150,000. Cierra el diario y lo empuja hasta donde estaba y se echa hacia atrás. Ella sabe que con la pensión de veterano de Mario y los trabajos de limpiar, cocinar y cocer de Tata, nunca ganarán lo suficiente para comprarse una casa fuera del barrio. Termina de desayuar y se levanta de la mesa con un objetivo en mente. Tiene que conseguir un trabajo.
Dos horas después, Ivelís camina por el casco del pueblo y entra a una tienda de zapatos.
- ¡Lo siento! No estamos cogiendo estudiantes. - le dice la dueña.
De ahí va al colmado que está al frente donde el gerente le dice con cierta simpatía.
- Ahora mismo no hay nada.
Su próxima parada es la farmacia de la esquina donde la licenciada le dice:
- Necesitas diploma de escuela superior.
Al cruzar la calle entra a una club de vídeos donde el dueño le dice:
- Las cosas están malas. No estoy cogiendo a nadie, por ahora.
Frustrada, ella sale cabizbaja y le pasa por el frente a un viejo vagabundo sentado en la acera con un vaso con el que pide chavos, quien le pita a manera de piropo.
- ¡Chacha, si yo fuera mujer, con ese cuerpo, sería rico!
Ofendida, ella frena en seco delante del vagabundo y lo mira para regañarlo, pero un pensamiento la detiene. Gira la cabeza y ve detrás de unos edificios un enorme rótulo apagado “CLUB SENSACIONES”.
El local está vacío. Empleados colocan botellas en la barra. El dueño del local, Félix Flores, alto, cuarentón, de porte atlético, recorre todo el piso acompañado de Ivelís.
- ¿Cómo dijiste que te llamas? - pregunta él.
- Ivelís.
- ¿Y tienes 18 años, verdad? - ante los ojos de él, ella luce la edad, pero tiene que asegurarse. Ella dice - ¡Ujum! - y él añade: - ¿Identificación?
Ella saca de su cartera la tarjeta de identificación de la escuela que dice su fecha de nacimiento “4-Jul-90". - ¡Necesito hacer mucho dinero y rápido!
- Pues viniste al lugar correcto.- dice él señalándole que guarde la identificación.
-Aquí vas a hacer $300 por noche, mínimo. Todo depende de cuánto esfuerzo le pongas.
Él señala la tarima al fondo del salón, la cual está siendo pulida por dos empleados.
- Ésa es la tarima. Entras y sales por la cortina de atrás que va a los camerinos. No escatimamos en seguridad. Hay bouncers y cámaras por todos lados.
Él ve que ella se detuvo mirando la tarima.
- ¡No sé si pueda hacer esto!
- ¡Es normal! Va en contra de todo lo que te han enseñado en tu casa y en la escuela. Sin embargo, es en donde único puedes hacer el dinero que te mereces.
Ella sigue insegura.
- ¡Todo se ve diferente con las luces apagadas! ¿Por qué no vienes una noche y pruebas? Si te gusta sigues viniendo, si no se acabó. Lo bueno de este negocio es que tu eres tu jefa.
Ivelís entra a su casa por la puerta de la cocina confirmando lo que el silencio ya le había rumorado; no hay nadie. Lo que no había anticipado era la nota que está pegada en la puerta de la nevera.
- Estamos en el hospital. Mario.
A Ivelís le toma media hora caminar hasta el hospital Dr. Tomás Aguirre. Entra por la Sala de Emergencia y pregunta en la recepción por Tatiana Gómez. La enfermera revisa la computadora y le dice: - Cortina 4, por ahí.
Ivelís va en la dirección que la enfermera apuntó pasando pacientes en camillas separadas por cortinas hasta llegar a la cuarta donde encuentra a Tata con una mascarilla de oxígeno y Mario cabizbajo sentado al lado agarrándole la mano.
- ¡¿Qué le pasa?! - cuestiona la joven enseguida aterrada por la escena, acercándose a Tata, apunto de llorar.
- Está durmiendo.- dice Mario, consternado y con la voz fragmentada, - Llevaba días sin poder dormir, y esta mañana se desplomó en la cocina.
Ivelís se lleva las manos a la cara, con el pulso a millón y lágrimas brotando de sus ojos, convencida de que los malos ratos que ha pasado por su culpa llevaron a Tata al colapso.
- ¿Pero va a estar bien, verdad?
Mario tarda en contestar, buscando aire y la coordinación para hablar.
- El doctor dice que tiene una bronquitis bien fuerte. Que si la hubiera traído antes hubiera sido mejor. Dice que quizás tengan que internarla.
- Bueno, si eso la va a curar, pues haremos lo que el doctor diga.
Por primera vez Mario la mira, sus ojos hinchados, pero llenos de desesperanza.
En eso el médico se acerca observando unas radiografías en el aire y les dice.
- Definitivamente ese pecho no es ambulatorio. Vamos a tener que internarla por dos o tres días. Voy a necesitar la tarjeta del plan médico.
Un silencio escandaloso domina el aire por varios segundos. Ivelís abre los ojos bien grande y baja la cabeza sintiendo como si el mundo se le callera encima. El doctor ve la mirada en blanco de Mario quien no puede hablar, pero sus ojos gritan con desesperación.
- ¿Seguro del gobierno? - pregunta el galeno.
- Mi pensión de veteranos es $25 por encima del tope para cualificar.
- ¡Oh, ya veo! - dice el médico. - ¿Tienen tarjetas de crédito, o algún colateral?
Ivelís, sin levantar la cabeza, pregunta: - ¿De cuánto estamos hablando?
- $500 para empezar.
La caída de la cabeza de Mario lo dice todo. - ¿De dónde voy a sacar yo $500?
Entonces Ivelís levanta la mirada y le dice al doctor con determinación.
- ¡Intérnela y cúrela! - se pone de pie y le dice a Mario. - Conseguiré un trabajo y juntaré todo el dinero que haga falta. - y mira al doctor otra vez. - ¡Le doy mi palabra!
- Ok. La internaré inicialmente por 24 horas. Le pondremos suero y veremos como está mañana.
-Muy bien. - Ivelís le dice a Mario, - Quédate con ella. Nos vemos mañana.
Por la noche, las letras grandes y brillantes color lila cobran vida iluminando el letrero de “Club Sensaciones”. Debajo, en un llamativo verde neón, la frase “Mujeres desnudas”. Frente al local hay una larga fila de hombres. Adentro, Félix escolta a la nerviosa Ivelís al camerino donde una docena de chicas se visten y maquillan.
- Chicas, ella es Ivelís. Va a estar con nostros a prueba.
- ¡Hola! ¡Bienvenida!
Él señala un clóset al fondo del camerino.
- En ese clóset hay ropa y accesorios que puedes usar esta noche. Voy a avisarle al DJ para que te ponga en la lista. Ve pensando en un seudónimo.
- ¿Seudónimo?
- Sí, a menos que quieras usar tu verdadero nombre, aunque no lo recomiendo.
- ¡Ay no sé!
- Bueno te daré uno provisional, pero ve pensando en un buen nombre si decides seguir.
Un rato después, las luces del club se apagan y se escucha la voz del DJ.
- ¡Y ahora ante ustedes, Nova!
Atravesamos una nube de humo de cigarrillo adentrándonos en un ambiente de discoteca. Las luces se encienden. Ivelís entra al escenario con una camisa blanca amarrada por el frente y una falda larga que se abre por las piernas.
Ella camina nerviosa alrededor del escenario, fuera de sinc, sin ritmo y sin conectar con los hombres que la observan. Entonces se agarra del tubo con una mano y gira a su alrededor, sin mirar al publico, enfocada unicamente en el cilindro de metal. Hace movimientos se serpiente pegada al tubo y se gana los primeros piropos de sus machos. Eso le da confianza para dar vueltas con más rapidez hasta que se llena de adrenalina para soltarse y acercarse a ellos tentándolos con los lazos y escote de la camisa donde ellos le meten dinero.
Ella les da besos. Vuelve al centro donde se quita la camisa, quedando en un sensual sotén negro. Los hombres se paran gritando, como una ola humana en un partido de baloncesto.
Félix, recostado de la barra, se tambalea ante la explosiva reacción del público.
Ella vuelve al tubo y mientras da una vuelta agarrada con una mano, se desabrocha la falta con la otra y la tira al aire hacia el público, enloqueciendo a todos.
Más tarde, en el camerino, una emocionada Ivelís cuenta todo el dinero que hizo en la tarima. Dos muchachas están con ella elogiándola.
- ¡Estuviste brutal!
- ¡Los volviste locos!
Félix entra. - ¿Y bien?
Ivelís lo mira con la mano llena de billetes.
- ¡Esto es un éxito!
- ¿Te apunto para otra ronda?
- ¡Sí, sí!
A las 9:17 de la mañana Ivelís entra a la Sala de Emergencia y encuentra al doctor a quien le muestra un bollo de dinero en efectivo y le dice.
- Conseguí $350. Tendré los otros $150 mañana. ¿Cómo está Tata?
Él se ve impresionado por el efectivo y no necesita ser un genio para deducir cómo consiguió tanto dinero en una noche.
- El trato eran $500 para hoy. Mañana es otro adicional, serían $700. Ella está respondiendo bien al suero, pero va a tardar por lo menos tres días en mejorar a un nivel que sea seguro darla de alta y tratarla ambulatoriamente. Una bronquitis tan severa como esa no se forma de un día para otro. De igual forma no se puede curar de un día para otro.
- ¡El tiempo que sea necesario! ¡Solo cúrela! Yo me encargo de la cuenta. ¿En qué cuarto está?
- 309. Pero antes, pase por la recepción y abone esos $350. No se le vayan a perder.
- ¡Claro! - ella se aleja caminando hacia la recepción mientras el doctor se le queda mirando todo el trayecto por el pasillo y afila la sonrisa.
Quince minutos más tarde, ella entra a la habitación 309, donde Tata sigue durmiendo por los calmantes y Mario está sentado a su lado en silencio.
- Buenos días. - dice ella en voz baja.
Mario se levanta y va donde ella, quien le pregunta.
- ¿Cómo está?
- Estuvo despierta toda la mañana pero se volvió a dormir. Pero sonaba mejor. Parece que dormir le vino bien. El doctor dijo que el tratamiento está funcionando, pero que tomará varios días.
- Sí, me dijo lo mismo.
- ¿Conseguiste el dinero?
- Aboné $350.- dice ella. Él baja la mirada en resignación, conciente de los sacrificios que a veces hay que hacer en el mundo de los pobres. Ella añade: - No te preocupes conseguiré lo que sea necesario. Lo importante es que ella reciba el tratamiento que se merece.
Sin poder mirarla a los ojos, el mueve la cabeza, - Gracias.
Entonces se dan un fuerte abrazo de consolación.
Disparos de pisolas, metralladoras y escopetas truenan con ecos en el silencio de la noche del barrio Lamieda.
Ivelís, de 18 años, cae sentada en su cama de una plaza, que relincha con sus brincos. El reloj al lado suyo marca las 2:13 a.m. Ella mira hacia la ventana de aluminio.
Una vecina grita: - ¡Ay Dios mío, me lo matan!
Gritería. Más disparon. Carros chillando goma.
PLAM. Un hoyo en la ventana. PLAM. Otro hoyo. PLAM. Otro hoyo.
Las balas impactan la madera encima de la cabeza de Ivelís y los casquillos caen en la cama entre sus piernas. Ella se tira al piso histérica y gatea hasta el pasillo donde se encuentra con Tata y Mario y se arrinconan en una esquina mientras afuera no cesan los tiros haciendo del resto de la noche una larga y estruendosa.
El sol sale por el horizonte, provocando el canto de gallos y un aumento en el movimiento vehicular en sus carreteras que llevan a la costa nordeste donde está la zona urbana. La misma se ve deteriorada. Edificios despintados y agrietados, calles en malas condiciones y deambulantes por todos lados.
Ivelís, con ojeras y cara de trasnochá, se toma un café y se come un plato de huevos. Tata toce repetidas veces con fuerte congestión de pecho.
- ¡Ay Tata, esa tos no me gusta! ¿Por qué no vas al doctor?
- ¡Ay mija, si es solo un catarrito!
- Catarrito mayai, eso suena a bronquitis.
- Además, el médico me va a cobrar lo que me queda para hacer la compra de esta semana.
Mario entra por la puerta de la cocina con el periódico en la mano.
- Mataron a Tony, al Indio y a Juan. - Él pone el periódico en la mesa y se sienta al lado de Ivelís. - Marcos y Eddie están graves en el hospital. Y secuestraron a Yolandita.
Ivelís vuelve a exhalar frustrada.
- ¡Que barbaridad! - exclama Tata: - ¡No sé a donde va a parar este pueblo!
Un policía toca la puerta y dice asomado por la ventana.
- ¡Compermiso!
Tata y Mario miran.
- Quisiera hacerles algunas preguntas acerca del tiroteo de anoche.
Ivelís va a abrir la boca, pero Tata se le adelante.
- ¿Cuál tiroteo?
- Pues el que ocurrió frente a su casa.
- ¿En serio? ¡No escuchamos nada!
- ¡Pero si el tiroteo ocurrió frente a su casa!
Mario reafirma lo dicho por su esposa.
- No podemos ayudarlo.
El policía dice: - Ok. Gracias por su cooperación. - y se va.
Mientras Tata y Mario hablan con el policía, Ivelís hala el periódico hacia ella y busca la sección de clasificados, específicamente Bienes Raíces y lee el listado de casas a la venta, encabezadas por las de más de un millón de dólares y van bajando hasta las más baratas que rondan los $150,000. Cierra el diario y lo empuja hasta donde estaba y se echa hacia atrás. Ella sabe que con la pensión de veterano de Mario y los trabajos de limpiar, cocinar y cocer de Tata, nunca ganarán lo suficiente para comprarse una casa fuera del barrio. Termina de desayuar y se levanta de la mesa con un objetivo en mente. Tiene que conseguir un trabajo.
Dos horas después, Ivelís camina por el casco del pueblo y entra a una tienda de zapatos.
- ¡Lo siento! No estamos cogiendo estudiantes. - le dice la dueña.
De ahí va al colmado que está al frente donde el gerente le dice con cierta simpatía.
- Ahora mismo no hay nada.
Su próxima parada es la farmacia de la esquina donde la licenciada le dice:
- Necesitas diploma de escuela superior.
Al cruzar la calle entra a una club de vídeos donde el dueño le dice:
- Las cosas están malas. No estoy cogiendo a nadie, por ahora.
Frustrada, ella sale cabizbaja y le pasa por el frente a un viejo vagabundo sentado en la acera con un vaso con el que pide chavos, quien le pita a manera de piropo.
- ¡Chacha, si yo fuera mujer, con ese cuerpo, sería rico!
Ofendida, ella frena en seco delante del vagabundo y lo mira para regañarlo, pero un pensamiento la detiene. Gira la cabeza y ve detrás de unos edificios un enorme rótulo apagado “CLUB SENSACIONES”.
El local está vacío. Empleados colocan botellas en la barra. El dueño del local, Félix Flores, alto, cuarentón, de porte atlético, recorre todo el piso acompañado de Ivelís.
- ¿Cómo dijiste que te llamas? - pregunta él.
- Ivelís.
- ¿Y tienes 18 años, verdad? - ante los ojos de él, ella luce la edad, pero tiene que asegurarse. Ella dice - ¡Ujum! - y él añade: - ¿Identificación?
Ella saca de su cartera la tarjeta de identificación de la escuela que dice su fecha de nacimiento “4-Jul-90". - ¡Necesito hacer mucho dinero y rápido!
- Pues viniste al lugar correcto.- dice él señalándole que guarde la identificación.
-Aquí vas a hacer $300 por noche, mínimo. Todo depende de cuánto esfuerzo le pongas.
Él señala la tarima al fondo del salón, la cual está siendo pulida por dos empleados.
- Ésa es la tarima. Entras y sales por la cortina de atrás que va a los camerinos. No escatimamos en seguridad. Hay bouncers y cámaras por todos lados.
Él ve que ella se detuvo mirando la tarima.
- ¡No sé si pueda hacer esto!
- ¡Es normal! Va en contra de todo lo que te han enseñado en tu casa y en la escuela. Sin embargo, es en donde único puedes hacer el dinero que te mereces.
Ella sigue insegura.
- ¡Todo se ve diferente con las luces apagadas! ¿Por qué no vienes una noche y pruebas? Si te gusta sigues viniendo, si no se acabó. Lo bueno de este negocio es que tu eres tu jefa.
Ivelís entra a su casa por la puerta de la cocina confirmando lo que el silencio ya le había rumorado; no hay nadie. Lo que no había anticipado era la nota que está pegada en la puerta de la nevera.
- Estamos en el hospital. Mario.
A Ivelís le toma media hora caminar hasta el hospital Dr. Tomás Aguirre. Entra por la Sala de Emergencia y pregunta en la recepción por Tatiana Gómez. La enfermera revisa la computadora y le dice: - Cortina 4, por ahí.
Ivelís va en la dirección que la enfermera apuntó pasando pacientes en camillas separadas por cortinas hasta llegar a la cuarta donde encuentra a Tata con una mascarilla de oxígeno y Mario cabizbajo sentado al lado agarrándole la mano.
- ¡¿Qué le pasa?! - cuestiona la joven enseguida aterrada por la escena, acercándose a Tata, apunto de llorar.
- Está durmiendo.- dice Mario, consternado y con la voz fragmentada, - Llevaba días sin poder dormir, y esta mañana se desplomó en la cocina.
Ivelís se lleva las manos a la cara, con el pulso a millón y lágrimas brotando de sus ojos, convencida de que los malos ratos que ha pasado por su culpa llevaron a Tata al colapso.
- ¿Pero va a estar bien, verdad?
Mario tarda en contestar, buscando aire y la coordinación para hablar.
- El doctor dice que tiene una bronquitis bien fuerte. Que si la hubiera traído antes hubiera sido mejor. Dice que quizás tengan que internarla.
- Bueno, si eso la va a curar, pues haremos lo que el doctor diga.
Por primera vez Mario la mira, sus ojos hinchados, pero llenos de desesperanza.
En eso el médico se acerca observando unas radiografías en el aire y les dice.
- Definitivamente ese pecho no es ambulatorio. Vamos a tener que internarla por dos o tres días. Voy a necesitar la tarjeta del plan médico.
Un silencio escandaloso domina el aire por varios segundos. Ivelís abre los ojos bien grande y baja la cabeza sintiendo como si el mundo se le callera encima. El doctor ve la mirada en blanco de Mario quien no puede hablar, pero sus ojos gritan con desesperación.
- ¿Seguro del gobierno? - pregunta el galeno.
- Mi pensión de veteranos es $25 por encima del tope para cualificar.
- ¡Oh, ya veo! - dice el médico. - ¿Tienen tarjetas de crédito, o algún colateral?
Ivelís, sin levantar la cabeza, pregunta: - ¿De cuánto estamos hablando?
- $500 para empezar.
La caída de la cabeza de Mario lo dice todo. - ¿De dónde voy a sacar yo $500?
Entonces Ivelís levanta la mirada y le dice al doctor con determinación.
- ¡Intérnela y cúrela! - se pone de pie y le dice a Mario. - Conseguiré un trabajo y juntaré todo el dinero que haga falta. - y mira al doctor otra vez. - ¡Le doy mi palabra!
- Ok. La internaré inicialmente por 24 horas. Le pondremos suero y veremos como está mañana.
-Muy bien. - Ivelís le dice a Mario, - Quédate con ella. Nos vemos mañana.
Por la noche, las letras grandes y brillantes color lila cobran vida iluminando el letrero de “Club Sensaciones”. Debajo, en un llamativo verde neón, la frase “Mujeres desnudas”. Frente al local hay una larga fila de hombres. Adentro, Félix escolta a la nerviosa Ivelís al camerino donde una docena de chicas se visten y maquillan.
- Chicas, ella es Ivelís. Va a estar con nostros a prueba.
- ¡Hola! ¡Bienvenida!
Él señala un clóset al fondo del camerino.
- En ese clóset hay ropa y accesorios que puedes usar esta noche. Voy a avisarle al DJ para que te ponga en la lista. Ve pensando en un seudónimo.
- ¿Seudónimo?
- Sí, a menos que quieras usar tu verdadero nombre, aunque no lo recomiendo.
- ¡Ay no sé!
- Bueno te daré uno provisional, pero ve pensando en un buen nombre si decides seguir.
Un rato después, las luces del club se apagan y se escucha la voz del DJ.
- ¡Y ahora ante ustedes, Nova!
Atravesamos una nube de humo de cigarrillo adentrándonos en un ambiente de discoteca. Las luces se encienden. Ivelís entra al escenario con una camisa blanca amarrada por el frente y una falda larga que se abre por las piernas.
Ella camina nerviosa alrededor del escenario, fuera de sinc, sin ritmo y sin conectar con los hombres que la observan. Entonces se agarra del tubo con una mano y gira a su alrededor, sin mirar al publico, enfocada unicamente en el cilindro de metal. Hace movimientos se serpiente pegada al tubo y se gana los primeros piropos de sus machos. Eso le da confianza para dar vueltas con más rapidez hasta que se llena de adrenalina para soltarse y acercarse a ellos tentándolos con los lazos y escote de la camisa donde ellos le meten dinero.
Ella les da besos. Vuelve al centro donde se quita la camisa, quedando en un sensual sotén negro. Los hombres se paran gritando, como una ola humana en un partido de baloncesto.
Félix, recostado de la barra, se tambalea ante la explosiva reacción del público.
Ella vuelve al tubo y mientras da una vuelta agarrada con una mano, se desabrocha la falta con la otra y la tira al aire hacia el público, enloqueciendo a todos.
Más tarde, en el camerino, una emocionada Ivelís cuenta todo el dinero que hizo en la tarima. Dos muchachas están con ella elogiándola.
- ¡Estuviste brutal!
- ¡Los volviste locos!
Félix entra. - ¿Y bien?
Ivelís lo mira con la mano llena de billetes.
- ¡Esto es un éxito!
- ¿Te apunto para otra ronda?
- ¡Sí, sí!
A las 9:17 de la mañana Ivelís entra a la Sala de Emergencia y encuentra al doctor a quien le muestra un bollo de dinero en efectivo y le dice.
- Conseguí $350. Tendré los otros $150 mañana. ¿Cómo está Tata?
Él se ve impresionado por el efectivo y no necesita ser un genio para deducir cómo consiguió tanto dinero en una noche.
- El trato eran $500 para hoy. Mañana es otro adicional, serían $700. Ella está respondiendo bien al suero, pero va a tardar por lo menos tres días en mejorar a un nivel que sea seguro darla de alta y tratarla ambulatoriamente. Una bronquitis tan severa como esa no se forma de un día para otro. De igual forma no se puede curar de un día para otro.
- ¡El tiempo que sea necesario! ¡Solo cúrela! Yo me encargo de la cuenta. ¿En qué cuarto está?
- 309. Pero antes, pase por la recepción y abone esos $350. No se le vayan a perder.
- ¡Claro! - ella se aleja caminando hacia la recepción mientras el doctor se le queda mirando todo el trayecto por el pasillo y afila la sonrisa.
Quince minutos más tarde, ella entra a la habitación 309, donde Tata sigue durmiendo por los calmantes y Mario está sentado a su lado en silencio.
- Buenos días. - dice ella en voz baja.
Mario se levanta y va donde ella, quien le pregunta.
- ¿Cómo está?
- Estuvo despierta toda la mañana pero se volvió a dormir. Pero sonaba mejor. Parece que dormir le vino bien. El doctor dijo que el tratamiento está funcionando, pero que tomará varios días.
- Sí, me dijo lo mismo.
- ¿Conseguiste el dinero?
- Aboné $350.- dice ella. Él baja la mirada en resignación, conciente de los sacrificios que a veces hay que hacer en el mundo de los pobres. Ella añade: - No te preocupes conseguiré lo que sea necesario. Lo importante es que ella reciba el tratamiento que se merece.
Sin poder mirarla a los ojos, el mueve la cabeza, - Gracias.
Entonces se dan un fuerte abrazo de consolación.
Prefacio
Sábado, 23 de diciembre de 2000
- ¡Levántate soldadita que es la hora de luchar! - le canta don Iván a su princesita de 10 años de edad quien duerme acurrucada entre frisas y almohadas en su esponjosa cama doble.
Los rayos del sol se filtran a través de las cortinas de la hermosa habitación decorada en suaves tonos rosita. Ella abre los ojos poco a poco y al verlo deja salir una bella sonrisa. Él le da un beso en la frente.
- Buenos días, princesa.
- Buenos días, papi.
A ella le encanta esta época del año, no tanto por lo que le vayan a traer Santa y los Reyes, sino porque papi y mami pasan más tiempo en casa.
La lujosa residencia de los Robles está decorada con luces, escarcha, brillo y motivos navideños por todos lados. La familia completa desayuna en la cocina. Tata, una doña cincuentona, empleada de la casa, sirve un plato de huevos revoltillos con tocineta y lo lleva a la mesa, en la que don Iván, doña Isabel e Ivi están sentados.
- Aquí tienes mi niña. Como a ti te gusta.
- ¡Gracias Tata!
Mario, esposo de Tata, toca la vitrina que permite ver el patio, donde trabaja él, y saluda a la niña cuando mira. Ella le devuelve el saludo efusivamente.
Doña Isabel lee el suplemento de modas del periódico La Voz de Atonia, mientras don Iván tiene ante sí el resto del periódico. Pero en el centro de la mesa están amontonados los shoppers y uno de estos llama la atención de la niña. Ella extiende el brazo y lo hala confirmando que es de juguetes y lo que le llamó la atención desde el principio es la enorme casa de muñecas destacada en la portada.
- ¡Mira, la nueva casita de Barbi! - grita Ivelís. Los ojos de la nena brillan y todo su rostro irradia alegría al acercar más el shopper y ver que la casa tiene tres pliegues y es tan grande que tapa a una niña que está sentada detrás y solo se le ve el moño de la cabeza.
- ¡Mira sí! ¡Es enorme! - reacciona la madre al ver la imagen.
- ¡Papi, vamos a pedírsela a Santa!
- ¡Ay sí! - añade Isabel - Así de una vez me puedo comprar un traje que vi orita.
Don Iván reacciona incrédulo: - ¡Están locas!¡Es víspera de Navidad!¡Solo los locos van de compra en un día como hoy!
Madre e hija ponen caras de perritas triste.
- ¡Porfa, porfa, porfa!
Don Iván respira hondo, pues sabe que esta es una batalla que no podrá ganar.
Definitivamente no hay nada como las navidades en Atonia. Aquí, las fiestas comienzan en Halloween y se extienden hasta San Valentín. Lechón, bebelata, olorosos pinos, decoraciones luminosas en todas las casas y edificios, brillantes adornos verde, rojo y blanco, y lo más importante, los centros comerciales.
Cualquiera diría que ir de compras durante esta época es un acto de locura demensial. Sin embargo, a los atoninos les encanta chuparse los tapones de dos horas para poder entrar al área del parking, dar quince vueltas por todo el lote, perseguir a la primera vieja que salga y terminar estacionados en la esquina más distante y desolada. Por lo menos así es para los menos afortunados. Los más afortunados dejan sus carros en el valé parking, donde por sólo cinco dólares, los valeteros gustosamente estacionarán el vehículo en un solar bajo techo. Los Robles están entre estos dichosos ciudadanos. Don Iván le entrega las llaves de su precioso y pulido Cadillac en las manos al valetero y le da cinco dólares.
- ¡Cuídalo bien!
- ¡Seguro, jefe!
Robles le pasa el brazo por la espalda a su bella esposa y agarra la manita de su pequeña hija, para entrar a Plaza Las Antillas, el centro comercial más grande de Atonia. El sitio por dentro está tan atestado de gente que podría producir claustrofobia. A la niña le desagrada el salvaje tráfico humano, pues las bolsas de compra le dan en la cara a cada rato. Pero tiene que aguantarse, después de todo, están aquí por ella. La música navideña junto a las alegres decoraciones en colores vivos convierten la noche de compras en una experiencia mágica, pues hace tiempo que Ivi no pasaba tanto rato con papi y mami.
Unas horas después, la familia Robles emerge de las escaleras eléctricas, en la plazoleta de comida rápida El Balcón, que ocupa todo el tercer piso del centro comercial. El lugar está abarrotado de gente cargando con bolsas o empujando carritos llenos de paquetes.
Al ver el hormiguero que les depara, papi y mami se miran y respiran hondo.
- Bueno. ¿Qué queremos comer? - pregunta don Iván.
- ¡Pizza, pizza! - suplica Ivi.
Mami compara la fila de Soul 64 Pizza con las demás. Para su horror no ve mucha diferencia y suspira con frustración.
- ¡Bueno pues vamos a hacer fila!
¿Fila? ¡No way! A Ivi se le ocurre una mejor idea.
- ¿Puedo jugar maquinitas mientras piden?
Mami le da tres dólares: - Vuelve en 20 minutos.
Ivi echa a correr perdiéndose en el mar de gente. Papi y mami hacen la fila de Soul 64's Pizza. Ivelís camina contenta hacia Arcade Asylum. Todo es perfecto. Como en un sueño.
Y entonces todo se fue a la mierda.
Un muchacho corre disparando hacia atrás usando a las personas como escudos, seguido de cerca por cuatro matones que lo tirotean de vuelta, sin ningún remordimiento hasta impactarlo y cuando cae al suelo, los matones forman un cículo alrededor y lo acribillan. Los guardias de seguridad entran en acción y los matones echan a correr hasta salir de El Balcón, al área del parking, seguidos por los guardias de seguridad.
La pequeña Ivelís corre asustada entre la gente.
- ¡Mami, papi! - Ella se abre paso entre los adultos que no se percatan de su presencia, y cuando pasa una fila de señores, pisa un charco de sangre.
- ¡Ahhhhhhh! ¿Dónde están?
Entonces los ve. Mami está tirada en el piso, junto a papi. Ivi corre y se arrodilla ante los cadáveres y los sacude.
- ¡Mami, papi!
Los guardias de seguridad se topan con la desgarradora escena. Una mujer policía se acerca a la niña y trata de levantarla por un brazo.
- ¡Ven conmigo!
La niña no quiere y se aferra al brazo de su mamá muerta.
Al fondo hay un adorno verde con letras rojas dice: Feliz Navidad.
- ¡Levántate soldadita que es la hora de luchar! - le canta don Iván a su princesita de 10 años de edad quien duerme acurrucada entre frisas y almohadas en su esponjosa cama doble.
Los rayos del sol se filtran a través de las cortinas de la hermosa habitación decorada en suaves tonos rosita. Ella abre los ojos poco a poco y al verlo deja salir una bella sonrisa. Él le da un beso en la frente.
- Buenos días, princesa.
- Buenos días, papi.
A ella le encanta esta época del año, no tanto por lo que le vayan a traer Santa y los Reyes, sino porque papi y mami pasan más tiempo en casa.
La lujosa residencia de los Robles está decorada con luces, escarcha, brillo y motivos navideños por todos lados. La familia completa desayuna en la cocina. Tata, una doña cincuentona, empleada de la casa, sirve un plato de huevos revoltillos con tocineta y lo lleva a la mesa, en la que don Iván, doña Isabel e Ivi están sentados.
- Aquí tienes mi niña. Como a ti te gusta.
- ¡Gracias Tata!
Mario, esposo de Tata, toca la vitrina que permite ver el patio, donde trabaja él, y saluda a la niña cuando mira. Ella le devuelve el saludo efusivamente.
Doña Isabel lee el suplemento de modas del periódico La Voz de Atonia, mientras don Iván tiene ante sí el resto del periódico. Pero en el centro de la mesa están amontonados los shoppers y uno de estos llama la atención de la niña. Ella extiende el brazo y lo hala confirmando que es de juguetes y lo que le llamó la atención desde el principio es la enorme casa de muñecas destacada en la portada.
- ¡Mira, la nueva casita de Barbi! - grita Ivelís. Los ojos de la nena brillan y todo su rostro irradia alegría al acercar más el shopper y ver que la casa tiene tres pliegues y es tan grande que tapa a una niña que está sentada detrás y solo se le ve el moño de la cabeza.
- ¡Mira sí! ¡Es enorme! - reacciona la madre al ver la imagen.
- ¡Papi, vamos a pedírsela a Santa!
- ¡Ay sí! - añade Isabel - Así de una vez me puedo comprar un traje que vi orita.
Don Iván reacciona incrédulo: - ¡Están locas!¡Es víspera de Navidad!¡Solo los locos van de compra en un día como hoy!
Madre e hija ponen caras de perritas triste.
- ¡Porfa, porfa, porfa!
Don Iván respira hondo, pues sabe que esta es una batalla que no podrá ganar.
Definitivamente no hay nada como las navidades en Atonia. Aquí, las fiestas comienzan en Halloween y se extienden hasta San Valentín. Lechón, bebelata, olorosos pinos, decoraciones luminosas en todas las casas y edificios, brillantes adornos verde, rojo y blanco, y lo más importante, los centros comerciales.
Cualquiera diría que ir de compras durante esta época es un acto de locura demensial. Sin embargo, a los atoninos les encanta chuparse los tapones de dos horas para poder entrar al área del parking, dar quince vueltas por todo el lote, perseguir a la primera vieja que salga y terminar estacionados en la esquina más distante y desolada. Por lo menos así es para los menos afortunados. Los más afortunados dejan sus carros en el valé parking, donde por sólo cinco dólares, los valeteros gustosamente estacionarán el vehículo en un solar bajo techo. Los Robles están entre estos dichosos ciudadanos. Don Iván le entrega las llaves de su precioso y pulido Cadillac en las manos al valetero y le da cinco dólares.
- ¡Cuídalo bien!
- ¡Seguro, jefe!
Robles le pasa el brazo por la espalda a su bella esposa y agarra la manita de su pequeña hija, para entrar a Plaza Las Antillas, el centro comercial más grande de Atonia. El sitio por dentro está tan atestado de gente que podría producir claustrofobia. A la niña le desagrada el salvaje tráfico humano, pues las bolsas de compra le dan en la cara a cada rato. Pero tiene que aguantarse, después de todo, están aquí por ella. La música navideña junto a las alegres decoraciones en colores vivos convierten la noche de compras en una experiencia mágica, pues hace tiempo que Ivi no pasaba tanto rato con papi y mami.
Unas horas después, la familia Robles emerge de las escaleras eléctricas, en la plazoleta de comida rápida El Balcón, que ocupa todo el tercer piso del centro comercial. El lugar está abarrotado de gente cargando con bolsas o empujando carritos llenos de paquetes.
Al ver el hormiguero que les depara, papi y mami se miran y respiran hondo.
- Bueno. ¿Qué queremos comer? - pregunta don Iván.
- ¡Pizza, pizza! - suplica Ivi.
Mami compara la fila de Soul 64 Pizza con las demás. Para su horror no ve mucha diferencia y suspira con frustración.
- ¡Bueno pues vamos a hacer fila!
¿Fila? ¡No way! A Ivi se le ocurre una mejor idea.
- ¿Puedo jugar maquinitas mientras piden?
Mami le da tres dólares: - Vuelve en 20 minutos.
Ivi echa a correr perdiéndose en el mar de gente. Papi y mami hacen la fila de Soul 64's Pizza. Ivelís camina contenta hacia Arcade Asylum. Todo es perfecto. Como en un sueño.
Y entonces todo se fue a la mierda.
Un muchacho corre disparando hacia atrás usando a las personas como escudos, seguido de cerca por cuatro matones que lo tirotean de vuelta, sin ningún remordimiento hasta impactarlo y cuando cae al suelo, los matones forman un cículo alrededor y lo acribillan. Los guardias de seguridad entran en acción y los matones echan a correr hasta salir de El Balcón, al área del parking, seguidos por los guardias de seguridad.
La pequeña Ivelís corre asustada entre la gente.
- ¡Mami, papi! - Ella se abre paso entre los adultos que no se percatan de su presencia, y cuando pasa una fila de señores, pisa un charco de sangre.
- ¡Ahhhhhhh! ¿Dónde están?
Entonces los ve. Mami está tirada en el piso, junto a papi. Ivi corre y se arrodilla ante los cadáveres y los sacude.
- ¡Mami, papi!
Los guardias de seguridad se topan con la desgarradora escena. Una mujer policía se acerca a la niña y trata de levantarla por un brazo.
- ¡Ven conmigo!
La niña no quiere y se aferra al brazo de su mamá muerta.
Al fondo hay un adorno verde con letras rojas dice: Feliz Navidad.
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